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Sociedad

Batalla contra el olvido

"Mis armas son los libros" (Luís de Lión)

Dina Mayarí, hija de Luís de Lión (Foto: Alesia Martínez)

Dina Mayarí es inquieta y menuda, una mujer que lleva adherida a su cuerpo, como una segunda piel, la fortaleza de quien ha tenido que enfrentarse con uñas y dientes a los golpes que le ha deparado la vida. “Cuando mi papá desapareció yo apenas era una adolescente, han pasado ya 26 años desde entonces y las canas han empezado a desteñir mi cabello, pero el dolor es permanente y la incertidumbre de no saber donde está sigue torturándome cada día”. Sus ojos, vivarachos, brillan de un modo especial cuando sus labios pronuncian un nombre: Luís de Lión. El poeta, el maestro, el revolucionario, pero sobretodo el padre -su padre-, uno de los intelectuales guatemaltecos víctima de la represión durante la guerra.

Autor de libros como “Los Zopilotes” o “El tiempo principia en Xibalbá”, donde denuncia la opresión histórica del indígena por parte del ladino, de Lión fue una figura molesta para el Estado de Guatemala desde siempre. “Al igual que muchos – comenta su hija- por pensar diferente fue víctima de la intolerancia de quienes ejercían el poder político y económico en este país”. Como comunista manifiesto sus ideas representaban, además, una amenaza para el régimen establecido, el mismo que se encargó de hacerlo desaparecer una tarde de mayo de 1982, mientras paseaba. Tiempo después su familia descubriría su nombre reseñado en el Diario Militar, acompañado de una consigna: “300”. Era la confirmación de que había sido ejecutado extrajudicialmente.

No fue el único. Lo mismo ocurrió con la actriz Norma Padilla, la periodista Irma Flaquer o la poetisa Alaíde Foppa, por citar solo algunos de los retratos polvorientos que ocupan un espacio en la memoria. Sus muertes fueron parte de una estrategia de contrainsurgencia que buscó en la ciudad eliminar selectivamente a todas aquellas personalidades que habrían podido recolectar las reivindicaciones que brotaban del campo para abanderar un cambio, decapitando de este modo toda posibilidad. Y es cierto, se deshicieron de sus cuerpos, se acallaron sus voces, pero no se logró del todo el objetivopropuesto, pues de ellos quedó todo lo demás.

Un legado para la Historia

Mayarí en la casa museo del escritor, posa junto a la última fotografía que se tomó con su padre, poco antes de que éste fuera asesinado (Foto: Alesia Martínez)

A 15 minutos de minutos de Antigua Guatemala, en la aldea de San Juan del Obispo, tras uno de los portones de las pintorescas viviendas de colores que pueblan el lugar, todavía se encuentra la casa natal del escritor. Su jersey oscuro sigue colgado del gancho de una pared, su marimba da la bienvenida a los visitantes sacando música de sus entrañas y sus libros, que fueron rescatados del hoyo que él mismo cavó en el patio para evitar que nadie los destruyera, vuelven a ocupar nuevamente, desafiantes, los estantes de los cuartos.

“El Ejército utilizaba la violencia para acabar con sus supuestos enemigos pero para mi padre -comenta Dina- sus obras eran sus mejores armas”. Convertida hoy en un museo, la casa alberga además un aula donde los “Brisa de Hunapú”, nombre maya del Volcán de Agua, en cuyas faldas de Lión hubiera querido ser enterrado, ensayan canciones y aprenden a tocar. A pocos metros, una pequeña biblioteca, administrada por Mayarí, continúa modestamente con la revolución que un día iniciara su progenitor.

Reciben unos 1500 usuarios mensuales y un árbol, el árbol de la lectura, preside la sección infantil como símbolo para las generaciones venideras. De este modo, y aunque la guerra afortunadamente ya terminó, la batalla contra el olvido, la más importante de todas, sigue librándose en un escenario muy especial, el de la educación y el conocimiento, motores ambos de la transformación hacia una sociedad más justa y equilibrada.

“Hemos construido todo esto gracias a las donaciones desinteresadas de mucha gente, pero también es cierto que todavía hay quienes no entienden lo que estamos haciendo”. Vivir en una pequeña aldea, a veces, no es sencillo. De este modo, y aunque en 2004 el mismo Presidente de la República, Óscar Berger, pidiera disculpas públicamente a la familia por el asesinato del poeta y el Estado se comprometiera a construir un Centro Cultural en su memoria, la antipatía de algunos miembros de la Iglesia Católica por la figura del escritor consiguió paralizar el proyecto y poner en contra a parte de la comunidad.

Al salir, antes de cerrar la puerta del todo, Dina  guarda silencio un instante antes de señalar un espacio vacío en el que antes había un pequeño cartel, para decir “¿Lo ven? Alguien ha arrancado el horario de visitas, pero mañana volveremos a colocarlo de nuevo”.  Y con una media sonrisa revela su secreto para levantarse día tras día, una y otra vez. Su remedio infalible, como poción mágica o diente león, es esta poesía que le dejó su padre en previsión de un desafortunado destino, poco antes de que se lo llevaran para siempre:

Fotografìa antigua de la familia del escritor guatemalteco (Foto: Alesia Martínez)

Cuando volvás,
te esperaré con un canasto para recibir tu alegría.
Con estos crayones pintaré tus paisajes.
Amor,
si es invierno,
mis manos tendrán guardado el calor del verano.

Pero si no llegara,
vos sabés cuáles son mis deberes.
Seguramente habré salido, puntual, a cumplir uno de ellos;
Un deber de días, de meses.
Puede que también uno tenga que morirse y eso puede durar años.

Y si no basta estar muerto,
habrá que convertirse en polvo y eso puede durar siglos.
Y vos sabés que no se puede volver,
que eso es parte de la más alta disciplina.
De otro modo,
podremos no cumplir correctamente nuestro oficio de parteros.

Así pues,
nada de lágrimas.
Vos sabés que aquí la lluvia siempre es abundante y para qué
Hinchar más la tierra.
Mejor aprovechá su humedad y arala profundamente,
sembrale todas las semillas que traigás y esperá atenta.
Puede que sintás mi respiración en una de las germinaciones.

3 comentarios

  1. [...] Batalla contra el olvido periodismohumano.com/sociedad/batalla-contra-el-olvido.html  por enderteruel hace 2 segundos [...]

  2. Agustín Ortiz

    Gracias por la historia. A veces necesitamos de una poesía de esas para seguir adelante, y tu forma de escribir es lo mismo a ella.

  3. Rafa B.

    Buena historia y un poema digno.

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