Sociedad

Ciberpatriotas de 14 años

Todos los participantes son estudiantes entre 14 y 18 años que aprenden sobre seguridad informática como una actividad extra escolar

Un programa para aspirantes al ejército cautiva ahora a centenares de adolescentes que aprenden nociones de cyberdefensa

Sus creadores quieren impulsar puestos de trabajo relacionados con el sector, en constante crecimiento en EEUU

Ciberpatriotas ganadores del concurso en 2009. Pertenecen al instituto de Clearfield, en Utah. Foto: USCyberpatriots.org

Un estudiante de 17 años con aspiraciones de convertirse en mecánico. En su futuro se cruza un concurso para encontrar almas americanas dispuestas a defender la seguridad nacional desde la pantalla de un ordenador. El estudiante se convierte en el líder del mejor equipo de “ciberpatriotas” en Estados Unidos, superando a más de 180 equipos con el mismo sueño. Desde una pequeña localidad en Utah acaba compaginando su carrera universitaria con unas prácticas profesionales en una multinacional de seguridad informática, vigilancia y espionaje que comparte contratos con el Ejército estadounidense.

La mayoría de estos chavales están expuestos prácticamente todo el día a la tecnología, tienen perfiles en redes sociales, compran a través de Internet, pero no saben apenas nada de seguridad ni de cómo defenderse en la red“, asegura Diane Miller, directora de Ciberpatriotas, un programa patrocinado por la multinacional Northrop Grumman.

Ciberpatriotas fue creado hace tres años por la Asociación de las Fuerzas Aéreas, una organización no gubernamental que, desde el ámbito civil, se encarga de difundir información sobre el poder aeroespacial y su importancia en la defensa de Estados Unidos. Su único vínculo con el ejército consiste en la promoción de becas para estudiantes que quieran alistarse.

El programa piloto buscaba completar la preparación de los soldados junior de las fuerzas aéreas, jóvenes en los primeros años de adiestramiento, para involucrarles en nociones de ciberseguridad. El atractivo del concurso hizo que escapara de sus manos. El primer año sólo compitieron soldados de las fuerzas aéreas -en EEUU te puedes alistar a los 17 años en el ejército, mientras terminas el último año de instituto-, pero pronto llamó la atención de colegios en todo el país.

“Empezó como un concepto muy simple y en sólo tres ediciones su popularidad ha explotado”, comenta Miller. En la primera edición sólo se presentaron ocho equipos de Orlando, en Florida, y todos los participantes pertenecían ya a las fuerzas armadas. Al año siguiente había 180 candidatos de institutos de todo el país y tuvieron que crear rondas eliminatorias para poder celebrar una final a seis. En la edición de 2011 el concurso ya era internacional, con la participación de escolares de Japón y Corea del Sur.

Todos los participantes son estudiantes de entre 14 y 18 años que aprenden sobre seguridad informática como una actividad extra escolar. Sanford Schiltt, vicepresidente del Consejo de Educación de la Asociación de Fuerzas Aéreas, destacó de la compañía Northorn Grumman que “su capacidad única para apoyar esfuerzos para entrenar y orientar a los equipos [de escolares] ayuda a llevar experiencias de la vida real hasta las aulas“. Para Douglas Reeves, profesor de ingeniería informática en la Universidad de Carolina del Norte, la temática del concurso y la edad a la que participan los estudiantes deberían despertar cierta preocupación.

“Si quieres acercarte a los jóvenes en un momento en el que estén abiertos a sugerencias, tienes que hacerlo a esa edad. Pero el contenido de Ciberpatriotas tiene muchas complicaciones éticas y un estudiante de 14 años puede no entenderlo completamente. El riesgo está en utilizar lo que aprenden para atacar a otros”, comenta Reeves.

Miller reconoce que muchos de los participantes apenas han oído hablar del concepto de ciberguerra y mucho menos de ciberseguridad, antes de registrarse en el programa.

“Todos estamos conectados a teléfonos y ordenadores, dependemos de la tecnología, pero apenas hay conocimiento de los sistemas de seguridad que esto requiere, de todo lo que hace falta para proteger nuestra información”, dice Miller. Al parecer, una de las soluciones sería implicar los cerebros de miles de estudiantes en el futuro de la ciberdefensa norteamericana.

Cada uno de los equipos recibe un mensaje al comienzo del concurso: el personal técnico de una empresa acaba de ser despedido; están encargados de mantener la conexión a Internet, asegurarse de que todos los empleados tienen correo electrónico y proteger también todos los datos y conexiones de seguridad. A partir de aquí, el programa mitad concurso mitad lección de informática aderezada con una dosis de suspense, cautiva cada año a más adolescentes. Sus ordenadores reciben ataques informáticos, fallos de conexión, problemas en el sistema operativo de los ordenadores y hasta virus. Durante la final, el único momento en el que los equipos rivales se ven las caras, un grupo de hackers, -el equipo “rojo”, escondido también detrás de una cortina roja- lanza ataques informáticos a los servidores que controlan los chavales. No sólo deben cumplir con la misión de defender el sistema, también tienen que superarlos y protegerse para la próxima incidencia.

Bernie Skoch, comisario del concurso, destaca la competitividad de los adolescentes para engancharles en programas como éste. “A los jóvenes les atrae la competición. Reciben muchas instrucciones en el aula, a veces les interesa y a veces no, pero en general, si les pones en un ambiente de competición, les interesa porque quieren ganar. Y si al mismo tiempo conseguimos que aprendan, entonces es beneficioso para todos”.

La empresa de seguridad global Northrop Grumman desarrolla desde programas educativos hasta aviones no tripulados para recabar datos de inteligencia. Está valorada en 8.400 millones de dólares, tiene más de 24.000 empleados y oficinas en 18 países. Hace unos días consiguió un nuevo contrato con las Fuerzas Aéreas estadounidenses: por 372 millones de dólares creará una antena satélite para el bombardero B-2, para que pueda recibir y enviar información del campo de batalla 100 veces más rápido que en la actualidad.

Grumman nunca dudó en patrocinar el programa de forma exclusiva. Quieren impulsar el concurso anual tan lejos como haga falta. La compañía dice haber encontrado una fuente de recursos humanos que responde a la creciente demanda de profesionales informáticos. Desde 2009 ha contratado a varios de los estudiantes mientras les ayuda a financiar su carrera universitaria.

“Esperamos que todos y cada uno de ellos hayan logrado apreciar los desafíos que supone la seguridad en el ámbito de internet y que quieran desarrollar una carrera profesional en ciberdefensa”, comentó Linda Mills, vice presidenta de Northrop Grumman, al término de la final el mes pasado. Cada uno de los ganadores recibe 2000 dólares para su matrícula universitaria. No es suficiente para pagarla al completo, pero el aliciente más importante para los estudiantes podría ser desde convertir una afición en una carrera profesional, hasta lograr un empleo con el que antes ni siquiera sabían que podían soñar.

Técnicas de reclutamiento controvertidas

Sin embargo, iniciativas similares llevadas a cabo por el ejército estadounidense no han disfrutado de tanto éxito como Ciberpatriotas. En 2008, decidieron  instalar una sede de reclutamiento en un centro comercial de Philadelphia. Tenía un presupuesto de 12 millones de dólares, contaba con simuladores de vuelo, una réplica de un helicóptero militar y decenas de ordenadores jugar a la guerra.  Las intenciones estaban camufladas a modo de salón de videojuegos especializados, eso sí, en operaciones militares. Pasaron por allí decenas de miles de adolescentes y sólo reclutaron dos centenares, pero la presencia del ejército en un lugar de ocio despertó una ola de protestas que terminó cerrando el local. Aún así el ejército consideró que la iniciativa fue “un éxito” según declaró entonces una portavoz a la agencia Associated Press.

“La mayor preocupación para los estudiantes y sus familias debería ser la interacción con miembros del Ejército. Si el concurso está patrocinado por una empresa y el dinero sólo sirve para financiar el concurso, entonces no es tan grave”, admite Reeves. Pero Estados Unidos acaba de vivir precisamente un episodio importante en cuanto a los límites que debería tener el Ejército a la hora de reclutar en recintos educativos. La ahora juez del Tribunal Supremo Elena Kagan, fue acusada de impedir el reclutamiento de nuevos soldados mientras ocupó el puesto de Decana de la Escuela de Derecho de Harvard, alegando que la normativa conocida como “Don’t Ask, Don’t Tell” -que impide a los soldados compartir abiertamente su homosexualidad- era discriminatoria.

En 2008, la Unión Americana por las Libertades Civiles, ACLU, publicó un informe en el que acusaba a Estados Unidos de violar las leyes internacionales por intentar reclutar estudiantes tan pronto como con 14 años de edad. Según un estudio realizado el colegios públicos de Nueva York, el 20 por ciento de los escolares afirmaron que miembros del Ejército habían utilizado el horario escolar para reclutarles. “Las herramientas elaboradas por el Ejército para atraer a menores de 18 años, incluídos videojuegos creados por el Pentágono, entrenamientos militares y bases de datos con información de los estudiantes no deberían tener lugar en las escuelas”, declaró entonces la responsable de Derechos Humanos de ACLU.

Según Miller, no hay sospechas de que las fuerzas armadas quieran utilizar el programa como un sistema de reclutamiento desde dentro de las escuelas: “El concurso está abierto a cualquier estudiante. Nuestro objetivo es responder a la demanda de profesionales en este ámbito y ampliar las posibilidades de los menores, no insistimos en que deban acceder al Ejército“. La compañía alega además que los distritos escolares que participan en el programa han visto aumentar en estos tres años la cantidad de estudiantes que acceden a la universidad y que además estudian carreras relacionadas con la informática, uno de los desafíos actuales para Estados Unidos.

Alta demanda de profesionales

“Estados Unidos no produce suficientes profesionales al año para satisfacer la demanda actual en este ámbito. Todo el mundo está preocupado, desde el Departamento de Educación hasta las universidades o la industria”. Según Reeves, el gobierno estadounidense podría contratar a todos los estudiantes de ingeniería informática que se gradúen en los próximos cinco años y aún así no sería suficiente. “Hay una sensación de urgencia, como si nunca vaya a ser suficiente porque la demanda no para de crecer, pero también estamos preocupados por los riesgos”.

En 2007, un informe de la Universidad de Boston encontró que el 60 por ciento de los empresarios declaran que el mayor desafío a la hora de contratar a profesionales estadounidenses era que estuvieran cualificados adecuadamente para el puesto. Dos años después, la organización Manpower declaró las vacantes de ingenieros como los más difíciles de ocupar desde el punto de vista de las empresas.

Y mientras que las universidades de Estados Unidos constituyen un sueño para millones de estudiantes de todo el mundo, la mayoría de los que logran acceder a sus aulas termina regresando a su país. Líderes empresariales como Bill Gates, Rupert Murdoch o Michael Bloomberg -también alcalde de Nueva York- alertan desde hace años que esa “fuga de cerebros” le va a salir cara a Estados Unidos. “Estamos formando a la competencia”, ha lamentado el presidente estadounidense Barack Obama en más de una ocasión.

Pero como reconoce Miller, quizás el mayor reto sea que ni siquiera los mismos estudiantes saben que hay ámbitos profesionales donde no dejan de abrirse vacantes. “Hay miles de puestos de trabajo que requieren profesionales en ciberseguridad, pero la mayoría nos dicen que nunca antes habían oído hablar de este concepto”. Tampoco lo habían hecho sus padres ni muchos de sus profesores: el concurso para encontrar ciberpatriotas americanos viene con una guía para padres y profesores temerosos de que los menores se conviertan en hackers.

De los malos, claro.

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