El ugandés Emanuel Mukasa creció encerrado en un cobertizo cuidando perros y sin contacto con el exterior. Así protegió un campesino a este albino de que fuera asesinado para usar su cuerpo para la brujería. Lleva un año y seis meses en Melilla esperando la resolución de su solicitud de asilo, desesperado por no poder hacer nada más que ver cómo otros llegan y pasan a la Península y preguntarle a Dios “por qué le ha traído aquí”.
- El Defensor del Pueblo abre de oficio un expediente por el caso de Emanuel Mukasa
















