Sociedad

Huertos en el cielo de Singapur

Con cinco millones de personas apretadas en 715 kilómetros cuadrados, la diminuta República de Singapur se vio obligada a expandirse hacia las alturas y construir edificios para todos sus habitantes.

Cosecha de verduras de una de las torres de Sky Green.

Ahora también se ve obligada a desarrollar un modelo de agricultura urbana vertical, y realiza experimentos con huertas en los techos de los edificios para poder alimentar a toda su población.

Singapur solo produce siete por ciento de los alimentos que consume en su territorio. Este país importa la mayoría de las frutas y verduras frescas de vecinos, como Malasia, Tailandia y Filipinas, así como de lugares más alejados, como Australia, Nueva Zelanda, Israel y Chile.

El flujo de inmigrantes derivó en la rápida aglomeración del horizonte, con la construcción de cada vez más torres de apartamentos. Mientras, la poca tierra disponible para la agricultura desaparece en forma acelerada.

La solución al problema vino en forma de asociación público-privada con el lanzamiento de lo que se ha llamado “la primera granja vertical, que gira con la fuerza del agua y libera pocas emisiones de dióxido de carbono” para la producción de cultivos tropicales en un ambiente urbano.

La iniciativa, resultado de un acuerdo entre Agri-Food, la Autoridad Veterinaria de Singapur (AVA) y la empresa local Sky Green, se propone popularizar técnicas de cultivo urbano que no contaminan el ambiente.

Con una muy sólida economía que se jacta de tener un producto interno bruto de 239.700 millones de dólares, Singapur cuenta con muchos recursos. “Pero el dinero no sirve de nada sin alimentos”, según Jack Ng, director de Sky Green.

“Por eso quería aprovechar mis conocimientos de ingeniera para ayudar a los agricultores de Singapur a producir más alimentos”, dijo a IPS.

El ingeniero creó el sistema de cultivo vertical, que apodó “A Go- Grow”. El mismo consiste en una serie de torres de aluminio, algunas de hasta nueve metros de alto con 38 hileras cada una, y equipadas con abrevaderos para las verduras.

Fiel a su filosofía sostenible, el agua que se usa para rotar las torres se recicla para regar los cultivos. Cada torre consume 60 vatios al día, similar a lo que requiere una bombilla de luz.

Ng sabía que si el sistema era demasiado caro o complicado, los agricultores no sobrevivirían. Como diseñó el proyecto pensando en los que están jubilados y otros arraigados a sus casas, trató de crear una dinámica en la que “la planta venga a ti, en vez de que tú vayas a ella”.

La torre de verduras con múltiples capas gira lentamente y demora ocho horas en dar la vuelta completa. Mientras la planta asciende recibe la luz solar, y cuando baja se riega gracias a una bandeja que se llena con el sistema hidráulico que activa el sistema de rotación.

Este sistema de ciclo cerrado es fácil de mantener y no libera gases contaminantes.

Ng explicó que si se ponen esas torres en las azoteas de la inmensa cantidad de edificios de apartamentos, donde vive la mayoría de la población de Singapur, se podrá ofrecer un sustento para jubilados y trabajadoras en el hogar, quienes solo deberán pasar algunas horas en el techo para ocuparse del sistema.

Las torres de Sky Green producen tres verduras muy populares en este país, nai bai, xioa bai cai y repollo chino, que se pueden cosechar cada 28 días.

La iniciativa ya provee a NTUC FairPrice, la mayor tienda de comestibles de Singapur con unos 230 puntos de venta y supermercados. Las verduras cultivadas en ciudad cuestan unos 20 centavos de dólar más por kilogramo que las variedades importadas.

El gerente de compras, Tng Ah Yiam, declaró a Straits Times, que las “huertas en el cielo” ahora pueden ofrecer a los clientes verduras locales de calidad y “frescas porque viajan menos del campo hasta el estante”.

Sky Green tiene previsto suministrar dos toneladas al día a NTUC a mediados del año que viene cuando amplíen sus huertas verticales.

Esfuerzos coordinados

El proyecto Sky Green se nutrió de una tendencia que se propagó por Singapur hace varias décadas.

Desde la expansión urbana de los años 90, Singapur trata de encontrar una solución a la escasez de tierras disponibles para el cultivo tradicional mediante huertas en azoteas.

Numerosas instituciones desarrollaron cultivos hidropónicos y aeropónicos, pero ninguno prosperó. “Existía la preocupación de si las azoteas serían capaces de aguantar, o no, el peso de las estructuras”, dijo a IPS el exdirector de asuntos públicos de AVA, Shih Yong Goh.

Especialistas como Lee Sing Kong, director del Instituto Nacional de Educación y antiguo defensor de las “huertas en el cielo”, cree que urge la necesidad de depender menos de la importación de alimentos.

Con el aumento de eventos climáticos extremos, incluidos “desastres naturales como inundaciones, que pueden impactar en la producción de alimentos, sería necesario que Singapur tratara de producir sus propias verduras desde el punto de vista de la seguridad alimentaria”, dijo a IPS.

Kong dijo que actualmente trabaja en el desarrollo de “fábricas de verduras”, edificios enteros diseñados para la producción de alimentos frescos.

“Comenzamos a utilizar el sistema aeropónico de seis hileras para cultivar verduras con ayuda de luces LED”, explicó.

“Es la etapa experimental. Si el modelo funciona, el sistema multi- estantes podría instalarse en edificios cerrados. Esto mejorará las oportunidades de la agricultura urbana”, añadió.

Desde 2005, el gobierno abandonó algunas de sus dudas sobre la producción agraria en azoteas. La Junta Nacional de Parques convirtió el techo de un edificio residencial de muchos pisos en una huerta formativa para promocionar la agricultura urbana entre escolares.

Entretanto, Sky Green suscribió un memorando de entendimiento con el instituto politécnico Temasek de Singapur.

Lee Chee Wee, director de la Facultad de Ciencias Aplicadas, piensa que la asociación con Sky Green expondrá a sus estudiantes al uso de la tecnología en el cultivo de verduras y hará de la “agricultura moderna una carrera mucho más atractiva para los estudiantes”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie