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Sociedad

Campesinos argentinos se forman en agroecología para salvar la Selva Paranaense

La Selva Paranaense agoniza a consecuencia de un modelo productivo que solo ve a la naturaleza como suministradora de recursos

Hablamos con profesores y alumnos argentinos que apuestan por la agroecología para frenar la destrucción de la Selva y proteger su soberanía alimentaria

“Llevo 18 años como productor de tabaco y ¿qué tengo? Mi salud envenenada, la chacra muerta, la tierra no sirve para nada”, dice uno.“Veinte años plantando tabaco, tengo algo pero no tengo deuda por encima de eso”, afirma otro. “Hoy por hoy, las empresas, las compañías ya te traen el paquete armado. Vos te anotás para tantas mil y no te preguntan si necesitas veneno, abono, etc. Después te compran el tabaco al precio y las condiciones que ellos quieren. Y si hay algo que no les gusta, que está un poquito húmedo, un poquito desarmable.. automáticamente te bajan de la cinta y tenés que traer a reformar”, comenta un tercero.Son tres de las muchas voces de campesinos que se oyen desde Misiones (Argentina).

Clase teórica de formación de agropromotores

Las papeleras, madereras, tabacaleras, megarepresas, monocultivos, la extracción de leña para los secaderos de hierba y té, el modelo de turismo depredador, la falta de educación ambiental y la ineficiencia legislación existente…están contribuyendo a la desaparición de la Selva Paranaense en una estrategia global de apropiación de la naturaleza, para beneficio de las transnacionales. Lo denuncian con la misma fuerza con la que claman que en la Selva Paranaense se talan 32 hectáreas de monte por día, desaparecen 12 mil hectáreas cada año y cuatro mil especies. El tucán, el oso hormiguero, la arpía, el macuco, el pato serrucho, la hierba silvestre, el palo roso, el palmito….están en peligro de extinción.

Además, la deforestación realizada por las multinacionales ha empujado al arrinconamiento de los indígenas guaraníes que tienen cada vez menos espacio para su actividad agrícola que les permitía la supervivencia y para los que ahora tienen que recorrer kilómetros. “La agricultura industrializada necesita destruir la naturaleza para existir, una agricultura productivista que tiene como único objetivo utilizar los recursos naturales para producir lucro. Eso da lugar al absurdo de que en la Argentina producimos alimentos para 350 millones de personas y no estamos dando de comer a parte de los 40 millones de argentinos”,afirma Raul Armendy, director del Centro Misionero para la Educación Popular y Asociación para el Desarrollo Integral y Sustentable (CEMEP-ADIS).

Aprendiendo agroecología en la Selva Paranaense

Se trata de un Centro Demostrativo, Educativo, de Promoción y Práctica Agroecológica para la protección de la selva Paranaense, y la búsqueda de un nuevo modelo productivo para la región. Con la ayuda de la ONGD española CERAI, pusieron en marcha la Multiversidad, un espacio de conocimiento, de intercambio, de diálogo de saberes, de educación popular y difusión de género. En él, imparten la titulación de Técnico Superior en Agroecología.

Tras tres años de estudios, los técnicos adquieren los conocimientos necesarios para insertarse en distintos espacios de la sociedad a efectos de que sean agentes de impulso de este nuevo modelo productivo de esta región para que la población pueda pasar del cultivo de tabaco a un cultivo ecológico y evitar, entre otras cosas, la dependencia de los campesinos a las multinacionales, es decir, pasar a una agricultura familiar ecológica. “Si yo tengo diversificada la producción y para todo el año, si viene a ofrecerte el precio, decís “dejá nomás, yo tengo para comer en casa, tengo gallinas, tengo conejos, tengo esto, lo otro… Ahora cuando yo quiera le vendo porque cuando vos no tenés nada en la alacena, el que viene de afuera te pone el precio”.

Se trata la primera carrera en agroecología del país. “Tenemos un programa que es el de formación de promotores agroforestales indígenas. La Multiversidad con la Universidad de Misiones hemos dado los primeros 22 certificados a indígenas de 9 comunidades capacitándolos como que impulsores de estos modelos agroecológicos en sus comunidades. Para nosotros, como pequeña ONG es un gran logro. Tenemos mucha potencialidad de crecimiento a mediano plazo, todo con esfuerzo claro, pero nada se logra sin él.” argumenta Maritha Ramos, rectora del centro.


Las consecuencias de la destrucción de la  Selva Paranaense

La Selva Paranaense, también llamada selva misionera (por encontrarse la mayor parte en la provincia de Misiones) es uno de los enclaves de biodiversidad más importante del planeta. Y uno de los centros que está en mayor peligro de extinción. Originariamente, comprendía 120 millones de hectáreas. A día de hoy, queda menos del 5 por ciento.

Alumnos de la Multiversidad aprendiendo agroecología

Ubicada en Argentina, Paraguay y Brasil, su pérdida de biodiversidad afecta en gran medida al Acuífero Guaraní, el tercer acuífero de agua dulce potable más importante del planeta: 1 .200.000 kilómetros cuadrados de agua dulce, desde Mato Grosso hasta la Pampa.  “El acuífero podría abastecer a 360 millones de personas, sin embargo el 50 por ciento de la población misionera no tiene agua potable”, recalca Raul Armendy. “El proceso de urbanización contamina de la mano de un modelo de vida no sustentable que pone en peligro la Selva Paranense, el acuífero guaraní y un proceso de extinción creciente de pueblos nativos como los Boa Guaranie, un pueblo que tiene un bagaje cultural interesantísimo sobre todo en cuanto a medicina fitoterapéutica, medicina vegetal. No se erosiona solamente el suelo, no se contamina solamente las aguas, si no que se erosiona y se contamina la cultura de los guaraníes, de un tipo de civilización no sustentable que nos lleva a acabar con el agua, acabar con el monte, acabar con el suelo y acabar con las culturas locales”.

“La única forma apta aquí para la producción es la agroecología por el tipo de suelo que tenemos nosotros para proteger la Selva Paranaense. La monocultura ya no sirve, ha hecho estragos. Nosotros tenemos un suelo que en la parte superior únicamente tiene mucho manejo, mucho movimiento de micoorganismos y en la parte de abajo es muy pobre y más abajo piedra. Si nosotros no hacemos una labor cultural que nos ayude, vamos a perder mucho más de la Selva de lo perdido hasta ahora, que ya es mucho.”, afirma Ricardo De León, profesor del centro.

Deforestación en la Selva Paranaense

Enseñando agroecología en el corazón de la Selva

“El objetivo general del proyecto es impulsar el desarrollo sustentable en la provincia de Misiones y en la región de modo que la reconversión agroecológica en la producción agraria, pecuaria y forestal nos conduzca a un modelo de producir bienes y servicios que sea armónico con la protección de la Selva.En función de eso nos propusimos actividades, programas, proyectos, entre los cuales está este que recibe el apoyo principalmente de organizaciones españolas como SEAE y CERAI, y a través de ellos de organizaciones estatales de España”, sostiene Armendy.

“La cuestión ecológica está como vedada, no está integrada. Hay que aprovechar lo que ellos traen, mostrarles que hay otra propuesta alternativa. Por ejemplo, un pequeño productor no es rentable desde un punto de vista económico tradicional pero sí lo es desde la agroecología porque es sustentable en el tiempo, porque va a poder vivir de forma sostenible muchos años”, explica Anibal Sena, uno de los profesores del centro. En sus clases de Economía, muestra a los alumnos que lo importante no es  hablar de dinero, sino saber qué hace el hombre con el, cómo, por qué. “No todo es plata. Una de las cosas de la ciencia económica es que antes tenía respuesta para todo, muchos modelos matemáticos, y la gente se los creía sin cuestionarlos. Por ejemplo, ¿quién se creía que un peso equivalía a un dólar? Solo los argentinos hasta que nos explotó en la cara. El problema es que desde la economía se daba respuesta para todo, pero cuando se empieza a sacralizar algo,empieza el peligro”, apostilla Anibal Sena.
Sena resalta la importancia que tiene para ellos poder tener modelos energéticos alternativos a las megarepresas: “toda Misiones sufre sus consecuencias, no tenemos garantía de energía eléctrica estando en nuestro territorio. La gente ya ve que eso no va a dar trabajo y cada vez se va concienciando más”.

Una de sus alumnas es Damiana Itahí Ríos. Ella acude al centro desde 25 de Mayo, localidad de la provincia de Misiones:  “Lo que más aprendo es sobre el tema del cuidado del Medio Ambiente, la conservación, poder cambiar algunas cosas que por ahí hacemos causando daño a nosotros mismos.” Cuenta que ya ha empezado a poner en práctica lo aprendido: “Mi familia no utilizaba esas prácticas agroecológicas. Usaban mucho agrotóxicos y ahora apenas porque aprendemos otros métodos que son mejores para nuestra salud y para el medio ambiente. Es un gran logro porque en mi zona se utilizan muchísimo”. Damiana aspira a poder enseñar lo que está aprendiendo y también a volcar los conocimientos en su propia chacra.”La gente no conoce, creen que es el único método pero otros al mostrarle que hay otros métodos, que pueden producir en mayor cantidad y sano te escuchan”, concluye la alumna.

Ricardo Andrés Barchuk, 32 años, procedente de Posadas, la capital del la provincia de Misiones, es compañero de clase de Damaina. Relata que al venir de la ciudad las clases prácticas le cuestan bastante pero está satisfecho: “ Lo que más me gusta es la integralidad que propone el enfoque. Un capítulo de la materia “Fundamentos de la Agroecología 2” es la soberanía alimentaria, una herramienta legal, filosófica, ideológica, que principalmente lo que subraya es el derecho de los pueblos a los alimentos, cómo defenderla y qué producir. Los problemas que vivimos cotidianamente, la mayoría de las veces no tienen que ver con la producción de alimentos si no con la forma de utilizar los recursos planteados desde un modelo de desarrollo industrial que es el que perjudica el medio ambiente, el acceso laboral”. Ricardo Andrés se ve trabajando en la docencia, como “el evangelizador de la agricultura”, dice entre risas.

En las clases prácticas les enseñan todas las labores en las que se ha de capacitar un alumno para que luego pueda acercar el conocimiento a los agricultores: “Una de las cosas que en nuestra zona se utiliza mucho es el tema de las curvas de terreno para  contener el terreno. Ellos aprenden desde lo más sencillo, desde utilizar una herramienta hasta marcar un terreno, seleccionar el cultivo, el tipo de riego…todo lo que hace falta que un técnico tenga”, explica Ricardo De León.
De León comenta que el suyo es un trabajo muy gratificante pero no sencillo. Parte fundamental de su labor es “reformatear lo que el alumnado conoce. No solo enseñar si no que reaprendan, que socialicen esos conocimientos. “No es sencillo porque algunos jóvenes salen de zonas tabacaleras y desde su niñez han estado con una mochila y cargando con algún tipo de producto y pulverizando…Has de demostrarles que otra producción es posible y que es necesario. No hay que olvidar los problemas en la salud que sufrimos como consecuencia del cultivo de tabaco, de las industrias papeleras… Los metales pesados, el cloro, todos los elementos que eliminan las papeleras al río son tóxicos. Hay cantidad de enfermedades en niños y adultos que en algún momento estuvieron cerca de un cultivo de tabaco: malformaciones, cáncer de piel, piel de araña…El porcentaje de afectados es altísimo, el doble de la media. Tarde o temprano va a estar en tu familia”.

“Cuando estamos hablando de todo esto, de preservar pero potenciar y utilizar con sabiduría los recursos naturales con en este pequeño planeta llamado Tierra, ¿quién los va a preservar si las grandes empresas que privilegian el capital financiero sobre la vida de los pueblos?. El pequeño producto rural, la familia de los agricultores y para eso tienen que tener conocimiento. Tienen un conocimiento empírico, pero la ciencia, las técnicas le tienen que proveer del conocimiento tecnológico y científico para una correcta utilización del saber que ya está en los pueblos” explica Adolfo Pérez Esquivel, coordinador Latinoamericano SERPAJ y Premio Nobel de la Paz, en el documental Un sueño de raíces, producido por CEMEP ADIS en 2011. Y continúa: “Lo que se está haciendo aquí en Misiones con todo este proyecto de agroecología es la preservación del agua, de los bienes y recursos naturales. Es preservar la vida y de eso va a depender el legado que les dejamos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Ellos nos están prestando todo ese caudal que estamos malversando. La única manera que tenemos de devolverles el sentido de la vida es preservar. No somos dueños de la tierra, somos parte”. Como canta desde Misiones Joselo Schuap “Si escuchas bien, verás que el río canta y no hay razón para callar la vida. Hay que salvar al hombre y su mañana”.

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