Sociedad

“La apuesta de India por las nucleares es para competir en la escalada armamentística”

La activista Vaishali Patil se opone a la que va camino de convertirse en la central nuclear más grande del mundo, Jaitapur, en el suroccidente de la India

La suya fue una visita fugaz, de urgencia. Como las que se hacen cuando recurres a un amigo lejano en momentos de apuro y amargura. “Pido a los españoles que apoyen el movimiento antinuclear de Jaitapur”. La activista india Vaishali Patil pasó por Madrid a mediados de marzo para alertar sobre la que sería, de construirse, la mayor central nuclear del mundo, un proyecto de 9.900 MW de potencia en el distrito indio de Maharashtra, al suroccidente del país. El acuerdo está sobre la mesa desde que lo sellaran a finales de 2010 el primer ministro indio, Manmohan Singh, y el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy.

El interés de la industria nuclear es máximo porque para la ocasión se diseñan seis Reactores Europeos Presurizados (EPRs, en sus siglas inglesas) de tercera generación, presentados como los más seguros nunca antes construidos. La responsabilidad ha recaído en el conglomerado público francés Areva, con presencia paradójicamente en la accidentada central de Fukushima. El apoyo del país galo lo ha refrendado su actual presidente, François Hollande, que visitó la India a mediados de febrero. “Estoy segura de que la solidaridad entre Asia y Europa paralizará este proyecto”, confía Vaishali Patil por teléfono y en un inglés con acento marcado, semanas después de lanzar su ruego.

Fotografía cedida por Vaishali Patil

¿Qué te empujó, hace unos días, a pedir el apoyo europeo en contra de la central nuclear que está en construcción en Jaitapur?
Espero que los españoles no permitan que los bancos ni cualquier otra institución financiera del país hagan inversiones en Jaitapur. Porque tenemos indicios de que podría haber interés, que se sumaría al de entidades francesas como BNP Paribas. Las instituciones europeas están ayudando a abrir nuevos mercados para la industria nuclear, por eso Europa es muy importante para nosotros. ¿Pero por qué la gente se queda callada? Por favor, gritad que estáis en contra de la energía nuclear en todo el mundo. Porque es vuestra industria y son vuestros científicos los que están abriendo nuevos mercados, en concreto, en la India. Queremos vivir, y queremos hacerlo en paz y con dignidad. Nuestras protestas son específicas para el proyecto de Jaitaipur pero tienen una connotación internacional. Los EPRs afectan a la paz mundial y, por ende, a todos los seres humanos.

El accidente más reciente que ha sufrido la industria nuclear fue el de Fukushima (Japón), en marzo de 2011. ¿Qué ha supuesto esta catástrofe para los planes de Jaitapur?
Tras los accidentes de Three Mile Island [en 1979 esta central nuclear estadounidense sufrió la fusión parcial del núcleo del reactor TMI-2. Nivel 5 de la Escala Internacional de Accidente Nucleares], Chernóbil [en 1986 explota el hidrógeno acumulado en el interior de la estación ucraniana, en lo que se ha convertido en uno de los accidentes más graves del INES, alcanzando el nivel 7, el de mayor gravedad] y sobre todo Fukushima [también Nivel 7 del INES] está claro que no podemos experimentar ciegamente con la energía nuclear, que también falla. Incluso los científicos admiten abiertamente que no hay seguridad. Tras Fukushima, Alemania e Italia han dado un paso al frente para desmarcarse de la energía nuclear y apostar en su lugar por la renovable. España también podría y debería hacerlo. Con esta presión, la industria nuclear europea está mirando al mercado del sureste asiático, por ejemplo a la India. A nosotros el desastre de Fukushima nos ha afectado mucho y desde entonces ha habido protestas continuadas en otras plantas nucleares de la India.

¿Cómo vivieron lo sucedido en Fukushima los propios habitantes de la región de Jaitapur?
La gente del área no fue a trabajar durante ocho días. Todos estaban muy interesados viendo la televisión, contemplando cómo sobrevivían los japoneses, cómo trataban de resolver el problema. Fue una comparación constante. Vimos nuestro futuro en la televisión, en lo que estaba pasando en Japón. El accidente de Fukushima nos hizo abrir los ojos, pues para nosotros Japón es un país con la última tecnología y ciencia. Si eso ocurrió en un país como Japón, no podemos ni imaginarnos lo que pasaría en la India. Estamos en el mismo barco.

Fotografía cedida por Vaishali Patil

El Gobierno de la India, amparándose en una ley promulgada por la legislación británica en el siglo XVIII, considera que el Estado tiene la potestad para decidir, por interés público, el uso de la tierra. Fue así como en 2005 se hizo con las cerca de 900 hectáreas sobre las que se proyecta Jaitapur, atractivas para el proyecto por ser una zona de baja densidad habitacional y con el suficiente agua cerca como para enfriar una planta de tales dimensiones. Se trata empero de un cinturón costero de gran diversidad biológica, además de estar considerada como zona de alto riesgo sísmico, con cerca de 90 terremotos registrados en los últimos veinte años, el más grave de 6.3 grados en la escala Richter, según denuncia Greenpeace. Fue el cóctel que encendió la mecha del movimiento antinuclear del que Vaishali es una de las caras más visibles.

Cuenta que en el proceso más de 2.300 agricultores han perdido sus tierras. Que las compensaciones que ofrece el Gobierno se han multiplicado por diez. Y que a pesar de ello no son pocos los que han rechazado el dinero. Junto a los agricultores, los pescadores son los grandes damnificados, pues al no tener título alguno sobre el mar que pescan, ni tan siquiera se les reconoce como afectados. “Pero se trata sobre todo del desprecio a la democracia, pues en ningún momento se ha consultado a la gente y, a pesar de que estamos en el país de Gandhi, no hemos podido expresar nuestro desacuerdo. Las protestas pacíficas se han impedido”, denuncia la activista.

¿Qué apoyo político recibe el movimiento antinuclear de la India?
Tenemos el apoyo de casi todos los partidos de la oposición. Por ejemplo, el Partido Shiv Sena de Maharashtra y el Partido Comunista de la India han enarbolado esta bandera. La mayoría de los líderes de la oposición están con nosotros.

¿Contáis con el respaldo popular?
La gente está totalmente en contra, con protestas ininterrumpidas desde 2005. Tanto los agricultores que trabajan las tierras como los productores de mango, uno de los productos estrella de la zona. El proyecto del distrito Ratnagiri se ha convertido en un caso de repudia popular en todo el mundo. Otra muy importante oposición al proyecto viene de los pescadores, porque los EPRs utilizarán todos los días miles de litros de agua del mar. El proyecto está situado entre dos arroyos, Jaitapur y Vijaydurg, en un área que abarca como mínimo una veintena de poblaciones pesqueras, con más de 50.000 habitantes, que perderían su modo de subsistencia, pues la EIA (Environment Impact Assessment) confirma que una vez el agua retorna al mar lo hace en diferentes condiciones, por ejemplo con mayor temperatura, lo que afecta la actividad intermareal.

Más allá de los afectados directos y de los miembros del movimiento antinuclear, ¿qué dimensión alcanza el debate energético en la India?
El país mantiene un debate sobre los modelos energéticos. Por un lado está la energía hidroeléctrica, con sus megaproyectos, que con el tiempo se ha probado que tampoco sirven. Pero también contamos con abundantes pequeños sitios de micro generación hidroeléctrica. Y hay muy buenas posibilidades para la energía eólica. El problema es que las investigaciones al respecto son escasas y que la mayoría de las realizadas no tienen en cuenta las energías renovables. Al mismo tiempo, la energía nuclear se ha beneficiado con las más altas inversiones, desde 1950 hasta hoy. Es decir, tenemos cientos de puntos geográficos que esperan ser investigados pensando en la energía renovable, pero la presión de las multinacionales, los lobbies internacionales y la industria nuclear lo han impedido.

La energía nuclear provee alrededor de un 3,7 por ciento de la electricidad de la India, según datos de la IAEA (International Atomic Energy Agency). Sus detractores son descalificados como antinacionalistas, lamenta Vaishali, que incluso tiene prohibida la entrada a Jaitapur. La activista pertenece a un distrito a 60 kilómetros del punto donde se construye la central y el Gobierno argumenta que es un problema que no le pertenece, “cuando por ejemplo el impacto de Fukushima se expandió 500 kilómetros a la redonda. Me acusan de ser una especie de extranjera que se mete en asuntos ajenos para provocar a la población local”.

El Gobierno indio, con una veintena de plantas nucleares en su regazo y otras siete en construcción, ha pedido a la ciudadanía que haga un sacrificio por el país mirándose en el espejo de Europa, donde hay 154 reactores nucleares operativos de los 435 existentes en el mundo. Es en este contexto que Patil denuncia el “oscurantismo” de su Gobierno, al que acusa de esconder “pequeños grandes accidentes nucleares”.

Fotografía cedida por Vaishali Patil

¿Cómo argumenta el Gobierno indio su postura a favor de la energía nuclear?
Lo venden como un paquete mucho más competitivo que cualquiera de los europeos, enfatizando que esta industria ha realizado muchas investigaciones, que se trata de EPRs muy seguros, y que la nuclear es una energía verde y limpia que convertirá a nuestro país sin dependencia exterior. Lo que nunca explican es el camino de esta autosuficiencia. Nunca han dado una respuesta satisfactoria en cuanto a la planificación.

¿La construcción de la central nuclear de Jaitapur supondrá un abaratamiento en el coste de la energía?
El coste de producción de electricidad en esta unidad va a ser mucho más cara que cualquier otra forma de generación de energía. Primero, porque no somos autosuficientes y tendremos que depender de las importaciones para su construcción; por ejemplo no tenemos uranio. Y segundo, porque no hay que olvidar que la inversión nuclear requiere años de producción para ser viable. En suma, el coste producción de la energía nuclear va a ser extremadamente alto, teniendo en cuenta los números que se producen en otros países y que además necesitamos importar la tecnología, por lo que los EPRs van a ser muy caros. Se tarda entre 12 y 15 años construir un EPRs; y teniendo en cuenta la experiencia del sector nuclear, los retrasos están a la orden del día, lo que se suma a que la situación económica y financiera de Areva no está en muy buen estado.

Subrayas que la energía nuclear es más sucia, más insegura y además más cara. Entonces, ¿qué saca el Gobierno indio, su principal valedero en el país, de todo esto?
La intención del Gobierno indio de apoyar la inversión nuclear no va tanto por la energía como por el armamento nuclear. La apuesta no es por la generación de energía sino que está hecha para competir en la escalada nuclear asiática. Es por el uso militar de la energía nuclear. Esto se va a convertir en una escalada por las armas nucleares como la del llamado primer mundo: China tiene armas nucleares, la India quiere tener un proyecto nuclear, después Sri Lanka, Pakistán, Indonesia, Filipinas, incluso Camboya lo está proponiendo. Es el principal peligro porque va a crear una escalada de inseguridad en la región. Por eso no queremos nada que ver con las nucleares ni en Jaitapur, ni en nuestro país ni en ningún lado del mundo. Creemos en la paz, de nuestro país y del mundo. La lucha contra las nucleares no es sólo por la supervivencia sino por la vivencia digna, para hoy y para las generaciones futuras.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie