En conflicto

Los judíos ultraortodoxos se niegan a perder sus privilegios

Miles de hombres, mujeres, niños y niñas de la comunidad ultraortodoxa judía en Israel protestan contra la decisión de extender el servicio militar obligatorio a los estudiantes rabínicos, exentos hasta ahora.

Miles de ultraortodoxos sacan a sus hijos a una manifestación para seguir estando exentos del servicio militar en julio de 2012 (Oded Balilty / AP)

“Temen que exponer al servicio militar a jóvenes que han estado detrás de las ‘paredes de la santidad’, con los altos niveles de adrenalina que ese cambio implica, haga que pierdan su identidad”, explicó Yedidia Stern, vicepresidente del Instituto Israelí para la Democracia y profesor de derecho en la Universidad de Bar-Ilan. “Reemplazar la emoción de responder una pregunta sobre el Talmud con la emoción de realizar un operativo, arma en mano, contra un edificio, a una edad en la que se es muy impresionable y en la que se absorben las influencias externas, podría dañar la identidad única de la próxima generación de este distintivo grupo cultural”, alertó en una columna del periódico Yediot Achronot.

El Talmud reúne discusiones rabínicas sobre las leyes, las costumbres y la tradición del pueblo judío. En febrero, la Corte Suprema Israelí consideró inconstitucional la ley que exoneraba a los jóvenes ultraortodoxos del servicio militar obligatorio. La llamada Ley Tal, aprobada en 2002, concedía a los estudiantes de las yeshivás (centros de estudios rabínicos) la opción, a los 22 años, de continuar con su educación o enlistarse en las fuerzas armadas. El ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, dijo entonces que la Ley Tal, “después de 10 años, no había cumplido con las expectativas ni había permitido los cambios necesarios… para una distribución equitativa de la carga” de la defensa del país.

Los ultraortodoxos judíos representan alrededor de 10 por ciento de los casi ocho millones de israelíes. A todos los ciudadanos israelíes no árabes se les obliga a servir entre dos y tres años en las fuerzas armadas tras cumplir 18 años. La ley derogada había sido prorrogada varias veces, pero expiró el 1 de agosto tras la decisión del tribunal supremo.

Los jóvenes de las yeshivás no trabajan y dedican la mayor parte de su tiempo al estudio del Talmud y de la Torá (ley judía). El gobierno provee servicios financieros y sociales a la comunidad ultraortodoxa, dentro de la cual la tasa de pobreza es de un 60 por ciento. Este apoyo oficial ha causado tensiones entre los israelíes seculares y los religiosos. A comienzo se julio, miles de personas salieron a las calles de Tel Aviv para exigir que todos los sectores de la población israelí “compartieran la carga” del servicio militar. Esta tensión, según Stern, puede llegar a dividir en dos a la sociedad israelí y alienar aun más a la comunidad ultraortodoxa.

(Oded Balilty / AP)

El primer ministro, Benjamín Netanyahu, podría terminar siendo afectado por esas protestas. “El próximo verano (boreal) tiene el potencial para de ser particularmente volátil para la sociedad israelí”, dijo Stern. Netanyahu acaba de formar el “Comité Pleisner” para redactar una nueva ley sobre el servicio militar obligatorio, que incluya a jóvenes ultraortodoxos. También adelantó su intención de extender la obligatoriedad a los aproximadamente 1,6 millones de árabes israelíes. “Estoy decidido a promover un drástico incremento en la parte de la carga (del servicio militar) entre los jaredíes (los más conservadores dentro de los ultraortodoxos) y los árabes. No permitiremos más que haya algunos que sirvan más que otros”, dijo Netanyahu.

En Israel también existe un programa de servicio voluntario, que habilita la participación de aquellos que están exonerados del entrenamiento militar. El programa es supervisado por la Administración Nacional de Servicio, organismo que opera bajo el control de la Oficina del Primer Ministro. Según datos oficiales, más de 1.550 palestinos con ciudadanía israelí participaron del programa en 2011, contra 240 en 2006.

La mayoría de estos voluntarios colaboran en escuelas, hospitales y otras instituciones públicas en todo el país. Pero algunos también sirven en diversas fuerzas de seguridad, como la policía. El 18 de julio, al menos 400 jóvenes árabes (palestinos, beduinos y drusos con ciudadanía israelí) se reunieron en la norteña ciudad de Nazaret para expresar su oposición a ese programa. “Es una grave amenaza a nuestro futuro, a nuestra comunidad, a nuestros jóvenes”, dijo Nadim Nashif, director de Baladana, una organización de jóvenes palestinos con sede en Haifa. “No es voluntario, porque tiene un contexto político”, señaló.

Nashif considera que el programa amenazaba la identidad de los palestinos y condicionaba el respeto de sus derechos como ciudadanos al cumplimiento de deberes ante el Estado judío. “Uno de los escenarios que nos preocupa es que aquellos (palestinos) que hagan el servicio gocen de derechos, y los que no lo hagan pierdan sus derechos. Esto crearía un sistema de clases dentro de nuestra comunidad”, añadió.

Los ciudadanos palestinos de Israel constituyen uno de los segmentos más desfavorecidos de la sociedad y más de la mitad de todas las familias palestinas en Israel son clasificadas como pobres, según el Centro para Derechos de las Minorías Árabes en Israel. La tasa de desempleo es desproporcionadamente alta en esa comunidad, y las ciudades y pueblos de mayoría palestina tienen los niveles socioeconómicos más bajos del país.

Según Nashif, el caso de los drusos, que desde hace 64 años son reclutas en el Ejército de Israel, es un ejemplo claro de cómo servir en instituciones israelíes no necesariamente tiene como consecuencia gozar de iguales derechos.

“Desde 1956, la vasta mayoría de los jóvenes (drusos) sirven en el Ejército. No reciben iguales derechos. En muchas situaciones y en muchos aspectos, su caso es peor que el del resto de los árabes. Esta es una prueba muy sólida de que no se tienen derechos por servir o no (al ejército), sino por si eres judío o no”, afirmó. “Nuestros derechos son naturales. Nuestros derechos no deben estar condicionados por este o aquel político, ni por ningún tipo de ley”, subrayó.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie