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Sociedad

Srebrenica: la fosa del terror (II)

Segundo capítulo de la serie Srebrenica: la fosa del terror

Mehmedalija tenía catorce años cuando llegó por primera vez a Eslovenia.

Sufriría las embestidas de todos los bandos de las guerras de los Balcanes y terminaría siendo el encargado de desenterrar Srebrenica.

8373. 25671. Número desconocido

La familia de Mehmedalija ha sido víctima continuada de la espiral de violencia del siglo del veinte. Dos de los hermanos de su padre, Avdag y Junuz, murieron en la Segunda Guerra Mundial, su abuelo simplemente desapareció. Dos hermanos de Mehmedalija murieron jóvenes y dos de los cinco hijos nacieron sordomudos.

“Este último genocidio causó la muerte de doce de mis familiares más cercanos y algunos cientos de miembros de mi familia” dice. “Es evidente que el objetivo era erradicarnos de la faz de la Tierra. Los que hicieron en Srebrenica, ahora está disperso por todo el mundo. Nos han robado nuestra tierra pero no pueden robarnos el alma. Donde quiera que vayamos, Srebrenica estará en nosotros. Nosotros, los supervivientes, estamos llenos de recuerdos desgarradores. Eso sí, no me quejo. Estos recuerdos son lo único que nos queda, así que supongo que es comprensible que los cultivemos tan obsesivamente”.

Mehmedalija me dice esto cuando nos encontramos al pie de la tumba de su hermano mayor. ”Nuestras casas han sido tomadas por asesinos. No han sido castigados por sus crímenes. Venimos aquí para enterrar a nuestros seres queridos y ahí están, los carniceros, riéndose de nosotros desde nuestras casas, nuestros bosques y nuestras praderas. Después de la guerra, los asesinos fueron recompensados generosamente mientras nosotros eramos castigados aún más, si cabe. Hasta que todos y cada uno de estos bandidos sean llevados a responder por sus crímenes, los fantasmas seguirán inquietos entre nosotros. Nadie será capaz de vivir en paz, te lo garantizo. El aire aquí en Srebrenica parece limpio, pero no se puede respirar en su totalidad, uno simplemente no puede. Para ser honesto, es lo mismo que siento en el norte, en Eslovenia. Allí además veo todos los días a la gente que trató de destruir mi familia. Las veo caminando por la calle, los veo tratando de llevar una vida tranquila y complaciente… ¡Como si nada hubiera sucedido! ”

Entierro de una de las víctimas

Un tren hacia el Norte

Mehmedalija tenía catorce años cuando llegó por primera vez a Eslovenia. Era el año 1976. Fue enviado allí por un partido de eslovenos bien vestidos que un día llegaron a su pueblo natal de Bosnia, sacaron unos folletos en papel satinado y le prometieron una vida mucho mejor allá arriba, en el norte de Yugoslavia.

Así que su padre lo puso en un tren a Zagorje donde tuvo que enfrentarse a su primera mala experiencia, la primera mentira eslovena con la que tendría que aprender a vivir. En vez de ser formado como técnico para la minería, como le habían prometido, estaba siendo educado para manejar una excavadora común. En estos primeros años, los chicos mayores le pegaban todo el tiempo y en varias ocasiones, le robaron sin piedad alguna.

En cuestión de meses, había perdido la mayor parte de sus ilusiones acerca de la tierra prometida de Eslovenia. Anhelaba volver a casa pero no podía defraudar a su padre. “Sufrí mucho cuando era niño y estaba solo en Eslovenia. Todas mis entradas y salidas de Bosnia las recuerdo con lágrimas. Pero me impulsaba el deseo de demostrar a todos que yo era más duro de lo que pensaban”.

La cara de Mehmedalija palidece y amarga al recordar esos años. Hay mucho más que podría contar, pero él mismo se detiene y se retira. Creo que es para no sobrecargarnos con su dolor, al menos no tan rápido. Su hijo Dino lo agarra del dobladillo de la camisa y Mehmedalija le da una palmadita cariñosa en la cabeza. Ha hecho todo lo posible para evitar que su hijo corriese la misma suerte que su padre y padeciese todo el dolor que él ha sufrido. Cuando mira al pequeño futbolista, es como si viese en él a todos los pariente que ha perdido. Es por eso que siempre que caminan al lado de la carretera él se coloca delante, protegiendo al niño con su propio cuerpo. Lo hace por instinto, sin pensar, incluso cuando no hay tráfico.

Un jardín invadido por bestias

“Como la mayoría de la gente, yo no podía creer que podría haber una guerra en nuestro viejo país. ¡Especialmente aquí, en Bosnia-Herzegovina! Siempre pensé en Bosnia como un Jardín de las delicias, donde todo el mundo puede vivir sin problemas. Sin embargo, el Jardín se vio invadido por bestias salvajes que pisotearon todas las flores y que son incontrolables. Recuerdo que en el verano de 1991, cuando regresaba a Eslovenia, no tenía ni idea de que nunca volvería a ver a tantos de mis hermanos, vecinos y compañeros de escuela otra vez. Debería haberlo sabido. Este, al fin y al cabo, era el preciso momento en que tantas banderas habían sido izadas por primera vez, banderas que parecían nuevas, pero que eran realmente muy viejas”.

Eslovenia se independizó y Mehmedalija y su familia pronto cayeron en el profundo agujero de la burocracia, un hondo pozo que vino a representar la versión eslovena refinada de la limpieza étnica, un hueco diseñado para aplastar toda vida y alma. Sí, la burocracia también puede matar.

En 1992, Mehmedalija fue al ayuntamiento de Zagorje para obtener su ciudadanía. “Las dos señoras no escatimaron esfuerzos para convencerme de que no se preocupara por nada. Eslovenia es un país europeo ahora, le dijeron. ‘’Todo el proceso se llevará a cabo con gran cuidado, no pierdas el sueño por esto’. También quería conseguir los papeles necesarios para mis dos hermanos y mi hermana para que yo pudiera salvarlos de la guerra. Las dos señoras me dieron toda la información necesaria relativa a los diversos permisos, y en cuanto a mi nacionalidad, me dijeron que se concedía siempre que todo estuviera en orden”.

Mehmedalija dice que en ese momento fue profundamente feliz, convencido de que no habría grandes dificultades en relación con su ciudadanía. Pero no podía estar más equivocado: “No tenía ni idea de todo el mal que esa gente loca iban a hacer a mi familia. Unas semanas después de mi visita al ayuntamiento de Zagorje, los serbios mataron al hermano de mi esposa. Mi pobre Nihada, ¡ella lo amaba tanto!. Cuando escuchó la noticia, su rostro se congeló y se desmayó. Lo hicieron con un cañón antiaéreo, los serbios, que lo hizo pedazos mientras estaba de pie frente a su propia casa. Mi esposa quedó destrozada, pero eso fue sólo el comienzo. ”

Srebrenica: la fosa del terror (III)

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