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Sociedad

Pediatras argentinos enseñan a amortiguar el impacto de la contaminación

Desde hace una década, un grupo de pediatras argentinos trabaja a favor del cuidado ambiental y en la protección de la salud infantil

La premisa parece básica, pero la tarea es cada vez más amplia y compleja.

“Nosotros no podemos sanear un río o darle a una familia una nueva vivienda, pero podemos enseñarle a clorar el agua”, sintetiza la médica Stella Maris Gil, coordinadora de la Unidad Pediátrica Ambiental (UPA) del Hospital Pedro de Elizalde, especializado en la atención a la niñez, ubicado en el barrio Constitución de Buenos Aires. La UPA brinda asistencia sanitaria con una mirada profunda sobre lo ambiental, educa a la población que frecuenta el hospital, capacita a médicos e investiga, explicó Gil junto a otros pediatras de la unidad.

“La idea surgió con la crisis de 2001″, cuenta la médica, aludiendo al colapso económico y social de fines de ese año, cuando la pobreza y el desempleo llegaron a niveles sin precedentes en este país y el impacto se sintió también en la salud. “Veíamos mucha patología relacionada con malas condiciones de vida. Enfermedades respiratorias, gastroenteritis, infecciones en la piel… Entonces decidimos hacer cursos sobre el impacto de la contaminación ambiental en la salud, y elaboramos un proyecto que apuntaba a cuidar el ambiente para proteger mejor la salud infantil”, explicó.

Ese proyecto, que derivó en la UPA, tiene un componente asistencial “con una mirada profunda hacia lo ambiental”, remarcó Gil. “Y también un componente de educación hacia la población, uno de capacitación a nuestros colegas y a nosotros mismos, y de investigación en temas ambientales”. La dirección del hospital aceptó la propuesta y un tiempo después, en 2005, hizo lo suyo el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: se creó la primera UPA, una modalidad que luego se reprodujo en otros sanatorios en distintas partes del país.

Al principio, sus colegas los miraban raro, cuentan los integrantes de la unidad, pero con la creciente difusión de los temas del cambio climático, comenzaron a tenerlos más en cuenta y a llamarlos a consultas. Este tipo de unidades ya existen en otros países como Estados Unidos, Canadá, México o España. La Organización Mundial de la Salud las recomienda para focalizar la atención sanitaria en el período de la vida en el que se registra la mayor vulnerabilidad al impacto de la contaminación.

Los pediatras están urgidos por la idea de que los niños “no son adultos pequeños”. Sus órganos están en desarrollo y su sistema fisiológico y metabólico inmaduro. Y más si se trata de la vida intrauterina. Allí los daños pueden ser fatales o irreversibles, advierten. Además de atender a los pacientes y de acudir en consulta cuando los médicos sospechan de patologías o síntomas de exposición a contaminantes, los pediatras de la UPA trabajan mucho con la familia en la prevención.

“Los médicos nos preparamos para trabajar con la enfermedad, pero de lo que se trata es de prevenir”, dijo otra de las médicas del equipo, Graciela Masu. “En los últimos años hubo un cambio en este sentido, antes la salud era la medicina”, recordó. Con esa idea, la UPA hace jornadas de capacitación para colegas, da charlas a las familias en la sala de espera mientras aguardan que los niños sean atendidos, e impulsan proyectos como el de sustitución de termómetros de mercurio o el uso más cuidadoso de los estudios que exponen a los pacientes a la radiación.

Los termómetros de mercurio resultan muy contaminantes en caso de quebrarse. La campaña sirvió para reemplazarlos primero en el hospital, y luego en el resto de los sanatorios. El gobierno de la ciudad ya no los compra, aseguró Masu. De todos modos, no siempre les resulta sencillo lograr cambios.

“Desde nuestra función, podemos asesorar a las madres sobre cuáles son las mejores condiciones de vida para que se desarrollen sus hijos, sobre la importancia de la higiene, de no fumar, de la limpieza de los tanques de agua, del consumo y los desechos”, mencionó Masu. “No pensamos en cómo erradicar los basurales porque eso no depende de nosotros. Lo que tratamos de hacer es de mejorar el ambiente interior”, añadió.

Otra campaña importante que hicieron fue sobre la radiación ionizante que deviene del uso frecuente de radiografías, radioscopias o tomografías. “Los niños son más vulnerables a estas radiaciones y pueden quedar con una mayor propensión a desarrollar leucemias o cáncer de tiroides”, advirtió Gil. Admitió, además, que no se puede prescindir de estas herramientas de diagnóstico, pero consideró necesario generar conciencia sobre “el uso racional y siempre justificado” de estos estudios cuando se trata de neonatología o pediatría.

También hacen campañas sobre el impacto de la radiación ultravioleta, un tema clave en un país afectado por el adelgazamiento de la capa de ozono, que permite el paso de radiaciones dañinas para la piel si no se usa la debida protección solar, particularmente en edades tempranas.

Pero entre todos los contaminantes, el que está a la cabeza de la preocupación es el humo de tabaco, que contamina el aire dentro del hogar y provoca enfermedades respiratorias en los niños y niñas. “El cigarrillo es el gran flagelo porque deriva en nacimientos prematuros, bajo peso al nacer y mortalidad infantil”, remarcó Gil. Le siguen el tema del manejo de la basura, que en barrios marginales se acumula a la intemperie y contamina el aire, el suelo y las napas de agua, y el uso de pesticidas. “Vemos muchos parásitos, diarreas, infecciones, enfermedades transmitidas por vectores como el dengue o el hantavirus”, enumera una de las médicas.

En menor proporción se ven enfermedades más graves. “No siempre se puede relacionar una enfermedad grave con la contaminación, aunque muchas veces sí se pueden encontrar restos de plomo, benceno y otras sustancias en sangre, en orina, o en los cabellos. Pero eso sí: hay que buscarlos”, remarcó.

Gil advirtió que antes existían umbrales permitidos para la tolerancia a determinados contaminantes, pero actualmente, en pediatría, se considera que cualquier exposición puede tener un impacto en el corto, mediano o largo plazo. Actualmente hay en el hospital siete casos de gastro-esquistosis, una malformación congénita en la pared abdominal que se ve hoy con más frecuencia que hace algunos años, remarcó Gil, y que estaría relacionada con la exposición de la madre a contaminantes durante el embarazo.

La pediatra dijo que para la unidad, es clave la labor del servicio de toxicología que asesora en la recomendación de exámenes complementarios que se pueden encargar ante determinados síntomas o sospechas. Otra de las acechanzas vinculadas al ambiente y a las condiciones de vida es el abuso de alcohol y de drogas en adolescentes embarazadas, que expone a los niños y a ellas mismas a mayores riesgos de impacto en el desarrollo futuro.

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1 comentario

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