Sociedad

El Sol sale por Alburquerque

Ángel Vadillo, alcalde de este pueblo pacense, ha llevado su lucha por las renovables y por un nuevo modelo energético al límite.

Una huelga de hambre de 90 días ha sido su última acción finalizada tras un multitudinario acto en el que se anunció la creación de una mesa de diálogo con el Gobierno y una plataforma civil que recoja su testigo.

No se va, sólo quiere ver los amaneceres de Alburquerque.

El alcalde de Alburquerque entrando en el acto de homenaje en la Tabacalera de Madrid (J. M.)

Desde un pequeño rincón de Extremadura ha llegado un haz de luz para el negro futuro de las energías renovables. Hace ahora seis meses que partió desde Alburquerque su alcalde, Ángel Vadillo, intentando abrir una rendija para que fluyera claridad en un sector que considera clave para su pueblo y para el país. Para el empleo y para la salida de la crisis. Un mes de caminata hasta Madrid, dos meses instalado en la sede del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, y otros 90 días en huelga de hambre han dejado como resultado el compromiso de abrir una mesa diálogo entre el sector de las renovables y el Ministerio, además de la creación de una plataforma por un nuevo modelo energético que tomará el relevo de la lucha de Vadillo.

Ángel Vadillo enchufa su móvil a un cargador solar que le ha acompañado durante su huelga de hambre. (J.Marcos)

“Esta acción intentaba abrir una puerta que estaba cerrada. Ahora se puede seguir luchando”, subraya el regidor. Su presencia el pasado sábado en la Tabacalera de Madrid levantó tantos aplausos emocionados que muchos rozaron las lágrimas. Vadillo anunció el fin de la huelga con 28 kilos menos pero rodeado de los suyos. Le arroparon tres autobuses de vecinos. “Es un luchador, está hasta arruinado por luchar por los trabajadores del pueblo”, comenta Joaquín García Mayo, de 83 años. “Lo que está haciendo es una locura, aunque conociéndolo no tanto…La huelga la ha soportado por la fuerza interna que tiene”, expone Eva Macedo de 62 años, bandera extremeña en mano. “Cada vez que Ángel nos llama la liamos”, gritó Rosa sentada junto al escenario.

España sólo puede crear empleo con el cambio del modelo energético, con la agricultura y la ganadería ecológica. Y es dónde este Gobierno no quiere dar seguridad jurídica”, denunció Vadillo, entre menciones constantes a las soberanías energética, alimentaria y tecnológica, a la lucha colectiva, a la unión de fuerzas. También pidió perdón a sus vecinos y familiares por haberles hecho “sufrir tanto” por una decisión que le ha dejado problemas estomacales y cardiovasculares que teme arrastrar de por vida.

La otrora fábrica de tabaco donde trabajaban las ‘las cigarreras’, mujeres de espíritu rebelde, independientes y apasionadas que elaboraban cigarros bajo unas condiciones laborales muy duras, es hoy un centro cultural autogestionado, donde se abrazan pública y colectivamente el teatro, la música, la danza y la pintura, las conferencias, las reuniones y los talleres, las intervenciones de barrio, actos cargados de optimismo como el del sábado.

A aquellas mujeres recordaron la intervención de Vadillo. Sus palabras reivindicaron un nuevo modelo social, energético, político y medioambiental. Incluso de decrecimiento habló el regidor, quien aseguró haber aprendido mucho y haber ampliado el discurso durante su lucha. Su retórica fluyó entre una Tabacalera abarrotada, que le escuchó como a “un revolucionario”, como le tildó el cantautor Luis Pastor. Su debilidad física, patente en una muleta y una silla de plástico desde la que se dirigió a los presentes, no permeó su oratoria, opulenta en esperanza y futuro en una tarde tormentosa. Si el Sol ha acompañado a Vadillo en su lucha, el agua también quiso estar presente en el acto homenaje.

Junto a los vecinos de Alburquerque, estuvieron los movimientos sociales, las ONG y los grupos ecologistas, algunos partidos políticos, gente del arte y la cultura, sindicatos, empresas de renovables, economistas, profesores de universidad… Por entre las rendijas de la Tabacalera también se coló el discurso más político. Tuvieron sus minutos la exministra socialista Cristina Narbona (la cabeza más visible de entre los compañeros de partido de Ángel Vadillo) e incluso Federico Mayor Zaragoza, otrora director general de la Unesco tras un dilatado viraje político.

Luis Pastor y Lourdes Guerra cantan a Ángel Vadillo (J. Marcos)

Los acordes llegaron de la mano de Kiko Tovar y del poeta y cantautor extremeño Luis Pastor, quien puso el ritmo con pequeños golpecitos a su pecho. El actor y cómico Pepe Viyuela optó por la emoción a través de un poema escrito para la ocasión. Y la escritora Rosa Regás, sentada junto a Vadillo durante todo el acto, afirmó que lo vivido “me devuelve la esperanza en lo que somos y en lo que podemos hacer”.

Ángel Vadillo fue quien cerró el acto entre aplausos y abrazos. “Tenemos que ganar la batalla. Necesito que la plataforma sea ya una realidad, que conectemos con la sociedad. Con la mesa de diálogo tenemos que abrir el hueco”. Vadillo cedió el testigo con la esperanza de formar parte de una lucha ampliada. El alcalde de Albuquerque regresa a su pueblo. Con los suyos. Por lo menos, de momento: “Sólo soy el alcalde de Albuquerque. Necesito volver al anonimato que tenía. Y necesito estar en mi pueblo. Pero no abandono nunca. No habría abandonado la huelga si el pasado viernes se hubiera aprobado la reforma energética. Y si a partir de ahora se aprueba, en cuanto me recupere, la acción se va a trasladar a Europa. Iré a Bruselas andando”.