Economía

“Mientras haya piratas habrá pateras”

Familias expulsadas de sus tierras, suelos que producen menos alimentos a causa de la especulación, la demanda de agrocombustibles... La tierra como negocio

Hablamos con Vicent Boix, que acaba de publicar su último libro Piratas y pateras. El acaparamiento de tierras en África.

 

Niños y niñas trasplantando arroz en Senegal (Pedro Cerrada)

Vicent Boix es escritor e investigador asociado de la cátedra “Tierra Ciudadana- Foundation Charles Léopold Mayer”, de la Universidad Politécnica de Valencia y colaborador del Grupo de Estudios sobre Agriculturas Africanas (GEsAA) de la misma cátedra. En su primer libro, El parque de las  hamacas (Ed. Icaria, 2007) se centraba en el agroquímico DBCP, un plaguicida que esterilizaba a los causantes de las plagas. Ahora, en Piratas y pateras. El acaparamiento de tierras en África (Ed. Icaria, 2012) explica cómo la tierra está dejando de ser un medio de subsitencia para convertirse en diana de especuladores.

Periodismo Humano. La tierra, ¿es el gran negocio?
V.B. La tierra es el último eslabón que tienen por controlar teniendo en cuenta que ciertos eslabones de la cadena alimentaria exportadora ya están acaparados por multinacionales (semillas, intermediación, etc), y que los mercados de futuros están atiborrados de inversionistas y especuladores.

Hasta ahora, la inestabilidad política y la falta de beneficios a corto plazo había hecho de la tierra una inversión poco atractiva, pero eso ha cambiado con la crisis financiera, el incremento de los precios de los alimentos, la demanda creciente de agrocombustibles y la necesidad de frenar el cambio climático. La tierra se ha convertido en un activo estratégico para la inversión y es indiscutible el desembarco hacia las antiguas colonias para controlar sus recursos y configurar su funcionamiento interno de acuerdo a las necesidades primermundistas.

P.H El acaparamiento de tierras, ¿es ya un hecho?
V.B.: En general, estamos en una fase de trasiego de tierras. Ahora los especuladores son los que se están haciendo de oro. Las tierras de unos 60 países en todo el mundo están en el punto de mira de inversionistas y de, al menos, una docena de gobiernos.

PH: ¿Por qué África especialmente?
V.B.  Sintetizando, porque tiene mucha tierra fértil, mucha agua, mano de obra barata, leyes ambientales y sociales muy laxas, tenencia de la tierra difusa y buena posición geográfica.  Además de administraciones y gobiernos débiles. Y digo débiles porque no podemos calificarlos de corruptos con todo lo que tenemos en España.

P.H. Habla de leyes ambientales laxas y en el libro recoge que “se está exportando a África el modelo intensivo, industrial y químico que degradó tierras en otras zonas”.

V.B. Exacto. Están trasladando el problema en lugar de solucionarlo. The Earth Security Iniciative apunta a los fertilizantes y pesticidas como un factor importante que ha contribuido a la degradación de la tierra. Según esta organización, el uso de fertilizantes creció un 500% en el último medio siglo. Su uso excesivo e irresponsable está considerado como una de las causas que más afectan a los ecosistemas.

Además, según la Rural Advancement Foundation International el 67% del comercio mundial de semillas era manejado en 2007 por 10 grandes multinacionales. Sólo Monsanto detentaba casi el 25%. Y, de acuerdo con esa misma fuente, 10 empresas controlan el 89% del comercio de agroquímicos. De ellas, las seis más poderosas participan en el negocio de las semillas.

Cuidando la tierra en Burkina Faso (Luis Martínez)

PH. En su libro, no solo acusa a gobiernos y multinacionales, también al Banco Mundial.
V.B.: El Banco Mundial y la FIDA (Fundación para la Investigación y el Desarrollo Ambiental) también han participado en operaciones de acaparamiento de tierra. Según los informes de GRAIN, al menos colaboraron en una perteneciente a Uganda junto al gobierno de la nación y la compañía de Singapur Wilmar International Limited. Esta inversión no estaría destinada al cultivo alimentario sino a la siembra de palma de aceite en 40 mil hectáreas.

P.H. También subraya la implicación de la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA, por sus siglas en inglés) impulsada por Kofi Annan junto a organizaciones como la Fundación Bill & Melinda Gates o  la Fundación Rockefeller.
V.B.: Tienen gran capital y apoyos. AGRA está vendiendo mucho el aspecto solidario de crear comida pero lo que hay detrás son los cultivos transgénicos y el acaparamiento de tierras. Frente a un problema como el hambre hay algunos que apuestan por soluciones tecnológicas: hay que producir más y para ello utilizan transgénicos pero el hambre como dijo el  Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier De Schutter,  es una cuestión política.

Además, como denuncia Vía Campesina, la Fundación de Bill Gates adquirió 23 millones de dólares en acciones de Monsanto. Está claro que priman los intereses económicos. La gente debería informarse más sobre los transgénicos y cuál es su relación con las patentes y entenderían qué hay detrás de esa defensa: dinero.

PH. Una de sus denuncias es que detrás del acaparamiento de tierras subyace tanto la idea neocolonial de mejorar la gestión de la tierra como el que esas tierras no son privadas.

V.B. Así es. Para algunos expertos, el 90% de las tierras de la África subsahariana no dispone de títulos o escrituras. La situación en cuanto a la tenencia y los derechos de la tierra es muy complicada y varía en cada país. Pero, por regla general, la población se encuentra indefensa ante la gran avalancha de proyectos de acaparamientos que amenazan los terrenos en los que viven y sobre las cuales no tienen títulos de propiedad.

