Sociedad

La mujer que quiso acabar con el peor sistema escolar de Estados Unidos

La polémica reformista Michelle Rhee en su intento por cambiar el rumbo de las escuelas públicas de Washington

El 70 por ciento de los estudiantes en escuelas públicas de la capital reciben comidas gratis o con descuentos

Los estudiantes de la capital de Estados Unidos llegan al instituto con un nivel de lectura de niños de ocho años

Michelle Rhee: “Te levantas todas las mañanas y sabes que los niños de este país están recibiendo una educación realmente nefasta”.
Entrevistador: “Entonces, ¿crees que la mayoría de los niños reciben una educación lamentable?”.
M. Rhee: “No es que lo crea, lo sé”.

Tajante. Dura. Seca. Sincera. Michelle Rhee. Hasta la madrugada de ayer Consejera de educación del Distrito de Columbia.

Llegó al puesto con un sólo amigo, el alcalde de Washington, D.C., Adrian Fenty. No se ha preocupado en hacer muchos más y su trabajo tampoco ayuda. Ha despedido a 226 profesores, en el primer año cerró 23 escuelas del sistema público de la capital y expulsó a 36 directores, incluído el del colegio de sus dos hijas.

Michelle Rhee en la portada de la revista TIME

Michelle Rhee en la portada de la revista TIME

“La vida de nuestros niños está en juego ahora mismo, y estamos tomando todas las decisiones equivocadas”, declaró Rhee la pasada semana en el programa de Oprah Winfrey. “Te doy un ejemplo. La gente viene y me dice ‘Consejera Rhee es usted tan dura y agresiva, si hay un profesor poco efectivo, ¿no cree que deberíamos darle el tiempo y los recursos para que mejoren?’ Pero yo veo esto desde mi punto de vista como madre y puedo asegurarte que si llego al colegio el primer día y el director me dice que les ha tocado un profesor que no es muy bueno, pero le van a dar todo el año para ver si puede mejorar; que puede que mi hija no aprenda a leer, pero creemos que hacemos lo correcto con el profesor… Nunca aceptaría eso”.

Oprah acababa de colgarle el título de “mujer guerrera”.

Rhee llegó a Washington en 2007. Ahora Fenty acaba de perder las primarias y lo más seguro es que abandone el puesto en noviembre y arrastre a su protegida, dejando en el aire un plan de reformas para ocho años. No faltan quienes consideran que Rhee tuvo un papel importante en la derrota del alcalde. La posible marcha de la consejera de educación inspira estos días tantas conversaciones como su polémico aterrizaje en la capital.

Han sido dos años y medio de enfrentamientos con profesores, con sindicatos, con directores de colegio -se entrevistó con ellos uno por uno- y con la administración. Si Rhee encontró en las aulas las peores notas de todo el país, en el ayuntamiento topó con la burocracia de un sistema que otorga la permanencia a los profesores con sólo dos años de experiencia, algo que hace prácticamente imposible despedirles cuando no hacen su trabajo.

Uno de los planes con los que quiere terminar Rhee es el “programa de los 90 días”. Cuando el director del colegio considera que uno de los profesores no está trabajando a un nivel aceptable, le da tres meses para mejorar su actuación. Sin embargo, y a pesar de los malos datos que tienen los directores, no siempre aprovechan este plan por el tiempo que consume en trámites burocráticos. La revolución de Rhee consiste en cambiar el sistema de evaluación a los profesores –hasta ahora basado en las notas de los alumnos- para considerar desde el trabajo en el aula o los datos de asistencia de los alumnos, hasta las aportaciones a la comunidad escolar.

En 2008, la revista Time describía las reuniones en la consejería de educación de Washington “como diplomáticos en un tour por un campamento de refugiados y hablando de la necesidad de mejores cortinas”.

Los refugiados en este caso son miles de estudiantes de la capital de Estados Unidos que llegan al instituto con un nivel de lectura de niños de ocho años. Las escuelas públicas de Washington D.C. suspenden en calidad en todos los cursos de primaria.

Fenty eligió para el cargo a una mujer descendiente de coreanos, en una ciudad de mayoría afroamericana, sin experiencia dirigiendo un colegio y mucho menos un departamento en la consejería de educación con 11.000 empleados y 50.000 escolares. No ha dejado de apoyarle en ninguna de sus decisiones. Rhee prometía ser la única persona dispuesta a enfrentarse con todos sus empleados para arreglar un sistema que, según ella misma, llevaba demasiado tiempo fallando a los estudiantes. Y lo cumplió.

“Ojalá pudiera despedir a la mitad de mis empleados”, declaraba el director de uno de los institutos de Washington, D.C., a la cadena PBS. Se lo impedían los acuerdos con los sindicatos de profesores y un sistema basado más en privilegios que en méritos. A Rhee se le ocurrió un atajo: pidió al gobierno de la ciudad más competencias para poder pasar por encima de los sindicatos. Lo consiguió. A cambio prometió negociar nuevos convenios y planes de jubilación con las uniones de profesores. Más de 200 despidos después, las conversaciones siguen en marcha.

Michelle Rhee en una visita al centro educativo elemental J.O. Wilson en Washington (AP Photo/Manuel Balce Ceneta)

Una de las quejas de Rhee durante estos años ha sido que los profesores no siempre están preparados para lo que después encuentran en las clases. Las universidades no enseñan a controlar un aula en la que la mitad de los estudiantes llegan de casa sin desayunar, cuyos padres no siempre saben leer y rodeados a veces de violencia. El 70 por ciento de los estudiantes en escuelas públicas de la capital reciben comidas gratis o con descuentos. Cuatro de cada cinco escuelas siguen recomendaciones especiales por estar en “condiciones de pobreza”.

La consejera se declara consciente de que la pobreza “es una montaña que todos los estudiantes de la capital deben escalar a diario”. No abandonar los estudios es una proeza. Llegar a la universidad, una excepción. Sólo el 9 por ciento de los estudiantes de Washington que terminan el instituto acaban obteniendo un título universitario.

Sistemas de escuelas públicas de todo el país miran al proyecto de Rhee de reojo. Si funciona como lo ha hecho en los dos primeros años, podría implantarse en ciudades de Nueva York, California o Illinois. Profesores, directores y estudiantes esperan. “Esperan a Superman” como ironiza el último documental sobre el sistema educativo de Estados Unidos. Los creadores de “Una verdad incómoda” han decidido fijarse en la siguiente. Pero Michelle Rhee llegó primero.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie