Sociedad

Srebrenica: la fosa del terror (I)

A través de una serie de tres reportajes conocemos la mayor matanza colectiva desde la II Guerra Mundial

Cincuenta mil personas visitaron las fosas durante el aniversario del genocidio cometido por los serbios

Tres supuestos responsables del genocicio de Srebrenica detenidos


Entierro de otras 613 víctimas identificadas de las 8.000 de la masacre de Srebrenica 11 de Julio 2011 (AP Photo/ Marko Drobnj

El 11 de Julio de 2011 se conmemora el 16º aniversario de la mayor matanza desde la II Guerra Mundial, en la que 8.000 bosnios fueron asesinados por las tropas serbias de Mladic que recientemente ha sido detenido.

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Este fin de semana, miles de personas han rememorado el camino que recorrieron los supervivientes y hoy entierran los restos de  600 víctimas más que han sido identificadas.

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Srebrenica: la fosa del terror (I)

El hijo de un familiar de bosnios asesinados durante la guerra de Yugoslavia (Jure Erzen)

Mehmedalija Alice, de 49 años, se inclina sobre una tumba abierta marcada con el número 413. Coge una pala y arroja algo de tierra sobre el ataúd. Su hijo Dino, de 8 años, trata de ayudar también sosteniendo la pala y aplicando presión cuando es necesario.

La tumba pertenece a Durakovic Omer, el marido de la hermana de Mehmedalija, Zumra que era sordo-muda. Sus huesos se han encontrado hace solo unos meses en una de las fosas comunes de Podrinje. Varias mujeres están de pie sobre el agujero, agarrando la lápida y llorando desconsoladas. Su agonía se confunde con el llanto de miles de familiares que resuenan en todo el valle.

Es el decimoquinto aniversario del genocidio cometido por los serbios. Cincuenta mil personas han venido hasta aquí para dar su último adiós a sus maridos, hijos, padres y hermanos. “Nunca más”, repiten algunos de ellos una y otra vez, en silencio, tristemente, como si se tratase de un mantra. El viento se lleva sus palabras sobre las praderas idílicas que nos rodean… pero el eco no tardará en devolvernos los llantos y los sollozos. Estas personas saben muy bien que por aquí, “nunca más”, por lo general, sólo significa “una y otra vez”.

Familiares llorando a sus muertos en las fosas comunes de Podrinje (Jure Erzen)

“Mis queridos americanos y los tan democráticos europeos”, murmulla Mehmedalija Alic, mientras escucha a los potentados de alto rango esparcir su verborrea, su retórica florida: “Cuanto más nos defendíamos,más de los nuestros mataron. Y ahora, cuanto más tratan de llevarnos de vuelta a Srebrenica, menos queremos ir. ¿Por qué no simplemente nos permitís dar el último adiós a nuestros seres queridos en paz y cierta apariencia de dignidad?”

Mehmedalija perdió a dos hermanos en el genocidio: Hajro, de 36 años, y Sejdo de 29. Los serbios masacraban a la gente con absoluta impunidad. Mehmedalija vivía en la ciudad eslovena de Zagorje esperando que los burócratas del Estado aceptasen su petición de ciudadanía eslovena. Reuniendo todos los criterio oficiales, hizo su solicitud poco después de que Eslovenia obtuviese su independencia. Sin embargo, sus datos, junto con los de otras 25.670 personas,simplemente fueron borrados, como si no existiesen. Mientras las hordas chetnik cometían las matanzas de inocentes en Bosnia con pistolas y cuchillos, los eslovenos fueron destruyendo a la gente con pura burocracia. “Mi familia fue arrastrada al infierno y traída de regreso,” recuerda Mehmedalija: “Yo mismo he sido reducido a una mota de polvo inútil para los burócratas eslovenos.”

Cuando finalmente se le concedió la nacionalidad eslovena, pudo comenzar a reconstruir su vida y a asimilar las muchas pérdidas irremplazables que su familia había sufrido en la guerra del sur. Pero entonces, una llamada telefónica de sus superiores en la mina de Trbovlje Hrastnik, donde había estado trabajando como técnico de la minería, lo trastocó todo.

Los superiores lo pusieron al mando de la excavación de “La Fosa del Terror”, donde ha hecho un trabajo excelente. Fue sobre todo gracias al trabajo personal de Mehmedalija que quedó al descubierto la verdad inefable enterrada allí abajo. Los políticos de Eslovenia, me dice, han estado tratando de sabotear el descubrimiento de esta verdad durante mucho tiempo. El subsuelo de Mehmedalija estaba repleto de miles de cadáveres que datan hasta desde 1945.

