Cooperación

Solidaridad médica internacional en las revueltas árabes

El despertar árabe no está confinado a las fronteras nacionales, y son varios los que deciden contribuir con la lucha de sus vecinos

Saeed y otros dos médicos egipcios llegaron a Libia en un convoy organizado por la Unión Médica Árabe

Miembros de la Unión Médica Árabe en Libia (Sameh Saeed/IPS)

El cirujano ortopédico egipcio Sameh Saeed, de 26 años, estuvo entre los miles de manifestantes que en enero enfrentaron los gases lacrimógenos y camiones lanza-agua de la ya famosa batalla del puente Kasr al-Nil, en El Cairo. También fue uno de los que tomaron la plaza Tahrir y acamparon en ella hasta que el entonces presidente Hosni Mubarak (1981-2011) renunció, el 11 de febrero.

Pero aun reconociendo que a Egipto le queda un largo trecho por delante, el 24 de febrero Saeed y otros dos médicos egipcios llegaron a Libia en un convoy organizado por la Unión Médica Árabe. “Luego de nuestra revolución entendimos el significado de la libertad”, dijo en una entrevista telefónica desde El Cairo. “Y cuando uno ve frente a frente a gente de otros países luchando por el mismo propósito, no puede cruzarse de brazos”, opinó.

Se estima que en los primeros cinco días de violencia, en febrero, entre 100 y 250 personas fueron asesinadas en la nororiental ciudad libia de Bengasi. En ese mismo periodo, Médicos Sin Fronteras (MSF) reportó la llegada de 1.800 heridos a centros médicos de esa localidad. Aunque MSF destacó que los principales centros médicos de Bengasi estaban “bien equipados” antes del conflicto, Simon Burroughs, del equipo de emergencia, dijo que los trabajadores sanitarios de la ciudad se vieron sobrecargados durante las batallas más intensas entre los rebeldes y las fuerzas leales al gobernante Muammar Gadafi.

Una gran cantidad de personal de salud extranjero que estaba en el país antes del conflicto huyó de la violencia, dejando que los libios ocuparan sus lugares. Según Ryan Calder, candidato a un doctorado en sociología por la Universidad de California en Berkeley que en marzo y abril viajó por el oriente de Libia, hay varios motivos para la gran cantidad de trabajadores extranjeros en el área de la salud. “Algunos médicos extranjeros y libios a los que entrevisté dijeron que los centros de salud contratan a personal extranjero porque existe la percepción de que la calidad de la formación médica en Libia no es tan buena como debiera”, dijo. Calder también señaló que la abundancia de personal de enfermeria del exterior es común en muchos países árabes ricos en petróleo. El sistema de salud de Libia no es popular entre la población. Calder concluyó que “muchas personas culpan a Muammar Gadafi en particular por no brindar un sistema médico adecuado”.

Los libios también se quejan del alto costo de la atención de calidad, y a menudo viajan a Túnez o Egipto para obtener tratamientos o diagnósticos. Tanto Calder como organizaciones no gubernamentales dedicadas a la salud observaron durante el conflicto escasez de especializaciones, importante requisito en situaciones sanitarias críticas. Saeed ayudó a llenar ese vacío.

Luego de Bengasi, Saeed y sus colegas llevaron sus muy necesarios conocimientos a la sitiada ciudad de Misurata. En abril, 1.000 personas fueron muertas allí, donde también hubo varios miles de heridos desde marzo. Saeed llegó cuando parte de la ciudad todavía estaba bajo control de las fuerzas de Gadafi. “Había cientos de mercenarios en las calles y francotiradores por todas partes”, dijo.

La emergencia sanitaria de Misurata fue mucho peor de lo que había visto en Bengasi. “Algunos días, mientras yo operaba, a ellos no les alcanzaba el tiempo para limpiar la sangre del piso”, recordó.

En abril, Human Rights Watch reportó ataques indiscriminados de las fuerzas de Gadafi contra civiles en Misurata. Según el director de emergencias, Peter Bouckaert, “las fuerzas del gobierno libio han disparado reiteradamente morteros y cohetes Grad contra barrios residenciales de Misurata, causando víctimas civiles”. Saeed dijo haber operado a civiles tanto en Bengasi como en Misurata, pero las heridas que recibieron las víctimas de Misurata fueron las peores que vio. Entre sus pacientes tuvo a una niña de seis años que perdió dos hermanos menores y una pierna. “Fue horrible ver frente a uno a tantas mujeres, niñas y niños heridos por cohetes Grad y por proyectiles”, relató.

Al continuar los enfrentamientos en Misurata, los rebeldes ampliaron su dominio sobre la ciudad. Luego de estabilizarse la situación sanitaria a fines de abril, Saeed regresó a El Cairo, pero solamente para obtener una visa de Túnez que le permitiera cruzar a la occidental ciudad libia de Zintan. La mayor parte de las montañas del oeste de Libia han estado bajo control rebelde, pero las fuerzas de Gadafi lanzaron una gran ofensiva allí. El complicado terreno dificultó el acceso de los trabajadores de la salud, y la situación sanitaria todavía se desconoce.

En toda Libia, representantes de la prensa extranjera y trabajadores de la salud han sido blanco de las tropas de Gadafi. Según Saeed, en Misurata también hubo ataques contra médicos que iban en ambulancias. Hubo momentos en los que creyó que iba a morir. “Un día tuve que realizar una operación mientras se desarrollaba un tiroteo en la habitación contigua en Misurata”, dijo.

Pero pese a la preocupación de su familia y de la universidad, que le reclaman que regrese, Saeed está determinado a llevar sus habilidades médicas a donde sea que éstas se necesiten. “En los últimos tres años estuve trabajando en Egipto, pero nunca vi nada como lo que vi en Misurata… Uno se siente útil. Eso hace que valga la pena el riesgo”, dijo.

Mientras espera para volver a Libia, Saeed sigue los acontecimientos de la revolución egipcia, debatiendo los próximos pasos con otros activistas. No está tan cansado pese a los días que pasó sin agua ni alimentos suficientes en Misurata.

“Todavía hay mucho trabajo por hacer en Libia y en Egipto”, dijo.

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