Sociedad

“El lujo es una playa virgen, no un hotel de cinco estrellas”

Greenpeace pone fin a su encierro en el Hotel Algarrobico

Unas 300 personas se concentran como colofón a cuatro días de reivindicación

Un grupo de vecinos de Carboneras acude para expresar su apoyo al hotel

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Es una de las acciones más sostenidas que Greenpeace España recuerda. No se ha tratado de entrar, colgar pancarta y salir. Lo del Hotel Algarrobico ha sido un ejercicio de tensión y no de impacto. La docena de activistas que ha convivido durante cuatro días en una mole de cemento pintado de blanco se despiden este jueves de la que ha sido su centro de operaciones, su oficina, su campamento.

A las ocho de la tarde, unas trescientas personas se han congregado en la playa, frente al hotel. El grueso de los activistas se esforzaban en su empeño de terminar el mural que han estado pintando en una de las fachadas. A las ocho y cuarto, con la ropa, los brazos y el pelo llenos de pintura, han subido a las terrazas de la séptima planta, su planta, para agradecer a los concentrados el esfuerzo.

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La mayoría de los activistas – los que hacen la comida, los que escalan grúas, los que limpian, preparan la logística – han venido en su tiempo libre, algunos pidiendo vacaciones. Alguno ha retado a su estómago, otro a una rara dolencia que le impide dormir, todos han aguantado un calor de sudores sofocantes sin la recompensa de poder pegarse una ducha.

Saben que el Algarrobico es un símbolo (“¿por qué no vais a la central térmica a protestar en vez de venir aquí?”, protestaba el primer día el guardia de seguridad que se vio superado por las circunstancias) y no sienten contradicción alguna cuando se asoman a la costa y suspiran o directamente dicen… “no se está mal aquí”. Porque ese “aquí” es la playa, no el privilegio de poder dormir en una habitación. “El lujo es una playa virgen, no un hotel de cinco estrellas”, nos dice Ana.

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Se encienden unos globos en la playa. Los concentrados intentan llamar la atención de los activistas encerrados, que les miran desde la altura con curiosidad, escrutando cada grupo, cada estridencia. Contienen las emociones, no quieren caldear el ambiente desde arriba, y solo en alguna ocasión hay un grito a dos bandas, desde arriba y desde abajo: “Algarrobico, demolición”.

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Se anunciaba una contramanifestación y llegó. Unas 20 personas, la mayoría vecinos de Carboneras, se quedaban al borde de la carretera entre comentarios y algún improperio: “¡Poneos a trabajar!”, se escuchaba de vez en cuando. A pie de playa, estos eran sus argumentos:

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Unos metros más allá, otro almeriense tiene argumentos diferentes:

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En estos días se han recabado más de 18.000 firmas contra el Hotel El Algarrobico, que se llevarán a Moncloa esta mañana. La sensación no es de euforia pero sí de optimismo. La secretaria de Estado de Cambio Climático ha dicho este miércoles que su Miniterio estaría dispuesto a cofinanciar la desaparición del edificio y la restauración de la playa, con el apoyo de la Junta de Andalucía.

La concentración de dispersa. Cae la noche y desde sus balcones los activistas encerrados ya no distinguen siluetas sobre la arena negra, a pesar de la ayuda de la luna. Los que quedan abajo, amigos, compañeros, simpatizantes, se hacen oir: “¡os queremos!”. Un pequeño grupo decide que el mejor colofón al trabajo hecho es un baño nocturno y desnudo en el mar del Cabo de Gata.

Dos activistas con una pancarta en la séptima planta del Hotel Algarrobico, con la concentración en la playa de fondo (JLS)

Periodismo Humano, dentro del Hotel Algarrobico

Periodismo Humano es el único medio de comunicación que está haciendo seguimiento de la toma del Algarrobico. Repasa las anteriores crónicas publicadas desde el interior del edificio:

Algarrobico: bola de demolición dentro, negociaciones fuera

Un día en la ballena blanca de cemento

Greenpeace acampa en el “hotel ilegal” de El Algarrobico

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