Los cadáveres pertenecían a las víctimas de las matanzas secretas de Yugoslavia y demuestran las presuntas colaboraciones con nazis después de la Segunda Guerra Mundial. Debido a las condiciones geológicas en la fosa, muchos de los cadáveres que se encontraron estaban prácticamente incorruptos. Las expresiones de algunos de los rostros eran tan desgarradoras como si su desaparición hubiese sucedido apenas hacia unas horas. Desde Srebrenica hasta “La Fosa del Terror”, Mehmedalija Alic pudo contemplar la cara más desagradable y fétida de la médula de todo el siglo XX.

Srebrenica. El borrado. “La Fosa del Terror”

“No sé por qué el destino me eligió para este papel”, dice. “Pero puedo decirte que hace tiempo dejé de creer en la casualidad. ¿Por qué justo antes del final de mis años de trabajo he tenido que descender a ‘La Fosa del Terror’ y desenterrar uno de los grandes crímenes de la humanidad? Mi sensación es que algún poder mayor me puso en esta misión”.

Retrato de Mehmedalija Alice (Jure Erzen)

Tan pronto como se le ordenó dirigirse a la mina, que tanto tiempo llevaba sellada, en los alrededores de Laško, empezó a sospechar que algo andaba muy mal: “La documentación y los testimonios de los familiares de las víctimas me transportaron de vuelta a Srebrenica. Y descendimos directamente a la fosa. Durante meses, hemos luchado contra los obstáculos que deliberadamente habían puesto ahí para detenernos. El trabajo era muy peligroso y todo el tiempo nuestro sentimiento era de gran ansiedad. Sin embargo, cada día, yo estaba más decidido a llegar al fondo de esto, en sentido literal y metafórico.

En un momento dado, me di cuenta de que la misión de mi vida era ayudar a esa pobre gente que estaba allá a que pudiesen recibir un entierro honorable. Yo sabía que se trataba de mi deber sagrado, lo que tenía que hacer si quería un cierto grado de honor en mi vida. Todo el tiempo mi instinto me decía que detrás de las barreras algo indescriptible nos estaba esperando. En la excavación todo olía a muerte y a mal. Mi objetivo era ayudar a los familiares de las víctimas, para así exponer a los culpables: tanto a los carniceros que cometieron la atrocidad, como a la escoria que trataron de encubrirlo. Algunos de ellos lo intentan aún y por eso he dejado la excavación”.

Aniversario

En el día del decimoquinto aniversario de la masacre de Srebrenica. Nos encontramos con Mehmedalija frente a su vieja casa en Potočari, a las afueras de Srebrenica, a un paseo de diez minutos del cementerio donde sus seres queridos están enterrados. Para mantenerse sano, dice, tiene a lo que queda de su familia, su obsesiva dedicación a su trabajo, su orden y su modestia. Al decirme esto, me acuerdo del padre superviviente del holocausto en la obra maestra ‘Maus’ de Art Spiegelman, y Mehmedalija. Asiente mi afirmación, ha leído esta novela gráfica.

La casa fue construida en Potočari por los hermanos, ya fallecidos, de Mehmedalija. Hajro, el de mayor edad, fue arrancado de las manos de su madre por los chetniks que lo llevaron a una fábrica cercana, donde lo mataron. Lo que quedó de él fue encontrado en una fosa común en uno de los bosques cercanos. Fue enterrado correctamente hace sólo dos años.

“Lo que queda de mi voluntad de vivir es restituir la memoria de mi hermano Hajron,” dice Mehmedalija. “Era el más honesto, decente y trabajador hombre del mundo. Fue mi modelo a seguir en todo. Él fue quien me enseñó cómo vivir, cómo trabajar, cómo ser amable. Mi vida está dedicada a su memoria. No pasa un día o una noche que no piense en él. Todavía estoy aprendiendo de él, aunque sea sólo de su memoria. ¡¿Cómo puede Dios dejar que esas cosas suceden a personas buenas?! ”

El hermano menor de Sejdo era sordomudo. Su madre logró colarlo de contrabando en el autobús con destino a la zona de seguridad. El bus que iban a coger, tan solo tenía unas pocas paradas. Pero justo después de arrancar, tropas paramilitares serbias subieron para detener a Sejdo. “No puede hablar, es sordo y mudo” les explicó la pobre mujer. “Oh, hablará, no te preocupes” y lo arrastraron fuera del autobús. Su cuerpo todavía no se ha encontrado.

El siguiente capítulo.

Srebrenica: la fosa del terror (II)