Culturas

“La única forma de erradicar la ablación será con pedagogía”

Entrevista a Omer Oke, director de La causa de Kripan y Querida Bamako

Sus películas tratan temas sociales como la ablación y la inmigración

Tiene claro el papel que juegan los medios de comunicación en este país, pero también es consciente que hay que buscar nuevas fórmulas de comunicar y de sensibilizar a la población para conseguir el cambio social. Omer Oke es africano, de Benín, y desde que llegó a España en 1991 no ha parado de hacer cosas. Se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad del País Vasco, donde reside actualmente y en cuyo gobierno fue director de Inmigración (2001-2006). Durante algo más de un año ha dirigido el periódico Socialpress, que recibió el premio de solidaridad de la ONCE , “el papel es una ruina, así que ahora estoy modificando el proyecto para pasarlo al digital”.

Omer Oke durante el rodaje de La causa de Kripan en Burkina Faso

Omer Oke fundó su propia productora audiovisual, Socialprod, de dónde en el 2006 salió su primera película, Querida Bamako, codirigida con Txarli LLorente y estrenada en el Festival de Cine de San Sebastián. En 2009 ganó el premio al mejor largometraje en el Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara en Cuba.  “El cine es una herramienta poderosa para llegar al público”. Ahora trabaja de forma paralela en dos documentales y tres películas.

El año pasado estrenó La causa de Kripan, una película “rodada con un presupuesto bajísimo y en condiciones muy aventurosas”, dime Oke, pero que caló en el Festival de cine de Valladolid donde recibió el premio del público y una mención especial del jurado. La causa de Kripan no es un documental pero está basada en una historia real, de esta forma Omer Oke aprovecha para tratar un tema tan polémico como es la práctica de la ablación.

Omer Oke ha encontrado en el cine su altavoz. En esta entrevista nos habla de las causas y consecuencias de la mutilación femenina, de la inmigración del continente africano hacia Europa, de política, pero sobre todo, de responsabilidad como ciudadanos para exigir y participar en el cambio social.

PREGUNTA: En La causa de Kripan, tu última película, hablas de un tema tan polémico como la ablación, ¿qué te llevó a ello?

OMER OKE: Lo escogí porque cuando estaba rodando Querida Bamako en Burkina Faso, el ayudante de producción local me contó la historia de su hija, quien estuvo a punto de ser cortada y él lo evitó. Empecé a obsesionarme viendo a los niños y niñas por las calles, me pregutnaba constantemente “¿a esta se lo habrán hecho? ¿Habrá sufrido?”. Yo soy de un país fronterizo con Burkina Faso, del sur, donde no se practica la ablación, por lo que es un tema que me quedaba muy lejano, pero durante mi estancia en Burkina Faso fue algo que me sensibilizó bastante y decidí contar la historia dándole una dimensión que fuera más allá de Burkina Faso.

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P: Los partidarios de la ablación argumentan que forma parte de la tradición, sin embargo, los defensores de derechos humanos consideran que es, en toda regla, un atentado contra la mujer. En el proceso de documentación escucharías de todo.

O.O.: Hablé con muchos hombres y mujeres y hay opiniones para todos los gustos. La cosa está tan normalizada que a nadie le soprende, no es como aquí que nos llevamos las manos a la cabeza. En Burkina Faso hay gente que entiende que es una práctica que procede de la tradición pero no lo comparten, piensan que hay cosas que tienen que cambiar y evolucionar. Otros, incluso la comparan con la operación de fimosis de los chicos, que desde luego no es lo mismo, porque la ablación tiene unas consecuencias para las mujeres muy brutales.

También hay una cuestión general, que es la estructura social y jerárquica de estas sociedades, donde los mayores tienen mucho peso en las decisiones que afectan a la vida de la gente y, de esta forma, se ha forjado una cultura en la que no conciben a las mujeres sin ablación y esto importa mucho para los jóvenes a los que se les ha inculcado desde pequeños. Los que han ido a la escuela o tienen capacidad de comparación discrepan con seguir con esta práctica. Pero el sentimiento general de la gente con la que hablé es que entienden la preocupación que se tiene desde fuera, pero plantean que son sus tradiciones y no las van a abandonar.

Es una cuestión complicada que se tiene que abordar porque es inaceptable. Pero hay una labor didáctica importante que necesita no solo de una gran implicación, sino de una gran inversión económica que actualmente no existe.

“Se estima que 135 millones de niñas y mujeres han sufrido la mutilación genital y que cada año dos millones de niñas corren riesgo de sufrirla – aproximadamente 6,000 cada día-“, señala un informe de Amnistía Internacional EEUU. A día de hoy, la mutilación genital femenina es una práctica ilegal en 28 países africanos que ratificaron la  Convención de la ONU para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación Contra la Mujer.

P: Se han ratificado diversos protocolos de derechos humanos contra la ablación, uno de los más importantes es el de Maputo, específico en el tema de la mujer y que impulsó que se ilegalizara. Está pesando mucho la tradición.