En cualquier caso, desde aquí decidimos que es bueno y malo para ellos. Subyace la idea neocolonial de “mejorar la gestión de la tierra” porque esas tierras no tienen para ellos utilidad. Y en muchos casos se amparan en decir que esas tierras comunales no son privadas. No se les pregunta ni se tiene en cuenta el significado cultural que tiene la tierra para los africanos.

PH. Pone como ejemplo a la tribu Giriama de Kenia y a los graves problemas que les está ocasionando el cultivo de jatrofa.
V.B.  En las tierras de la tribu de  Giriama, la empresa italiana Nuove Iniziative Industriali ha proyectado sembrar 50.000 hectáreas de jatrofa para obtener agrocombustible. Si se aprueba el proyecto, 20 mil personas podrían ser expulsadas de sus tierras, como contó Joana Socías en El Mundo. Y encima, parece ser que embaucaron a ciertos campesinos diciéndole “¿para qué vas a cultivar tus cultivos si puedes plantar jatrofa que te la compraremos seguro?”.  Además la jatrofa es un cultivo dañino para los animales.

P.H.: Éste es solo uno de la gran cantidad de ejemplos de acaparamientos de tierra que recoge. En su opinión, ¿cuáles son los más flagrantes?
V. B. Para mí son dos: el de Mercatalonia por la dialéctica y el de HarsCapital por sus implicaciones con las armas.
Mercatalonia es una compañía española que pretende acaparar 200.000 hectáreas en Gambia. Este país tiene alrededor de un millón, lo que supone que hablamos de cerca de un 20% del conjunto total. Además en este país la mitad de la superficie son bosques y tiene una altísima densidad poblacional. O bien han de meterse en los bosques o en las tierras de la gente.
Y acaparan tierras en Gambia con un mensaje solidario. Tienen una ONG, una fundación, un canal de comercialización…En su web, hablan de Afropalma2020, un proyecto que presentan como solidario pero cuyo eje central son los agrocombustibles y para el que cuentan con el apoyo de bancos como La Caixa.

El otro ejemplo es el de Jarch Captial, un fondo de inversión neoyorquino que tiene relaciones con el hijo de Paulino Matrip, un señor de la guerra de Sudán. Aspira a tener bajo su control 300.000 hectáreas de Sudán del Sur para especular. Es todo muy turbio.

P.H.: El libro está dedicado al Sindicato Andaluz de Trabajadores y al Sindicato Obrero del Campo, ¿por qué?.
V.B.: Cuando salieron a la luz los hechos protagonizados por el SAT, enseguida se les estigmatizó. Los medios la hicieron pasar por una acción de pillaje cuando hay una connotación política a tener en cuenta. Estoy seguro de que no harían eso en un pequeño comercio; sabían a quién se lo hacían y por qué. Todas las organizaciones alimentarias señalan a la grande distribución como la causa principal de la crisis de la agricultura porque tienen un oligopolio para comprar y vender y están imponiendo unos precios de miseria a los agricultores. El año pasado un agricultor recibió de media 15 céntimos de euro por un kilo de naranjas que después a lo mejor en España se puede vender a 1 euro y en Europa puede llegar a los 3. Hace 20 años les pagaban el doble.

P.H.: ¿Puede concretar más?
V.B.: Sí. Según el último censo agrario disponible (de 1999) en España hay aproximadamente dos millones de explotaciones agrarias. Hay 50 millones de consumidores y 7 supermercados centrales que distribuyen el 75% de la alimentación en España. Es obvia la posición de dominio que tienen, con lo cual pueden pagarle al agricultor lo que ellos quieren.

El Sindicato de Obreros del Campo de Andalucía denuncia otra serie de problemas endémicos como es la posesión de la tierra. Andalucía en algunas zonas tiene un índice de acaparamiento brutal: cuatro señoritos, terratenientes, controlan grandes extensiones de la tierra. Y los sindicatos a los que se dedica el libro luchan contra ello.

P.H. La solución, ¿son los Canales Cortos de Comercialización?
V.B.:  La alternativa revolucionaria habla de una apuesta por los Canales Cortos de Comercialización (CCC) para acabar con los intermediarios.  La alternativa reformista es la que dice que el gobierno ha de controlar y establecer lo precios. Yo apuesto por la revolucionaria, por los CCC y por la soberanía alimentaria.

Según la Rural Advancement Foundation International, el 26% del mercado mundial de comestibles empaquetados es colmado por 10 transnacionales (Nestle, Pepsico, Kraft, Coca-cola, Unilever, Danone, etc). Hay que intentar consumir lo que se produce aquí. También hay que presionar a ciertos supermercados, denunciar a los bancos que apoyan los acaparamientos de tierras… La publicidad mala es lo que les puede hacer daño.

P.H. ¿El poder es del consumidor?
V.B.: El poder es del consumidor, del ciudadano, que ha de saber que los piratas no son los que salen en televisión. Para mí las personas a las que se acusaba de piratas en el caso de Somalia, no son tales, son gente que quiere vivir y comer y se les está quitando su medio de subsistir. Hay piratas europeos, norteamericanos y asiáticos que están yendo a África a apoderarse de las tierras. Mientras que haya piratas habrá pateras.

El título del libro es las dos caras de la moneda: los que van a quitar y los que se tienen que ir porque se les ha quitado. Los piratas generan pobreza y hambre y eso se traduce en que tienen que huir en pateras.