Economía

Selección Española, S. A. y otras contradicciones del Mundial

La desigualdad de oportunidades, los presupuestos multiplicados y la marginación cuestionan los efectos positivos del Mundial en Sudáfrica

Las primas multimillonarias a los futbolistas españoles se justifican con que la Federación es una empresa privada

Sin embargo, la ley la define como una asociación "sin ánimo de lucro" que "representa a España"

(Matt Dunham / AP)

Horas antes del partido de España contra Honduras, una tubería reventó en el hotel donde se alojaban los jugadores de ‘La Roja’. La inundación momentánea de la entrada del edificio ocupó 30 segundos en más de un informativo nacional y cientos de páginas de información. Pero no, no son esas las aberraciones del Mundial.

Algunas saltan a la vista: ¿qué hace un señor con aspecto hindú enarbolando con forzado fervor la bandera de España en las gradas de un estadio de Sudáfrica? Ocurrió por ejemplo en Durban, sede del primer partido de España contra Suiza, una ciudad con mucha población hindú y precisamente donde Ghandi empezó a construir su mito. Los hindúes fueron convocados a un partido donde no se esperaba mucho público – había apenas unos 400 aficionados españoles en las gradas – para que animaran, para rellenar. Más extremo es el caso de Corea del Norte, que ha ‘contratado’ a un millar de chinos para que animen a la seleccion norcoreana en sus partidos. ¿Por qué chinos y no norcoreanos? Porque los norcoreanos no pueden salir de Corea así tan fácil.

Norcoreanos que no son norcoreanos.

Si seguimos echando un vistazo a las gradas del Mundial, encontraremos probablemente a funcionarios del Gobierno de Sudáfrica. A pesar de las órdenes dadas por el ministro de Finanzas, la oposición afirma que al menos cinco ministerios del ejecutivo han gastado más de 1 millón de euros de dinero público en comprar entradas. Solo el departamento de Comunicación ha comprado 2786 entradas, según sus datos.

Ese millón de euros de sobrecoste público no computa oficialmente como presupuesto del Mundial, aunque en realidad es un problema de conducta y no económico, porque es calderilla si se compara con cómo se ha multiplicado el gasto previsto. Por ejemplo la remodelación del estadio donde se disputará la final, el Soccer City, estaba presupuestada en 22 millones de euros. Ha costado finalmente 330 millones. Sí: 15 veces más.

Los guardias de seguridad abandonan las inmedaiciones del estadio Socces City después de haber sido despedidos (G. Arias / AP)

El sobrecoste en proyectos públicos es algo que se da por hecho, no sólo en Sudáfrica. Se aduce que el aumento de inversión pública al final repercute directamente en las empresas y por tanto en la creación de empleo. Pero, tal y como se apunta en Mail&Guardian, un diario sudafricano que tuvo que acudir a los tribunales para poder tener acceso a los contratos de concesiones de obras y servicios firmados por el Comité Organizador, hay que tener en cuenta que el sector de la construcción es el más denunciado internacionalmente por corrupción en todo el mundo. Y por otro lado, una de las empresas locales que más esperaba crecer con la logística del evento, Bidvest, ha rebajado sus expectativas hasta la decepción.

El maná del Mundial no ha caído para todos. Las huelgas de conductores de autobús o vigilantes de seguridad han escenificado la frustración de quienes aseguran que no están cobrando lo que les prometieron y que están haciendo muchas más horas de las que constan en su contrato. En el caso de la subcontrata de seguridad, los trabajadores han sido despedidos uno por uno y la Policía y el Ejército se ha hecho cargo de todo en determinadas sedes del Mundial. A miles de kilómetros de distancia, el otro día contábamos en qué circunstancias se fabrica el famoso ya balón Jubilani.

Tampoco los vendedores ambulantes se están pudiendo aprovechar de la llegada de turistas y forofos a Ciudad del Cabo. Se ha vetado su presencia en el “Paseo del Aficionado”, que conduce hasta uno de los principales estadios. Casi todo lo anterior fue previsto por el documental Farenheit 2010, del director Craig Tanner, que un usuario de Bottup resumió hace meses.

Y cuando todo acabe, ¿qué? Varios medios de comunicación internacionales están dando credibilidad al rumor que dice que en cuanto termine el Mundial, comenzará una campaña de acoso y expulsión de inmigrantes en Sudáfrica. Tal y como hemos contado en periodismohumano, el extremo sur de África es el refugio de entre 3 y 6 millones de personas sin papeles, que huyen de otros países por razones económicas o persecuciones políticas, homofóbicas o racistas. Viven hacinados en casas abandonadas, por ejemplo a las afueras de Johanesburgo. Existe el riesgo de que se produzca un brote de xenofobia violenta como el que en 2008 acabó con la muerte de 62 personas. La inminencia de elecciones locales en toda Sudáfrica puede alimentar los discursos xenófobos.

