Sociedad

El futuro del planeta se compra y se vende

A través del caso guatemalteco analizamos la doble moral que se amaga tras el modelo que se impuso en el Protocolo de Kyoto para luchar contra el Cambio Climático.

El mercado de los bonos de carbono arroja cifras millonarias pero parece poco probable que se vayan a lograr las metas de reducción de emisiones propuestas para 2012.

Diecisiete de octubre de 2009. Se contabilizan más de 450 personas, buena parte de ellas niños, muertas a causa del hambre en el Corredor Seco, en una de las peores sequías de los últimos 33 años de historia en Guatemala. Ocho meses después, en junio de 2010, las lluvias torrenciales causadas por la tormenta tropical Ágatha dejan en el país un saldo de 170 víctimas mortales y 231 mil 48 afectados, además de cuantiosos daños materiales.

La sucesión de eventos naturales extremos es un fenómeno cada vez más frecuente que tiene que ver con el uso que el hombre hace del planeta. Según la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres la mala gestión global convierte a esta nación en una de las 10 más vulnerables a catástrofes. Por eso, para quienes habitan en ella,  el “cambio climático” no es un concepto abstracto y ajeno a sus vidas, sino una realidad patente y dolorosa de la que son verdaderos supervivientesImagen de previsualización de YouTube

A Luís Choc, campesino e indígena de ascendencia maya, no le hace falta acudir a la próxima cumbre de diciembre en Cancún, México, para darse cuenta de que el problema requiere de soluciones urgentes y efectivas que no han llegado todavía. “¿Qué se está haciendo para cuidar nuestras fuentes de vida?”, pregunta pertinentemente.

Han pasado ya 13 años desde que naciera un ya adolescente “Protocolo de Kyoto, el acuerdo internacional en el que los principales países desarrollados se comprometieron a disminuir en un 5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) lanzadas a la atmósfera. Y, sin embargo, el escenario es contradictorio.

Así, mientras el mercado de los bonos de carbono arroja anualmente cifras millonarias y muchos son los que dicen apostar por la llamada “economía verde”, parece poco probable que se vayan a lograr las metas propuestas para 2012 ( ver el reportaje que publicamos en Periodismohumano sobre “los auténticos vendedores de humo“).

La Hidroeléctrica Las Vacas es uno de los principales proyectos MDL de la región. En la imágen se aprecian los destrozos en la infraestructura provocados por la Tormenta tropical Ágatha.

En uno de los informes publicados por Intermón Oxfam, el Grupo de Cooperación en Organización, Calidad y Medio Ambiente (GOCMA) atribuye esta situación al hecho de que “el objetivo de desarrollo sostenible ha quedado en una declaración de intenciones relegada, en la práctica, a un segundo plano.”

Ello debido, en buena parte, a que los mecanismos internacionales dispuestos responden más bien a una lógica de mercado.

De este modo las reducciones se miden en función de las toneladas de carbono (CO2) no liberadas, las cuales se traducen en bonos o Certificados de emisiones reducidas de proyectos que se comercializan siguiendo las dinámicas de una bolsa de valores. El futuro del planeta se compra y se vende como cualquier producto más, siguiendo las leyes de la oferta y la demanda.

En este contexto, de los tres instrumentos que se propusieron en 1997, es a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio o MDL que países como Reino Unido o España, pueden adquirir proyectos en naciones en desarrollo, como Guatemala. El objetivo es doble y, en principio, noble: por una parte, cumplir con las responsabilidades de reducción de emisiones; por otra, fomentar la transferencia de tecnología hacia regiones con menores recursos económicos. 

La realidad, sin embargo, es que no hay un marco normativo que establezca criterios y mecanismos de evaluación claros en cuanto a impacto real y sanciones se refiere.  Las trabas para acceder a información detallada son habituales, junto con complejos procedimientos y tecnicismos desconocidos por la mayor parte de la ciudadanía.

El juego de la doble moral

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En Guatemala hay registrados, a día de hoy, un total de 11 proyectos MDL, los cuales generan anualmente 864 mil 760 toneladas de CO2 acreditadas. Seis hidroeléctricas, un proyecto geotérmico, uno de bioenergía y otro de composteo encabezan una lista en la que el sector energético lleva la bandera líder y donde las experiencias forestales contra la deforestación y degradación de los bosques brillan por su ausencia.

Ello es debido a que los inversores privados, que desde el extranjero operan bajo la fórmula “menos costes, menos requisitos, más beneficios”, prefieren apostar por un sistema alternativo: el mercado voluntario. Éste, más flexible – menos burocratizado, menos controlado- está en crecimiento en Centroamérica y da cabida a proyectos de menor envergadura.

Precisamente hace pocos días, el pasado 19 de noviembre, dos de los principales operadores a nivel nacional, la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT) y la ONG Rainforest Alliance se reunieron en un hotel de lujo capitalino para anunciar el que calificaron de “un hito histórico”. Se trata del primer acuerdo de inversión para bonos de carbono generados por deforestación evitada en la selva petenera. Éste comporta la inversión de 200 mil dólares por parte de la firma Global Carbon Group para la reducción de emisiones en el noreste del país.

El Ingeniero Raúl Castañeda, coordinador de la Oficina Nacional de Desarrollo Limpio, dependiente del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) , sostiene que el conjunto de estos proyectos contribuye al progreso de las comunidades indígenas, al dotarlas de una infraestructura mejor de la que se hubiera tenido sin ellos.

Hacia el final de su argumentación reconoce, sin embargo, que aunque la intención es buena, ésta estrategia “también puede ser una forma de trasladar a los países pobres actividades intensivas de carbono y contaminantes, aprovechando la mano de obra barata y la poca legislación ambiental y laboral existente”. “Es cierto, añade, que no tenemos mucho derecho a escoger y que la corrupción y el tráfico de influencias están globalizados”.

Guatemala es uno de los diez países más vulnerables a los desastres naturales, según diversos estudios. Foto: Prensa Libre

La idea es clave. La doble moral es parte de la realidad cotidiana que enfrentan los bonos de carbono actualmente. En consecuencia cada vez son más las voces críticas que, como la del periodista Leandro Nicolás Moreno, se alzan en protesta de “iniciativas disfrazadas como ecológicas pero con un trasfondo netamente económico“. Éstas, asegura, tienden a favorecer antes el flujo de capital global, que el desarrollo sostenible regional.

Colaborador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), Mikel Barba va todavía más allá al afirmar que las grandes transnacionales, gracias al cierre tecnocrático que propició el Protocolo de Kyoto,  venden sus inversiones como ecológico-filantrópicas, en lo que en realidad cree que es  “ una coartada para aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero rebasando incluso los límites establecidos.”

Ello sería posible de confirmarse las denuncias vertidas en algunos informes, donde se indica que, en muchos casos, tales proyectos  no respetan el principal criterio de base para ser aprobados, el de la adicionalidad. Ésta se da cuando la propuesta demuestra ser un aporte sustancial en beneficio a la sostenibilidad del planeta.

El especialista Manuel Guzmán Hennessey concluye que la falla es sistémica y radica en la idea de progreso que guió el desarrollo de las grandes ciudades entre los siglos XIX y XX. Además “el aumento de la concentración del dióxido de carbono en la atmósfera no es la única causa del calentamiento global”, explica. “Existen también otros factores olvidados como, por ejemplo, los efectos de una cultura consumista y un estilo de vida basado en la constante movilidad y uso de combustibles fósiles”.

Porcentajes de la representatividad de los proyectos inscritos en el mercado regulado de bonos de carbono en América Latina

Faltan pocas semanas para celebrarse la COP 16, la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La preocupación sobre cuáles van a ser las nuevas directrices se acrecienta, mientras los diferentes actores implicados se impacientan de diferente manera.

Unos, esperando que se consolide un mercado con un segundo período de compromiso que permita un mayor crecimiento de este modelo. Otros, indignados.  Dicen que  propuestas de economía local, que podrían ofrecer soluciones alternativas, son  sustituidas por las de grandes empresas emisoras de gases, beneficiarias de grandes sumas de capital procedentes, a menudo, de fondos públicos.