Sociedad

Biodiversidad para un mundo mejor alimentado

Diversidad de patatas (Biodiversity International)

Subrayar el vínculo entre la diversidad agrícola y la seguridad alimentaria en un contexto de cambio climático fue uno de los principales objetivos de la Semana de la Biodiversidad, que finalizará este domingo en Roma.

Convocada por la organización no gubernamental Bioversity International, con sede en la capital italiana, la Semana precedió a la celebración, este sábado, del Día Internacional de la Diversidad Biológica.

La pérdida de biodiversidad constituye una enorme amenaza a la seguridad alimentaria y, en definitiva, a la supervivencia de la especie humana, así como a la de millones de plantas, animales y bacterias con las que compartimos el planeta. “La pérdida de biodiversidad no es sólo una cuestión de proteger paisajes y especies. También se trata de asuntos agrícolas de los que dependemos para cultivar nuestros alimentos”, dijo Marco Contiero, de Greenpeace.

Se prevé que el aumento de la frecuencia de eventos climáticos extremos implicará una lucha en varios frentes para la seguridad alimentaria. Esto significa que aunque la tecnología brinde a los agricultores la solución para uno de esos frentes, por ejemplo con semillas genéticamente modificadas para resistir a las sequías, este cultivo correrá el peligro de perderse cuando se enfrente con otro problema, como un exceso de lluvias o un periodo frío fuera de temporada.

Para empeorar las cosas, se espera que el cambio climático perjudique más a áreas que ya padecen inseguridad alimentaria, como África subsahariana y Asia austral.

Pero la biodiversidad puede brindar la respuesta en varios sentidos, sostienen algunos expertos.

Primero, combinar varios cultivos en un mismo huerto da a los agricultores una suerte de “póliza”, dado que aumenta las posibilidades de que por lo menos una parte de la cosecha pueda resistir las presiones que se suscitan. Esto no ocurre con los monocultivos.

De este modo, los agricultores podrían producir menos en un año en particular, pero se asegurarían un mayor rendimiento a mediano plazo, según varios estudios.

La diversidad de especies también reduce la amenaza de pestes y enfermedades, al diluir la disponibilidad de potenciales organismos receptores, y mejora la fertilidad de los suelos. Por lo tanto, reduce la necesidad de herbicidas, pesticidas y fertilizantes, que son costosos y perjudiciales para el ambiente.

También es importante para el aspecto nutricional de la seguridad alimentaria.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que en el mundo hay más de 1.000 millones de personas que padecen hambre, tres cuartas partes de las cuales son pobres que viven en áreas rurales de países en desarrollo. Pero la cantidad de malnutridos por culpa de dietas de mala calidad es mucho mayor.

“Los agricultores pobres no tienen reservas, y la biodiversidad es la principal herramienta que tienen para manejar el riesgo. Así que necesitamos mirar la diversificación agrícola con un enfoque muy diferente, que se base en el uso de la diversidad”, dijo a IPS el director general de Bioversity International, Emile Frison.

“Hay múltiples beneficios que pueden derivarse de esto, no sólo desde el punto de vista de una agricultura más sostenible, sino también por las ventajas de tener una agricultura diversa, que conduzca a una dieta diversa. Esto es esencial para la buena nutrición y la salud, y se está convirtiendo en un problema extremadamente importante en muchos países en desarrollo”, agregó.

Algo crucial es que la diversidad de cultivos también permite a los productores rurales ver qué plantas se adaptan mejor a condiciones climáticas cambiantes, para hacer que sus prácticas evolucionen junto a los impactos locales del efecto invernadero.

Es por esto que revertir la pérdida de biodiversidad no sólo es un imperativo para los 2.000 millones de habitantes de países pobres cuyo sustento depende de los pequeños establecimientos agrícolas.

Aunque la biodiversidad enfrenta muchas amenazas, entre ellas la urbanización, la deforestación y la contaminación, es posible que los mayores vectores de su reducción sean la modernización agrícola y la simplificación de las dietas.

Según la FAO, esto ha llevado a una situación en la que una decena de especies aportan 90 por ciento de las proteínas animales que se consumen en el mundo, y apenas cuatro variedades de cultivos brindan la mitad de las calorías de origen vegetal incluidas en la dieta humana.

A consecuencia, los suministros alimentarios de las poblaciones de los países ricos también son cada vez más vulnerables, dado que la agricultura tiene menos recursos con los que adaptarse a desafíos ambientales como el cambio climático y la escasez hídrica.

“Los estudios muestran que si continuamos perdiendo biodiversidad al mismo ritmo que ahora, para 2050 confrontaremos un costo igual a 14 billones de euros”, dijo Contiero.

La FAO estima que en el último siglo se perdió alrededor de las tres cuartas partes de la diversidad genética de los cultivos agrícolas. Muchos creen que ha llegado el momento de un cambio radical en el modo como se producen los alimentos.

“Necesitamos tener un paradigma agrícola diferente”, que esté basado en la diversidad, sostuvo Frison.

Kanayo Nwanze, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, dijo esta semana que “los pobres de las zonas rurales y sus comunidades no sólo dependen de la biodiversidad agrícola, sino que también son importantes custodios de la misma”.