El camino de la pobreza lleva a las madrasas

Mustafa Jan, vendedor de cigarrillos a un lado de la carretera en una aldea pakistaní, tiene una simple razón para enviar a sus dos hijos a una madrasa (seminario islámico) y no a una escuela del gobierno. “No podemos pagarla”, dice. “No tenemos el dinero para comprar los libros de texto ni los uniformes. En la madrasa, donde estudian mis dos hijos mayores, dan comida gratis, además de una educación musulmana”, explica Jan.

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