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Sociedad

En Oakland nadie espera a los políticos para luchar contra el cambio climático

Centenares de organizaciones no gubernamentales estadounidenses trabajan desde hace años en para responder a las consecuencias del calentamiento global y sin esperar a que los políticos les digan qué hacer.

Les llaman “climate zombies”. Son los políticos norteamericanos que niegan los efectos del cambio climático o que la mano del hombre tenga algo que ver. Tras las elecciones legislativas del pasado 2 de noviembre, la mitad de los políticos republicanos que estrenan escaño en el Senado o la Cámara de representantes son zombies confesos. Una investigación del Center For American Progress llamó la atención sobre el hecho de que la mitad de los legisladores republicanos ponga en duda el consenso científico con respecto al cambio climático. Entre los recién llegados, ninguno admite las pruebas científicas.

Además del puente Golden Gate de San Francisco, ferrys como éste también forman parte del paisaje Foto: Cheuk-man Kong en Flickr

Obama ya se había chocado con el muro republicano mucho antes de la llegada de los zombies. El año pasado tuvo que abandonar cualquier intento de aprobar una ley sobre cambio climático. Durante la campaña electoral llegó a poner esta ley por delante de la reforma del sistema sanitario. Nada más llegar a la Casa Blanca dijo que trabajaría en las dos a la vez.

“No hay esperanza alguna de que la ley sea aprobada en los próximos dos años, hay demasiada oposición”, afirma Michael Gerrard, investigador del Centro de Leyes de Cambio Climático de la Universidad de Columbia. Obama necesitaba el voto de los 60 senadores demócratas para aprobar la ley que prometió durante la campaña electoral. Sólo tenía 57. “Puede que sí veamos una ley sobre energías renovables, algo que impulse la fabricación de coches eléctricos, por ejemplo, pero no una ley completa sobre el cambio climático

“A partir de ahora, estamos mitigando nuestras emisiones de gases contaminantes no porque pensemos que sea posible impedir una catástrofe, sino porque intentamos impedir una catástrofe mayor”, concluía la revista especializada Grist después de las elecciones.

Ante la ausencia de una legislación a nivel nacional, ayuntamientos y municipios han tomado la iniciativa. Hasta 137 autoridades locales han elaborado directivas para la construcción de edificios no contaminantes, tanto para viviendas como para negocios. Falta iniciativa política, pero no ciudadana. Centenares de organizaciones no gubernamentales trabajan desde hace años en Estados Unidos para responder a los desafíos del cambio climático y sin esperar a que los políticos les digan qué hacer.

Margaret Gordon comenzó su trabajo en comunidades locales de Oakland, en California, en el año 1992. Desde entonces se especializó en campañas de justicia medioambiental. El terremoto de 1989, que destruyó tres autopistas del área de San Francisco le inspiró a buscar las consecuencias que diferentes decisiones humanas acaban teniendo sobre nuestra salud. La reconstrucción de una de las autopistas que unen San Francisco con Oakland provocó la reacción de varias organizaciones apenas dos días después del terremoto. Los vecinos, que habían convivido durante treinta años con un tramo de la autopista dividiendo el barrio en dos, querían formar parte de las negociaciones para cambiar su trazado. Cuando comenzaron las obras, también consiguieron que las empresas contrataran a trabajadores locales. Pero descubrieron que muchos estaban enfermando por el contacto con un componente químico en el terreno. La colaboración ciudadana se convirtió en 1992 en una denuncia por parte de la coalición de vecinos contra la empresa constructora, el Departamento de Transporte de Estados Unidos y la Administración Federal de Autopistas.

“Fue entonces cuando empecé a implicarme en lo que los vecinos podíamos hacer para mejorar las condiciones de salud en Oakland, pero también los planes de las autoridades para cambiar el barrio, construir nuevas casas…”, comenta Gordon, ahora líder del Proyecto Indicadores Medioambientales de Oakland Oeste. Según la activista, la implicación de los ciudadanos en todos estos procesos de decisión mejoraría las condiciones. Su organización trabaja con los vecinos para que aporten datos de contaminación en el aire, problemas de salud o mejoras necesarias. Las aportaciones de los vecinos, combinadas con datos científicos, completan la información sobre contaminación en Oakland, una comunidad de 25.000 personas rodeadas por un puerto, un centro industrial y tres autopistas.

Es el lugar más contaminado de toda California. Uno de cada cinco menores de cinco años ha ingresado al menos una vez en urgencias por problemas respiratorios. Y un quinto de los menores padece asma. Pero Oakland también es un ejemplo de cómo los esfuerzos ciudadanos pueden poner un vecindario por delante del debate político nacional. Las organizaciones como el Proyecto Indicadores Medioambientales de Oakland Oeste aprovechan que California es el estado con la legislación más avanzada de todo el país. En 2006 el gobernador Arnold Swarzenegger firmó el Acta de Soluciones contra el Cambio Climático. La ley exige que los niveles de emisión de gases contaminantes se reduzcan en 2020 a los niveles de 1990, una reducción del 25 por ciento . No han faltado los esfuerzos para anular la ley. El último, en las elecciones legislativas del pasado 2 de noviembre, fue derrotado con el 61 por ciento de los votos en contra de la anulación.

California seguirá así por lo menos dos años más siendo líder en la lucha contra el cambio climático. Uno de los problemas que impiden la elaboración de nuevas regulaciones es el conflicto de competencias entre diversos organismos, tanto a nivel nacional como estatal.

En Oakland, comenta Gordon, el reto son los cuatro niveles de autoridades que regulan el puerto, el control del condado sobre las actividades económicas de la industria local, el ayuntamiento y por último, el estado. “De una manera u otra, todos ellos están implicados en supervisar la contaminación y los efectos en la salud de los ciudadanos, pero sólo el estado tiene autoridad sobre todos los demás”, explica Gordon. “La legislación estatal a veces es demasiado amplia, así que hemos intervenido para que regulen el tráfico de barcos y camiones que pasan cerca de las casas, y para que cambien algunos planes de construcción de viviendas”. A pesar de que los ciudadanos están cada vez más implicados, Gordon admite que apenas han logrado mejorar la calidad del aire en la zona.

La falta de legislación y de una organización administrativa coherente con los cambios a los que se enfrentan los ciudadanos, puede empeorar un problema. El Departamento de Salud, por ejemplo, está encargado de supervisar las condiciones ambientales y amenazas para los ciudadanos, pero no tiene competencias para impedir la construcción de viviendas en la costa y a apenas unas manzanas del paso de barcos de mercancías.

“Las ONG’s que trabajan a nivel comunitario son las claves de este proceso. Ellos son los que están preparando a los ciudadanos para los cambios que van a llegar, pero también tenemos que implicar a las autoridades locales”, argumenta Eli Moore, investigador del Pacific Institute.

Moore es uno de los expertos que apoyan a los activistas que trabajan en el terreno como Margaret Gordon. El Pacific Institute estudia los efectos del cambio climático. “Nuestro objetivo es informar a las comunidades locales de los posibles efectos del cambio climático, cómo pueden prevenirlos y cómo prepararse para consecuencias que ya son inevitables”, comenta Moore, que lleva varios años especializándose en la subida del nivel del mar. Según las estimaciones con las que trabaja, y si no se reducen las emisiones de CO2, el nivel del mar en la costa de California habrá subido casi un metro y medio a finales de este siglo.

Moore argumenta que tendrá que cambiar la forma en que trabajan los gobiernos estatales y las autoridades de urbanismo: “Nunca han tenido en cuenta aspectos como el consumo de agua, la contaminación o las consecuencias de la subida del nivel del mar. Van a tener que aprender a hacerlo, tienen que pensar también en cómo proteger a los ciudadanos”.

Los investigadores y activistas trabajan para cambiar esa realidad, pero las autoridades políticas siguen atascadas en el debate sobre cómo hacerlo. California, por ejemplo, destina el 20 por ciento de su consumo energético al almacenamiento y transporte de agua. Lejos de esperar a una ley concreta que obligue a las empresas a cambiar sus hábitos de consumo energético o una campaña estatal para inculcar a los ciudadanos, pequeñas organizaciones locales se han puesto manos a la obra para impulsar el cambio desde abajo.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

2 comentarios

  1. Gran trabajo. Uno se puede perder en tal cantidad de links y, es necesario.
    Pues así se tendrá algún conocimiento mas de como funciona la conciencia del pueblo americano.
    Y, en lo que nos atañe, en refrán ” En el país de los ciegos, el tuerto es el Rey! Pues, ¡Reinemos!
    Una buena preparación, una buena practica y mucha decisión, les permitirá encontrar nuevos modos de vida.
    Sea esta nuestra respuesta y vía, mientras llega, lo irremediable.

  2. [...] Los 'zombies climáticos' de la política americana periodismohumano.com/sociedad/medio-ambiente/en-oakland-n…  por nadasurf hace 2 segundos [...]

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