Sociedad

Sin tierra pero con voz

Indígenas qom proyectan una radio comunitaria un año después del asesinato de un compañero durante un desalojo de tierras en el norte de Argentina

“No se ha avanzado nada”, deplora la comunidad La Primavera sobre la parálisis del diálogo en Formosa tras una acampada de protesta en Buenos Aires

Un año después, todo sigue igual: a tiros por la tierra. Así mataron a un indígena qom de la comunidad La Primavera durante un desalojo policial en la provincia de Formosa, en el norte de Argentina, a finales de noviembre de 2010 y así ahuyentaron a dos menores de edad del mismo paraje aborigen desde una vecina finca criolla casi doce meses después. “No ha cambiado ni se ha avanzado nada”, lamenta el líder de la comunidad Potae Napocná Navogoh, topónimo en lengua qom cuya traducción literal al español es Puño de Oso Hormiguero que Florece pero se simplifica como La Primavera. Y justo durante la estancia del cacique Félix Díaz en Buenos Aires para conmemorar el primer aniversario del asesinato de su compañero, como trágica prueba de la queja indígena y amplia extensión del conflicto territorial, un joven aborigen del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) murió por impacto de bala tras negarse a abandonar un suelo con pretendientes empresariales, al igual que sucedió en la cercana provincia norteña de Tucumán a finales de 2009.

Fiesta benéfica para la creación de una radio comunitaria qom en Formosa. (A.C.)

“No podemos perder las vidas de más hermanos por el interés económico de multinacionales sojeras, mineras y madereras que ocupan el suelo argentino, no queremos derramar más sangre por un pedazo de tierra”, subraya el referente qom, una etnia también conocida como toba y con alrededor de 70.000 miembros en el país, en solidaridad con la comunidad de la última víctima. Sin embargo, “más allá de la falta de voluntad política” para cumplir el derecho de los pueblos originarios, Félix Díaz no pierde la esperanza gracias a la difusión de su reclamo territorial, “único logro” del último año de lucha junto a su legitimización como representante electo de La Primavera. “Estamos contentos por la instalación y vigencia del tema entre la sociedad, fundamental para nosotros”. Por si no resultara suficiente la repercusión de su protesta entre los medios de comunicación convencionales, el asentamiento indígena no desperdicia las posibilidades de las nuevas tecnologías al ofrecer información desde la bitácora comunidadlaprimavera.blogspot.com y, además, proyecta ampliar su oferta antes de final de año con una radio comunitaria gracias al apoyo técnico y económico de la emisora asamblearia en frecuencia modulada La Tribu. Mediante diversas fiestas populares celebradas en la capital federal durante el último trimestre ya se recaudaron 12.000 de los 20.000 pesos (alrededor de 4.000 euros) necesarios para arrancar con las emisiones a lo largo de diciembre.

El dirigente de la comunidad La Primavera, Félix Díaz. (A.C.)

La radio de La Primavera se convertirá en “un arma importantísima como vínculo para la comunidad y para que el mundo les escuche. Félix es depositario de la identidad de los ancestros frente a la actual homogeneización cultural y, por ejemplo, la idea es que primera transmisión sea en qom”, resume Leandro Argañarás, uno de los fundadores de FM La Tribu y conductor del programa con temática indígena Pachakuty (Tiempo de cambio). Precisamente, Félix Díaz, de 51 años, casado, con 4 hijos y 3 nietos, habla con calma pero con firmeza para explicar que carecen de “acceso a los medios locales, porque hay mucho racismo en la zona, y la radio comunitaria es una herramienta para romper esa exclusión”, ya que servirá para “recuperar el idioma y otros valores culturales, los remedios naturales de la medicina tradicional y la espiritualidad”. Para todo ello, el dirigente qom busca “la participación de los ancianos en la enseñanza de los jóvenes” y, de este modo, confía en el fortalecimiento de la unidad del grupo, ya que “la comunidad es fundamental para mantener la vida de los pueblos indígenas, que se deteriora por el egoísmo y el individualismo”.

De la represión formoseña a la acampada porteña

Alrededor de 4.200 personas viven en la comunidad Potae Napocná Navogoh, ubicada 190 kilómetros al norte de la capital provincial y asentada sobre 5.000 hectáreas cedidas por el Gobierno federal en 1940 como reconocimiento de la propiedad ancestral. Sin embargo, desde La Primavera denuncian el “despojo” de 1.200 hectáreas por la constitución del Parque Nacional Río Pilcomayo, de 700 por la ocupación del empresario criollo Alberto Celía y de 600 por la pretensión del Ejecutivo provincial de construir un centro universitario. Apenas resta la mitad del territorio para la comunidad indígena, “muy poco” para el desarrollo de una economía de subsistencia basada en agricultura, caza y pesca de autoconsumo, además de la venta de artesanía. “No podemos usar la laguna desde 1979, pero es importante para nosotros porque allí habitan seres sobrenaturales, criaturas como duendes, y tememos que, si se cultiva soja en el territorio, el agua se contamine con glifosatos, desaparezcan los seres protectores y toda la zona se seque. Nosotros sembramos maíz, batata o banana. Antes sí teníamos animales, pero ahora la ganadería es imposible porque hay muchos robos. Algunos policías son ladrones y venden a las carnicerías”, acusa Félix Díaz.

El líder qom junto a Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas, a finales de noviembre. (A.C.)

Aunque las autoridades formoseñas matizan la versión qom y desmienten todas sus acusaciones, diversas organizaciones humanitarias del prestigio de Amnistía Internacional, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) o Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel respaldan la reivindicación de la comunidad La Primavera. “No pretendemos ocupar, sino recuperar nuestra tierra”, subraya el líder indígena en referencia al favorable, sobre el papel, marco legal argentino. De hecho, la Constitución de la República Argentina se reformó en 1994 para reconocer el derecho de las pueblos originarios a “la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan” y la Ley 26.160 se sancionó en 2006 para suspender “la ejecución de sentencias, actos procesales o administrativos cuyo objeto sea el desalojo o desocupación” de los asentamientos aborígenes durante cinco años a la espera de la elaboración de los dictámenes necesarios para determinar la situación de los suelos comunales por parte del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), un texto prorrogado hasta 2013 a causa del retraso o ausencia de desarrollo en las preceptivas labores de las autoridades provinciales. Sin embargo, una restrictiva interpretación jurídica por parte de los tribunales, además de su denunciada vinculación a intereses políticos y económicos, lastra el cumplimiento efectivo de la normativa en diversas provincias. “Aunque las leyes fueron creadas para garantizar nuestra existencia, siempre son violadas por el mismo Estado. La Ley 26.160, por ejemplo, no se puede aplicar porque el Gobierno provincial no quiere hacer un convenio con el  nacional, ya que dice que todos estamos bien en Formosa”, expone Félix Díaz.

Hartos de los incumplimientos, la comunidad qom cortó durante cuatro meses del pasado año la Ruta Nacional 86 hasta su violento desalojo el 23 de noviembre con el resultado de las muertes del indígena Roberto López y del agente policial Heber Falcón, una treintena de personas heridas y una veintena de detenidos, además del incendio de una quincena de viviendas aborígenes con todas sus pertenencias en el interior. “No hay sanción para los dos policías imputados, liberados hasta su condena firme, y yo tengo cinco causas pendientes, desde usurpación hasta instigación a la violencia”, se lamenta Díaz sobre las consecuencias judiciales de un enfrentamiento cuya filmación oficial se filtró y difundió a mitad de 2011. Al igual que la también formoseña comunidad indígena pilagá El Descanso, representantes qom viajaron entonces hasta Buenos Aires para denunciar la represión, pero además decidieron instalar una acampada en pleno centro porteño a finales del pasado año para visibilizar su conflicto. Hasta 70 personas, desde niños hasta ancianos, permanecieron durante cinco meses en la confluencia de las avenidas 9 de Julio y Mayo, entre un par huelgas de hambre y múltiples cortes de tráfico, para demandar la mediación de autoridades estatales en la pugna con la administración provincial. “Hubo una buena aceptación y mucho acompañamiento ciudadano, especialmente de jóvenes que nos ayudaron, alentaron y sostendrán nuestra lucha, pero el único funcionario que se acercó fue Claudio Morgado y le costó el cargo” como presidente del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi). Tanta repercusión obtuvo la acción de protesta en la plaza Provincia de Mendoza, rebautizada popularmente como Acampe de los Pueblos Originarios, que se convirtió en un símbolo para otras luchas indígenas y sociales, hasta el punto de albergar después las tiendas de campaña del movimiento Jujuy de pie en demanda de tierra para vivienda en la provincia norteña y de convertirse en lugar de asamblea como destino final de la manifestación global del 15O.