O.O.: Sí que está pesando y se ve en todos los temas porque en muchos países europeos se han ratificado protocolos de derechos humanos que no se cumplen a la hora de aplicarlos de forma efectiva en el país. Un político de cara al exterior puede firmar todos los protocolos que quiera y trasladarlos a la ley, pero tiene que tener en cuenta cosas como la opinión pública y la reacción social que pueden tener, en un marco democrático, efectos electorales negativos para un partido.

La ablación se controlará con sensibilización, no con cárcel

Hay otro elemento a tener en cuenta, como tener los medios suficientes para poder aplicar la norma, cosa nada fácil porque las relaciones familiares y el control social en los pueblos para seguir manteniedno las tradiciones es mucho más fuerte que el poder que el Estado pueda hacer a la hora velar por la aplicación de una ley. No hay policías suficientes para vigilar la ablación clandestina, pero tampoco hay un trabajo de sensibilización permanente para transformar las mentalidades para que se elimine esta práctica lo más rápido posible. El verdadero control de la situación se verá no porque haya más gente en la cárcel, sino porque la gente entienda que es una práctica que no sirve. Y hoy por hoy, el Estado no tiene los medios económicos para hacer valer la ley, ni para garantizar la labor pedagógica.

Curiosamente antes de la ley, la cifras de mujeres cortadas eran muy elevadas, cuando la ley entró en vigor, las cifras bajaron y poco después volvieron a subir, porque la ablación empezó a practicarse en clandestinidad. Es una evolución absurda que tiene que enmarcarse dentro de una lucha global contra la violencia de género.

Fotograma de La causa de Kripan

P: El protagonista de La causa de Kripan es un hombre que vive en un pueblo del País Vasco y es quien se opone a que le practiquen la ablación a su hija. ¿Su oposición tiene que ver con que viva alejado de sus costumbres?

O.O.: Se opone porque, evidentemente, vivir fuera ha reforzado la visión que ya tenía sobre la ablación a partir de una experiencia que tuvo en su casa, en Burkina Faso. Cuando ve las cosas desde la distancia la perspectiva siempre es diferente que cuando estás dentro.  Pero no es que al estar viviendo fuera de su país le haya abierto los ojos y se transforme en el luchador, es que ya estaba en contra, pero dentro su capacidad de transformación era poco por el peso de la tradición y esto supone romper un valor tan importante en esto lugares como la familia, y no me refiero solo a la familia nuclear, sino en el sentido más amplio.

P: ¿La mujer tiene una postura más radical a favor de esta práctica?

O.O.: La mujer es un producto de su sociedad. Es como decir a una persona que si no haces tal cosa no va a lograr la felicidad. Cuando hice el preestreno en Vitoria de la película se me acercó una chica de Burkina Faso y me dijo que había recordado exactamente cómo sucedían allí las cosas, porque su padre no había permitido que la cortasen. Las primeras que la rechazaron fueron sus amigas que la excluían de su círculo de juego e intentó cortarse ella misma. Después estuvo viviendo en Francia, donde intentó hacerlo vía médica, pero no lo permitieron. Esta chica tuvo que pasar un largo proceso para entender las consecuencias físicas y psicológicas que puede causarle.

En Burkina Faso, la mujer es un producto de su sociedad

En Burkina Faso, hablé con otra chica sobre el tema del placer sexual y me decía, que cuando no tienes clítoris desarrollas otras maneras para poder disfrutar. Te encuentras algunas respuestas que te hacen reflexionar y preguntarte que cómo hemos podido llegar hasta este punto.

El trabajo desde Europa no es levantar una prohibición, el trabajo está en la sensibilización sobre el terreno y esto implica inversión de dinero, sino, seguiremos teniendo una gran cantidad de niñas cortadas y de mujeres sufriendo las secuelas que esto supone.

P: Otro tema que tratas en esta película es la solidaridad, representada en el mismo pueblo, en Kripan. ¿En la historia real el pubelo también se volcó?

O.O.: Esa parte está ficcionada porque la historia real ocurrió en África, entre Burkina Faso y Mali. Pero hemos querido trasladarla a Europa para darle una dimensión más internacional a la cuestión, que desde luego, no es una cosa solo de africanos ni de mujeres, es un tema que afecta a todo el mundo y para su erradicación tenemos que implicarnos. Por eso la solidaridad internacional es importante y queríamos tratarlo así en la película. En el guión metimos la historia de un pueblo en España, Kripan para poder tratar también el tema de la inmigración.

La historia de Moussa, que Oke recoge en Querida Bamako, es la de muchos africanos que emprenden el viaje hacia Europa. En esta ocasión también evitó rodar un documental para narrar las penurias que se sufren cuando uno decide abandonar su país en busca de mejor suerte.

P: Querida Bamako ha tenido una importante difusión, lo que significa que mucha gente ha podido ver cuál es el sentir y esa “aventura” de la inmigración.

Fotograma de Querida Bamako

O.O.: Ha tenido muy buena difusión nacional e internacional, siempre fuera de los circuitos comerciales. Sin embargo, creo que puedo decir que con la cantidad de gente que la visto en el mundo, si se hubiera visto en cines sería una película de una gran recaudación. Estamos contentos porque se ha visto en África, varios países de Europa, America Latina y Estodos Unidos.

P: No sé si ha estado en alguna proyección con público africano, con inmigrantes que se hayan podido sentir identificados con los protagonistas.

O.O.: Querida Bamako la han visto muchos africanos y muchos inmigrantes no africanos y siempre hay quien se identifica. Mucha gente me ha preguntado si yo llegué a España por alguno de los caminos que mostramos en la película.

Querida Bamako se ha hecho documentándonos muy bien en las historias y caminos, de hecho hay una participación directa de las personas que han realizado estos caminos. Después, hay un parte ficcionada que la hemos hecho por la riqueza y libertad que nos permite el lenguaje cinematográfico para poder construir una historia en torno a tantas que nos contaron en el momento de hacer el guión. Había tantas historias diversas y ricas, que quería contarlas todas, pero en un documental tradicional de 90 minutos creo que poca gente lo aguantaría, por eso combinamos una parte muy real que son los testimonios con otra, que no deja de ser realista, pero que es una escenificación de lo que nos han contado.

P: ¿Con esta película querías sensibilizar con que Europa no es El Dorado?

O.O.: El sentido de la película es mostrar la parte que no aparece en los informativos, porque muchas veces pensamos que el camino empieza justo en Marruecos. No vemos toda la aventura previa, la que pasa antes de llegar a las costas españolas. Hemos intentado documentar esos caminos que no se hacen en dos días. Hay gente que viaja durante años para llegar aquí, y queríamos mostrar que es un camino duro, difícil y para emprenderlo hay que estar preparado. Y lo más importante, queríamos mostrar que cuando terminas ese camino y pasas la frontera, hay otro camino mucho más largo y poco claro en cuanto a su futuro y hay que preguntarse si realmente merece la pena hacer el viaje.

No puedo decirles “quédate allí y reza”

Yo no puedo decirle a la gente “no vayáis” porque si están sufriendo, no tienen futuro. Si la gente busca un futuro mejor, yo no les puedo decir “no, no, quédate allí y reza“, pero si puedo decir que es pasar un infierno sin saber si se va a encontrar lo que se busca.

P: Es mucho sacrificio para no saber qué te espera

O.O.: Cuando estábamos en Tánger rodando nos encontramos con unos chicos de Nigeria y de Camerún que llevaban cinco años allí y otros cinco viajando. Ahora viven en clandestinidad y de la mendicidad porque no pueden trabajar , porque si los pilla la policía los devuelven al desierto. Algunos de ellos trabajaron como extras en la película y cuando les pregunté que por qué no volvían a sus casas me dijeron:

Yo me levanto todas las mañanas España, por las noches veo las luces y los coches que pasan. Mi objetivo está delante, no puedo volver a desshacer todo el camino que he hecho, sin dinero, sin nada, para llegar a Nigeria cinco años después  y qué digo.

Ante esto solo puedo decirles que, en todo caso, lo que van a encontrar no es mejor que lo que encontrarán cuando vuelvan a casa.

P: Los dos temas que has realizado son realidades muy concretas, ¿por qué haces cine de ficción y no cine documental?

El mar es uno de los caminos que los inmigrantes usan para entrar en Europa

O.O.: Sí que me planteo hacer cine documental, de hecho tengo uno sobre trabajadoras invisibles, sobre esas mujeres que trabajan como servicio doméstico en pésimas condiciones laborales. Pero hago ficción porque entiendo que me da la posibilidad de mostrar los temas a la vez que puedo hacer que resulte atractivo para un público más amplio.

Además, la ficción es una herramienta que me permite a la vez introducir elementos estéticos y pasar la información, denunciar. El documental te permite trasladar la información y estar pegado a la realidad, pero no llega a mucha gente.

P: ¿Crees que el cine, da igual el género, es más útil es algunas ocasiones que la política?

O.O.: Yo creo que es más útil que la política porque llega directamente al público y a partir de ahí, puede concienciarse y presionar al político para que las transformaciones puedan hacerse realidad. En este sentido el cine es importante, porque con las imágenes, el sonido, el lenguaje cinematográfico tiene un fuerte poder. Por otro lado, estamos en un mundo en el que la imagen es la gran aceptada por el público, por eso hay tantas cadenas de televisión. Por eso el cine y los documentales son muy importantes para la sensibilización del público.

Cuando un político quiere hablar de un tema hay gente muy concreta que va a escucharle. Pero cuando las organizaciones no gubernamentales organizan charlas ¿cuánta gente va? muy poca gente. Si el objetivo es sensibilizar hay que desarrollar otras herramientas, como los soportes audiovisuales para que el mensaje pueda llegar. El cine es importante para sensibilizar, denunciar y mostrar también las buenas prácticas.