1.500 personas, casi todas zimbabuenses, fueron desalojados de las casas en ruinas donde se refugiaban en Johanesburgo por un grupo de seguridad privada (© Sara Hjalmarson/MSF)

Selección Española, una entidad privada “sin ánimo de lucro”

Hay otro asunto más casero: las primas a los jugadores de la selección española si logran ganar el campeonato, 600.000 euros por barba. En contra de lo que sucede cuando se habla de grandes banqueros, de grandes empresarios o de ricos en general, si se duda de si es ético que en tiempos de crisis que los futbolistas cobren esa suma, tu yugular pude correr peligro. Sólo hace falta echar un vistazo a algunos comentarios en redes sociales o en los periódicos deportivos para comprobar la tolerancia y la comprensión que se respira.

Si España gana el título, millones de ciudadanos saldrán a la calle para celebrarlo con una sola voz. Para muchos podría ser la única alegría de un año durísimo. ¿Alguien es capaz de ponerle precio a eso? (editorial de Marca, 8/06/10)

Aparte de este de arriba, hay otro argumento de peso para dar por lógica la prima: la Selección Española de Fútbol es una empresa privada, se dice por todas partes. “La FIFA da dinero a las selecciones según avanzan en el campeonato”, aclaró hace poco Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte. Si España gana el Mundial, recibirá 30 millones de euros. “Comprendo que esto hiere la sensibilidad de la gente en momentos como éste, pero no hay ni un euro público, mientras sea dinero privado y no nos cueste a los españoles, que cada uno haga lo que quiera“, ha dicho Lissavetzky.

Rueda de prensa de Pujol, jugador de la Selección Española. La Federación recibe casi todos sus fondos de patrocinadores.

No, espera. ¿La Roja es una empresa privada? ¿Como el Santander? ¿Como la pescadería de mi barrio? Sí, y la relación oficial como Estado con ella no es mayor que la que tenemos con Rafa Nadal cuando gana un torneo, parece ser. Pero, ¿y el himno? ¿Y la presencia de la Casa Real y el Gobierno? ¿Y el escudo y la bandera? Pues eso, lo mismo que con Nadal S. A..

Pero sin embargo, la Federación Española de Fútbol…

  • es “una entidad asociativa privada, si bien de utilidad pública (…) que posee patrimonio propio y carece de ánimo de lucro“, según sus estatutos y una resolución del propio Gobierno. Es la misma figura legal de las asociaciones culturales o de la mayoría de las ONG, que reporta beneficios fiscales
  • recibe subvenciones y tiene la potestad de controlar su administración entre las asociaciones menores que la conforman. La mayoría de las subvenciones se dedican a cursos de formación y el trabajo de las categorías inferiores del fútbol, aunque la justicia ha tenido dudas en los últimos años.
  • ostenta, según recoge la propia Ley del Deporte, “la representación de España en las actividades y competiciones deportivas de carácter internacional”.
  • tiene el monopolio del fútbol a efectos prácticos: “Sólo podrá existir una Federación española por cada modalidad deportiva”, dice la Ley.

Por tanto, no se puede decir que la selección española sea una empresa privada. Se parece más, legalmente, a una ONG o en todo caso a una empresa pública de gestión privada, como las de limpieza municipal, o como las que gestionan el abastecimiento de agua. Lo que la diferencia de éstas y del resto de federaciones es que es económicamente rentable y autosuficiente gracias a los patrocinadores y al dinero que genera la fama en general.

Lo que le da la FIFA a La Roja durante el Mundial le da para las primas y mucho más. Si realmente fuera una Sociedad Anónima, podría repartir sin complejos sus beneficios entre los ‘socios’, los jugadores en este caso. Pero volvamos al punto anterior, el que la define como “una entidad asociativa privada (…) que carece de ánimo de lucro”, es decir, que sus beneficios deben revertir en la mejora del funcionamiento y no en el reparto de riquezas. Eso no quiere decir que sus trabajadores no cobren y de hecho el reparto de bonus es perfectamente legal.

Pero la Federación tiene otras opciones más fieles a la filosofía de una empresa sin ánimo de lucro, como por ejemplo meter ese dinero en las categorías inferiores o en nuevos centros deportivos. Y sin embargo, parece que no nos deben nada porque en el fútbol, también, somos consumidores y no ciudadanos, y el pacto termina cuando el árbitro pita el final. Cuestionar si como personas que hacemos un esfuerzo económico o nos prestamos a impactos publicitarios, nos mereceríamos unas condiciones algo más éticas en la relación con el producto que consumimos – y que además nos representa nacional y emocionalmente – ya sería demasiado por hoy.

(Matt Dunham / AP)