En conflicto

Países pequeños se organizan frente al G-20

Una alianza de 27 países pequeños se han organizado para contrarrestar el poder del G-20, al que piden que no margine sus intereses ni debilite a la ONU.

Lo hacen coincidiendo con la Cumbre del G-20 a la que han invitado al Secretario de las Naciones Unidas, pero sin voz ni voto.

Reunión del G20 en Pittsburgh, Estados Unidos, en septiembre de 2009 (Carolyn Kaster /AP)

Una alianza de 27 pequeños países en desarrollo pidió este lunes al poderoso Grupo de los 20 (G-20) que no margine sus intereses ni debilite a la ONU en la toma de decisiones clave. Se trata del Grupo de Gobernanza Global (3-G), compuesto por Bahamas, Bahrein, Barbados, Botswana, Brunei, Chile, Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos, Eslovenia, Filipinas, Guatemala, Jamaica, Kuwait, Liechtenstein, Malasia, Mónaco, Nueva Zelanda, Panamá, Perú, Qatar, Ruanda, San Marino, Senegal, Singapur, Suiza, Uruguay y Vietnam.

El reclamo se planteó previo a la cumbre del G-20 que se realizará los días 26 y 27 de este mes en Toronto, y a la que seguirá otra reunión el 11 y 12 de noviembre en Seúl. Al encuentro canadiense asistirán líderes de Alemania, Brasil, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, India, Japón y Sudáfrica.

El G-20, creado en 1999 en respuesta a las crisis financieras de fines de los años 90, es la unión del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos del mundo, (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia), las grandes economías emergentes y la Unión Europea (UE) como bloque.

Vanu Gopala Menon, representante de Singapur en las Naciones Unidas, expresó que es importante que el G-20 se comprometa con el foro mundial y viceversa. “Estoy un poco perplejo por la sugerencia de que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, vaya a la cumbre del G-20 en Toronto como observador“, dijo el diplomático, cuyo país juega un rol preponderante en el 3-G. “Hasta donde yo sé, el secretario general fue invitado allí como participante, con el derecho a participar plenamente en todos los debates”, agregó. Esta confusión en torno al estatus de Ban subraya la necesidad de que todos los futuros anfitriones de cumbres del bloque inviten al secretario general y a sus principales funcionarios a esas reuniones y también a las instancias preparatorias, sostuvo. “Las invitaciones deberían emitirse automáticamente, sin necesidad de pedirlas”, dijo Menon.

El diplomático también destacó que las acciones y decisiones del G-20 tienen implicaciones más allá de quienes lo integran. Muchos Estados miembro de la ONU han sentido el impacto de esas decisiones. “A diferencia de la ONU, donde todos tenemos una voz, el proceso del G-20 está cerrado. Comprensiblemente, esto ha hecho surgir algunas preocupaciones por parte de los miembros de la ONU”, añadió Menon.

El G-20 representa 80 por ciento del producto interno bruto mundial, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Singapur, George Yeo. El 3-G se creó durante una reunión celebrada el año pasado en Davos, Suiza, agregó. “El poder en sí mismo confiere legitimidad. Al mismo tiempo, no puede ser que lo intereses de los países pequeños sean descartados de plano”, apuntó antes de agregar que en la política internacional, “lo que no está organizado y lo que no se oye tiende a importar menos”, destacó.

En un comunicado difundido este lunes, el 3-G señaló: “Dadas las complejidades y las interdependencias de la economía mundial, es importante que el G-20 sea consultivo, inclusivo y transparente en sus deliberaciones, para que su resultado se implemente efectivamente a escala mundial”.

El impacto de la crisis económica sobre el crecimiento mundial y los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio han sido significativos, agregó.

Esos Objetivos, definidos en 2000 por la Asamblea General de la ONU, incluyen reducir a la mitad la proporción de personas que padecen pobreza y hambre (en relación a 1990) para 2015.

Las decisiones del G-20 influirán en las perspectivas de desarrollo de los países que no lo integran, en particular los que están en vías de desarrollo y los menos adelantados, continuó el comunicado.

En sus deliberaciones, el G-20 debería tener en cuenta las preocupaciones y aspiraciones de los demás países, así como las diferentes circunstancias nacionales y regionales. Y sus decisiones también deberían proteger los avances logrados por estas naciones –en particular las más vulnerables– en materia de desarrollo, añadió.

A este respecto, el financiamiento al desarrollo requerirá enfoques creativos e innovadores luego de la crisis financiera mundial.

“Mantener el comercio abierto también será esencial para una recuperación mundial sostenida”, planteó el comunicado.

Al consultársele qué impacto a largo plazo tendrá el 3-G sobre el G-20, Menon dijo a IPS que la nueva agrupación existe desde hace menos de un año. “Las acciones del G-20 deberían fortalecer y no debilitar a la ONU”, sostuvo.

Mientras, el 3-G dio la bienvenida a la decisión de Canadá de invitar a la cumbre a Ban y a los presidentes de algunas organizaciones regionales.

El G-20 debería permitir que los países que no lo integran participen en los debates sobre temas especializados, dijo.

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