Acampada de protesta en pleno centro porteño a mitad de febrero. (A.C.)

Finalmente, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, intervino en las negociaciones y el campamento se levantó a principios de mayo para facilitar un acuerdo consistente en la creación de una mesa de diálogo con la participación de todas las partes en conflicto y diversos observadores independientes con el objetivo de resolver la disputa territorial y la representatividad indígena, además de los problemas de seguridad personal, acceso al agua, atención sanitaria y tramitación de documentos. Sin embargo, “fuimos engañados”, reconoce, casi medio año después, el líder qom sin arrepentirse del desmantelamiento de la acampada, ya que permitió evidenciar  la apuesta indígena por el “diálogo” y los “manejos” de la clase política. “La mesa no funcionó. El Gobierno provincial no reconoció nuestra victoria en las elecciones de junio, donde obtuve el respaldo mayoritario de la comunidad y su legítima representación, y se retiró de la mesa en agosto, porque le molesta perder el control si tomamos las decisiones sobre nuestros asuntos. Y no tenemos respuesta del Gobierno nacional, porque dice respetar la autonomía del provincial. Así perdieron mucho tiempo”, deplora Félix Díaz. Precisamente, el premio Nobel de la Paz en 1980, Adolfo Pérez Esquivel, coincide en atribuir la ausencia de avance a la “fuerte resistencia de la provincia de Formosa” y lamenta que, aparte de la Constitución Nacional, tampoco se respete en el país el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 1989) y la Declaración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 2007) sobre los derechos de los pueblos indígenas. Durante la misma comparecencia conjunta por el aniversario de la represión en Formosa, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, abunda que “el Gobierno provincial no quiere llegar a buen fin y  entrega la tierra a los usurpadores”, por lo que considera que “solo la presidenta de la República puede solucionar este grave problema”.

Por ello, desde la comunidad qom La Primavera y las organizaciones humanitarias afines se remitió una carta a la presidenta argentina, Cristina Fernández, para solicitar una audiencia en la Casa Rosada, por quinta ocasión y de nuevo sin resultado. En cualquier caso, una reunión con Fernández de Kirchner tampoco garantiza una pronta solución como demuestra la nula mejoría en la cuestión indígena experimentada desde el encuentro, a mediados del pasado año,  entre la presidenta argentina y representantes de la Marcha Nacional de los Pueblos Originarios, una protesta que recorrió todo el país hasta congregar en la capital federal a 10.000 personas en vísperas del bicentenario de la independencia con el objetivo de reclamar un pacto para la constitución de un Estado Plurinacional. Tan solo se logró el compromiso para constituir una comisión de análisis y, además, Cristina Fernández priorizó los beneficios económicos, ejemplificados en el petróleo, sobre los derechos indígenas, según transcendió el pasado octubre al difundirse el contenido íntegro de aquella reunión (audio y transcripción textual). “Además de trabajar mucho, hay que hacerlo con la inteligencia y racionalidad de conservar los grandes valores culturales que cada pueblo trae, pero también aceptar las cosas que la modernidad nos da para poder vivir mejor”, argumentó la presidenta argentina para instar a los líderes indígenas a ser “realistas y sensatos” para “negociar” y asumir “las ventajas que ha traído el progreso”.

Dos níños indígenas juegan sobre una acera de la avenida 9 de Julio. (A.C.)

Aquella “movida” de la Marcha de los Pueblos Originarios fue, en opinión de Félix Díaz, “un engaño” y, de hecho, “nunca se convocó” la comisión de seguimiento. Sin embargo, el líder qom mantiene intacta, a pesar de silencios y reveses políticos, su esperanza en la palabra y la negociación: “No queremos y no nos conviene ser enemigos del Estado, porque el enfrentamiento genera sed, hambre y muerte. La salida de todo es el diálogo, es la única herramienta eficaz para destrabar el conflicto y lograr una solución. Ya demostramos nuestro interés en que se destrabe la situación, aguantamos todos estos meses y nos han mentido muchas veces, pero no sé hasta qué punto podemos resistir. Hagan algo, señores del INAI, no dilaten la solución con cuestiones burocráticas. Y señora presidenta, denos la oportunidad de poder hablar con usted, no nos mire como salvajes sino como personas necesitadas de justicia y constructoras de nuestro propio destino. Escúchenos, señora presidenta”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie