Sociedad

Gatillo fácil en el paraíso andino

La muerte de tres jóvenes por disparos policiales desata una avalancha de violencia en la ciudad turística argentina de Bariloche

Los disturbios evidencian “una fractura social brutal” en pleno inicio de la temporada invernal patagónica

Ya comenzó el invierno austral, la nieve cubre las laderas del cerro Catedral y los turistas aterrizan en San Carlos de Bariloche, en la provincia patagónica de Río Negro. Sin embargo, la postal blanca del principal destino para los deportes de invierno en Argentina se tiñó de rojo en pleno inicio de la temporada para mostrar otra imagen de Bariloche, opuesta a la apacible estampa suiza de arquitectura y chocolaterías en el centro histórico a orillas del lago Nahuel Huapi. La muerte de un adolescente por el balazo de un policía desató enfrentamientos entre vecinos de los barrios más humildes y agentes uniformados con el resultado del fallecimiento de otros dos jóvenes, heridas en una veintena de personas y la detención de una docena de vecinos.

Y evidenció la fractura social existente en una ciudad de poco más de 100.000 habitantes. “Andaba con tres amiguitos, la policía les corrió y le disparó. Me lo asesinaron de un balazo en la cabeza a tres metros”, narra, en conversación telefónica, Sandro Bonnefoi, de 38 años, sobre la muerte del tercero de sus siete hijos. Según la investigación judicial en curso, los cuatro adolescentes no acataron la voz de alto de los agentes como presuntos autores de un robo y se inició una persecución durante la madrugada del pasado 17 de junio en el barrio de Boris Furman, dentro de la zona más deprimida de Bariloche conocida genéricamente como El Alto. El cabo Sergio Colombil, de 22 años, se lanzó sobre Diego Bonnefoi, de 15. “En plena carrera y mientras el perseguido se hallaba de espaldas, apretó el gatillo de su arma y efectuó el disparo mortal”, expone el relato del juez Martín Lozada, que considera improbable que Diego Bonnefoi estuviera armado. En definitiva, “le quitó la vida de modo jurídicamente injustificable”, concluye la resolución judicial sobre Colombil, en prisión preventiva por homicidio con alevosía y en abuso de sus funciones policiales.

Bautizado en homenaje del ex futbolista Diego Armando Maradona, aunque el D10S argentino militó en Boca Juniors y él se declaraba hincha de River Plate, “el pibe era rebueno, muy tiernito y amable, el que más amistades tenía”, argumenta su padre ante las acusaciones sobre los antecedentes penales de su hijo y de otros miembros de la familia. Sin trabajo estable, Sandro Bonnefoi ingresa 100 pesos (alrededor de 20 euros) por semana con la organización de campeonatos de fútbol en un terreno del barrio. “Somos gente humilde, sobrevivimos con el deporte, pero tenemos a Dios con nosotros y pan, fiambre y mate nunca faltan en casa”. Una carestía que, como apunta la politóloga y editora de Artepolítica.com María Esperanza Casullo, se agrava por las inclemencias del clima: “Es muy duro ser pobre en la Patagonia. Es duro ser pobre en todos lados. Pero imagínense ustedes vivir sin gas, sin agua y sin cloacas en ciudades donde en otoño llueve durante tres meses seguidos y en invierno hace 10 grados bajo cero y se acumulan 40 centímetros de nieve y hielo. Vivir en casillas de madera y chapa, calentándose con leña, siempre robada o conseguida de manera furtiva, o quemando lo que uno encuentre, en lo alto de la meseta (los barrios pobres están siempre en los lugares más altos y más inhóspitos de la meseta), en una región famosa por su viento de más de ochenta kilómetros por hora”.

“El poder político no puso límites a la policía”

En este escenario, la noticia de la muerte de Diego Bonnefoi en un aparente caso de gatillo fácil concentró a la mañana siguiente a un centenar de familiares, amigos o vecinos ante la Comisaria 28, justo al lado de la vivienda del adolescente, y la indignación transformó la protesta en un ataque a pedradas contra las instalaciones policiales. “Fue una reacción espontánea de los vecinos después de broncas y malos tratos acumulados durante años y la policía reprimió de la forma más violenta”, describe el referente de la organización no gubernamental Grupo Encuentro, Luis Fernández, acostumbrado a tratar a un centenar de muchachos del barrio mediante actividades educativas, recreativas o laborales para frenar la exclusión social. Los agentes respondieron con gases lacrimógenos, balas de goma y postas de plomo, por lo que la situación degeneró a lo largo de la jornada hasta convertir El Alto en un campo de batalla.

Resultado: una docena de detenidos, varios de ellos de forma arbitraria y con signos de violencia según denunciaron organizaciones de derechos humanos, y una veintena de heridos. Y, sobre todo, otros dos jóvenes, de 17 y 29 años, muertos por impactos de bala, supuestamente procedentes de armas policiales. Ahí terminó de liarse. La ira popular se disparó y los disturbios se mantuvieron durante un par de jornadas y se extendieron hasta el mismo centro barilochense, con la rotura de escaparates, saqueo de comercios, corte de carreteras y suspensión de clases incluida. “Se les fue de las manos, nos sorprendió que la misma policía que nos tiene que proteger respondiera con un montón de tiros contra nosotros”, añade Sandro Bonnefoi, con un parche en un ojo a causa del impacto de una bala de goma. Menos extrañeza causó la reacción a la defensora del Pueblo de Río Negro, Ana Piccinini, que enumeró los precedentes de violencia en la provincia al diario Página12 antes de concluir que “la mala fama de la Policía de Río Negro en su conjunto, no sólo del grupo [antimotines] BORA, viene de lejos y, en este marco, era previsible lo que sucedió en Bariloche”.

El padre de Diego Bonnefoi, adolescente abatido por un disparo policial, se abraza a un familiar

Aunque la familia se sintió “respaldada y apoyada en el dolor” por parte del gobierno municipal, Sandro Bonnefoi no duda en atribuir “responsabilidad política”, fundamentalmente de los representantes provinciales, a la represión policial por parte de agentes con escasa formación y experiencia. Igualmente, la abogada del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) en Bariloche, Nadina Moreno, coincide en que “el poder político no puso límites a la policía”. Según el escritor francés Honoré de Balzac, “los gobiernos pasan, las sociedades mueren, la policía es eterna”, cita Moreno. “Uno siempre desea que el Estado esté al frente en el buen sentido, porque es su responsabilidad, pero acá estuvo a la cola y llegaron tarde, es increíble”, lamenta, por su parte, el referente del Grupo Encuentro, una de las asociaciones integradas de urgencia en la Asamblea Multisectorial Contra la Represión.

Un parche cubre el ojo de Sandro Bonnefoi tras el impacto de una bala de goma.

Finalmente, la mediación de las organizaciones sociales, la investigación del juez Lozada, el traslado de la Comisaria 28, los funerales por las víctimas y las nevadas lograron enfriar la tensión en Bariloche. Sin embargo, el cese de la violencia ya no logró esconder el problema de fondo de la tremenda desigualdad social existente y la población de la ciudad turística invernal se dividió en sucesivas manifestaciones durante los siguientes días. A favor de la intervención policial y en contra del traslado de la comisaria, unos, y en contra de la actuación de los agentes y en demanda de justicia, otros. “Son momentos muy tristes y no sólo por los tres muertos, hubo más gente en la marcha a favor de la policía, importan más las vidrieras rotas que los pibes fusilados en El Alto”, lamenta el periodista coordinador de la revista Al Margen, Sebastián Carapezza. “No hay nada más peligroso que un burgués asustado”, completa la arquitecta e integrante de la Asamblea Permanente  por los Derechos Humanos, Mara Bou. A su juicio, “venimos de los años de la dictadura, de la década infame de Menem, del corralito financiero… y esta es una comunidad complicada con una discriminación brutal. Hay una fractura social total entre el Bariloche del glamour y el Bariloche marginal”.

Efectivamente, “suena cruel pero la historia viene siendo anunciada hace mucho tiempo, estaba contenida y estalló”, añade Luis Fernández. “Sé que es posible enriquecer fabulosamente la vida de esos jóvenes, pero me preocupa el otro lado de la sociedad que niega esa posibilidad. El problema no son los niños y jóvenes, la parte más seria es la comunidad más rica que rechaza y no acepta, que ven en ellos peligro en lugar de futuro”, lamenta el líder del Grupo Encuentro. En cualquier caso, no pierde la esperanza: “Aunque es un momento complicado profundo, tiene que servir para que haya algo de aprendizaje social, porque ahora la realidad es mucho más palpable y se puede operar sobre ella”. Tan sólo resta que la nieve no cubra, aparte de las pistas de esquí del cerro Catedral, también su mensaje optimista.



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