Sociedad

Por qué no nadan los niños afroamericanos

Hasta 9 personas mueren ahogadas a diario en Estados Unidos

Estudios demuestran que el factor clave no es la raza, sino la familia

Los menores afroamericanos han heredado un tabú de sus mayores

Verano de 2004. Olimpiadas de Pekín. Michael Phelps nada en El Cubo listo para conseguir su siguiente medalla de oro en la competición de relevos 4×100 estilo libre. El récord del mundo queda pulverizado después de un final histórico con el equipo francés. A la sombra de Phelps queda Cullen Jones, un nadador afroamericano que con su experiencia intenta romper uno de los mitos más trágicos y menos conocidos de la comunidad afroamericana de Estados Unidos.

El nadador olímpico Cullen Jones durante uno de los eventos de Make a Splash - Foto: Daniel Johnson - USA Swimming

Hasta 9 personas se ahogan cada día en Estados Unidos. Casi el 80 por ciento de los niños afroamericanos no sabe nadar, frente a un 40 por ciento de los niños blancos. El ahogamiento es además la segunda causa de muerte entre menores de 14 años. Los estudios demuestran que los niños ahogados en piscinas son en su mayoría niños blancos, mientras que los afroamericanos se ahogan casi siempre en el mar.

Cullen Jones es una excepción. Cuando tenía cinco años casi se ahoga en un parque acuático. Una semana después su madre le apuntaba a clases de natación. Llegaría hasta el equipo nacional estadounidense en 2006 y el olímpico en 2008. Cullen utiliza ahora su experiencia de campeón para cambiar la realidad de millones de niños afroamericanos que, ya vivan en la costa o una gran ciudad, siguen viendo el agua como algo peligroso.

Make a Splash, Diversity in Aquatics o Swim Strong Foundation son programas surgidos en Estados Unidos estos últimos años para acabar con el mismo problema. Hasta 2008, coincidiendo con la consolidación del nadador Cullen Jones, no había en el país ningún tipo de estudio que reflejara las disparidades entre grupos de población y sus habilidades para nadar. Fue entonces cuando un estudio de Universidad de Memphis y la Fundación de Natación Estadounidense (PDF) reveló que casi el 80 por ciento de los niños afroamericanos y más del 60 por ciento de hispanos no saben nadar.

“No se trata de ningún mito, es una realidad”, afirma Jodi Jensen, profesora de natación en la Universidad de Hampton, en Virginia.

Hasta 20 estudiantes aprenden a nadar cada semestre con Jensen. Es la primera profesora de natación blanca en una de las universidades históricas para afroamericanos. Jensen cuenta que llegó al puesto hace seis años y, al tiempo que sus estudiantes aprenden a nadar, ella ha ido conociendo la realidad de este problema.

“El hecho de que estos estudiantes no sepan nadar es un gran obstáculo para ellos, lo ven así. No han tenido acceso a piscinas cuando eran niños y viven las clases con mucho miedo y ansiedad”, explica Jensen.

Antes de entrar en el agua, debaten sobre los tabúes en torno a este problema, por qué tienen miedo al agua o por qué es tan importante aprender cuando ya son adultos. Al final del curso, el 95 por ciento de los estudiantes pueden recorrer 50 metros en los cuatro estilos, saltar de un trampolín de dos metros y nadar en mar abierto. También reciben educación sobre seguridad en el agua.

El origen del miedo

“El miedo de los estudiantes viene por dos situaciones. Algunos han vivido una experiencia traumática en la que casi se ahogaron y la reacción de los padres fue alejarles de las piscinas o la playa. Otros han heredado el miedo de sus padres o han crecido escuchando que el agua es peligrosa” comenta Jensen. “Sería injusto relacionar a los jóvenes afroamericanos con este problema. Se trata de algo que han heredado”.

Según el estudio de la Universidad de Memphis, el factor más importante no es la raza, sino la familia. Los niños pertenecientes a familias donde nadie sabe nadar tienen ocho veces más probabilidades de morir ahogados.

“Me cansé de pasar todas las fiestas en verano sentada a la sombra porque no podía bañarme. Me gustaba el agua pero nadie me iba a enseñar”, comenta Essence Fisher-Hobson, estudiante de Hampton University. “A todo el mundo en mi familia le da pánico el agua, nunca se meterían en una zona que les cubra más que la rodilla, es un problema generacional pero además nadie nos ha dicho lo importante que es saber nadar, sólo nos animan a jugar al fútbol y al baloncesto”. La estudiante aprendió a nadar cuando ya era una adolescente y ahora perfecciona su técnica en las clases de Jensen.

Para Fisher-Hobson, la falta de un miembro de la familia que sepa nadar está detrás de las tragedias que invaden las noticias cuando llega el verano. Casi nunca se ahoga solo un menor. “Todo lo que podrían hacer es vigilarte, pero esto tiene un efecto dominó: si un niño se mete al agua y de repente empieza a hundirse, dos o tres personas más van a tirarse para ayudarle, y se van a ahogar también”.

La segregación racial, también en las piscinas

Los estudios han confirmado también la influencia tan importante que tuvo la segregación y la prohibición de que los afroamericanos accedieran a las piscinas, que eran sólo para blancos. Aunque la prohibición terminó en los años 50, los disturbios de los 60 y el hecho de que la mayoría de americanos blancos preferían utilizar las piscinas de clubes privados a las públicas, no terminó con el estigma.

En generaciones anteriores el problema era doble, según explica Fisher-Hobson. Por una parte tenían prohibido acceder a las piscinas. Después levantaron la prohibición, pero no construían piscinas en zonas urbanas por lo que era imprescindible tener un coche. La versión actual de este problema son los parques acuáticos, alejados de los centros urbanos y con precios más altos que una piscina pública. Como consecuencia, las familias acababan bañándose en lagos o en la costa, un entorno mucho más peligroso si nadie sabe nadar.

“Si combinas el miedo, el efecto generacional y las dificultades de acceso, el resultado son generaciones de niños que nunca han tenido la oportundiad de jugar una sola vez en el agua”, comenta Fisher-Hobson. De ahí que la comunidad afroamericana nunca viera la natación como una actividad deportiva ni de tiempo libre. Y tampoco era una prioridad.

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Para acabar con esa herencia, Jones es ahora uno de los embajadores de la campaña de la Fundación de Natación de EEUU “Make a Splash”. El objetivo es que todos los niños aprendan a nadar gracias a un mayor acceso a piscinas y becas que cubran los gastos de las clases. Según la organización, más de medio millón de niños está aprendiendo a través del programa.

“Los padres se dan cuenta ahora de que no se trata únicamente de un aprendizaje que te puede salvar la vida además de ejercicio, los chavales lo viven como algo divertido”, afirma Sue Anderson, la directora de los programas de la Fundación de Natación Estadounidense. “Cullen ha sido clave a la hora de enviar este mensaje sobre lo necesario que es aprender a nadar, tanto para los niños como sus padres. Quizas los chavales aspiren a ser campeones como Cullen, pero lo importante es que sepan que tienen que estar seguros en el agua”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie