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Sociedad

Pequeños héroes del Medio Ambiente

Mañana es el Día Mundial del Medio Ambiente, este año dedicado a la biodiversidad

El lector de este texto pertenece a una de las quince millones de especies del planeta

Te presentamos a quienes hacen de cada día el Día Mundial del Medio Ambiente

El Día Mundial del Medio Ambiente (WED), que se celebra desde 1972, este año coincide con el Año Internacional de la Biodiversidad y de ahí que su tema central sea Muchas especies. Un planeta. Un futuro. El país anfitrión será la República de Ruanda, un país pequeño y montañoso al sur de la línea ecuatorial, en África Central. El WED es uno de los principales vehículos a través del cual las Naciones Unidas fomentan una conciencia hacia el medio ambiente y promueven una llamada a la acción. Las posibilidades son muchas, desde organizar una limpieza del vecindario hasta dejar de usar bolsas de plástico. Nosotros las hemos encontrado en España: tres iniciativas que nos invitan a consumir de un modo responsable, a plantar árboles autóctonos y a usar la bicicleta como medio de transporte en la ciudad. Acompáñenos en este viaje a favor del medio ambiente.

En los últimos 200 años, los océanos han absorbido aproximadamente un cuarto del dióxido de carbono generado por las actividades humanas, que de otra manera se habría acumulado en la atmósfera. Como consecuencia, los océanos se han vuelto un 30 % más ácidos (Foto de Tfaust / Dreamstime.com, Fte.: Informe sobre la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica 3)

Por un consumo responsable

Primera estación: Barcelona. Toni Lodeiro (A Coruña, 1978) es educador ambiental, divulgador y formador en talleres relacionados con el consumo consciente y la alimentación saludable y sostenible, entre otras temáticas. Lodeiro es, además, autor del libro Consumir menos, vivir mejor. Ideas prácticas para un consumo más consciente (2008). “Fue alrededor de los 20 años cuando entré en contacto con la idea de un consumo responsable, a través de iniciativas sociales y políticas. Me interesó mucho la idea de cambiar el consumo con la de crear nuevos sistemas sociales más justos, más ecológicos”. Desde entonces han pasado doce años. Desde hace dos vive en Sant Vicenç de Castellet pero antes pasó tres años en Bilbao y año y medio en un pueblo de Navarra.

La pregunta es obvia, ¿se puede vivir mejor consumiendo menos? Todo depende de lo que cada uno entienda por vivir mejor. Lodeiro lo tiene claro. En España un ciudadano cambia de coche como media cada seis años. “Sin embargo, un coche puede durar 20 años. Si prescindo de ese coche nuevo, con ese dinero puedo quizá tomarme un año sabático para descansar. Puedo aprovechar para reciclarme profesionalmente porque mi trabajo no me satisface. Puedo dejar de hacer horas extra. Puedo coger media jornada para pasar más tiempo con mi familia, con mis amigos, para tocar la guitarra, leer o dormir ocho horas”, explica Lodeiro. Nos cuenta que la idea del libro surgió de una necesidad personal de reunir las diversas iniciativas que se estaban llevando a cabo desde muchas asociaciones, empresas e instituciones para facilitar a todo aquel que estuviera interesado un manual sencillo con ideas que se pudieran poner en práctica a diario.

A Lodeiro no le gusta poner el enfoque del consumo únicamente sobre el discurso ecológico-social: “Yo creo que consumir conscientemente es muy importante como herramienta de liberación personal porque el problema del modelo de consumo y de sociedad actual, no sólo es que no sea ecológico y no sea solidario sino que, sobre todo, no nos hace más felices. Nos pasamos la vida trabajando en algo que no nos gusta, o aunque sea en lo que nos gusta, trabajando demasiado para poder consumir cosas que no necesitamos”. La reflexión es que el fin ha sido devorado por los medios. Vivimos en una sociedad en la que el consumo ha pasado de ser un medio para la satisfacción de nuestras necesidades básicas en un fin en sí mismo.

Si cada uno de nosotros planta un árbol, contribuímos en gran medida a contrarrestar la deforestación de los bosques. Los niños y niñas son aquí protagonistas del programa Verde por el Clima en una plantación de febrero de 2010 en el Bejarano (Foto cedida por Verde por el Clima)

Plantando árboles por el medio ambiente

Segunda estación: Córdoba. Verde por el Clima es un programa que nace de un convenio firmado en agosto de 2009 entre el Ayuntamiento de Córdoba y la Fundación CajaSur. Su coordinador es Rafael Blázquez Madrid. Blázquez lleva 30 años, desde que llevaba pantalones cortos, militando en organizaciones juveniles, vecinales, pacifistas y ecologistas. Además, lleva años dedicado profesionalmente a la promoción de las energías renovables, el cooperativismo, la restauración de ecosistemas y la responsabilidad ambiental. Formalmente el programa no nace como una iniciativa ciudadana pero sí con aspiraciones a serlo: “Es una iniciativa local que propone un plan de trabajo asumible por las entidades que quieran participar”. Las personas de más dilatada trayectoria de compromiso ecologista y vecinal de Córdoba ya están implicadas en la marcha de Verde por el Clima. Entidades como la Universidad de Córdoba también se han adherido.

El objetivo principal del programa es impulsar una toma de conciencia hacia el medio ambiente promoviendo el análisis, el compromiso y la acción frente al cambio climático. Para conseguir este fin trabajan en dos frentes. Por un lado, promueven y posibilitan que las familias, empresas, organizaciones, centros educativos e instituciones hagan un seguimiento de sus emisiones de CO2 que generan en su consumo eléctrico, calefacción, agua caliente y transporte. Y, en segundo lugar, fomentan la plantación de árboles y arbustos autóctonos allá donde sea posible hacerlo. Sólo en los últimos meses Rafael Blázquez ha dado unas 25 charlas en colegios, institutos, asociaciones vecinales, juveniles y hasta en la prisión. “Hemos realizado cinco plantaciones colectivas y articulado el mantenimiento de los árboles plantados. Además, hemos conseguido múltiples terrenos sobre los que restaurar ecosistemas el próximo otoño e invierno, como por ejemplo márgenes de autovías, vías de tren, terrenos privados y públicos, zonas en el casco urbano…”. Donde antes había una zona degradada y contaminada, habrá un bosque autóctono en formación.

Los ecosistemas ya están mostrando efectos negativos como consecuencia del cambio climático. La temperatura media en la Tierra ha aumentado 0,74 ºC. En Europa esta subida ha sido de 0,95 ºC y en España de 1,5 ºC. Este calentamiento ya ha tenido muchos impactos concretos. Por ejemplo, la rana patilarga (que sólo vive en España) ha desaparecido del sistema central; especies de aves oriundas de los desiertos de oriente medio y del Sáhara ahora nidifican en el Delta del Ebro y algunas hembras de oso pardo presentes en la cordillera cantábrica ya no hibernan. En 2007, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), institución que pertenece al sistema de Naciones Unidas, emitió un informe, hoy en día considerado optimista. Las previsiones de la temperatura media según los expertos varían desde las más optimistas, que la sitúan en 2,4 ºC, hasta las más pesimistas, que auguran subidas de hasta 6,4 ºC.

Rafael Blázquez se encuentra entre los primeros. Sabe que el cambio climático no lo podemos frenar. Es más, el clima de los próximos 20-30 años ya está escrito. Sabe que hay mucho por hacer y poco tiempo que perder pero es optimista y cree que podemos ser capaces de revertir la situación. “Animo a que cada cual haga lo que esté en sus manos y que ya después salga el sol por Antequera”, como se dice en su tierra. El objetivo: que la temperatura del Planeta no aumente mucho más de un grado. “Esto no quiere decir que no presionemos (a las instituciones) por otras vías pero asumir nuestra responsabilidad con el clima es la condición sine qua non”. Para ello, es indispensable analizar nuestra huella de carbono para tener plena conciencia de nuestro impacto sobre el clima y para desvelar la desigual participación en la creación de esta situación. Y es que todos contribuimos a este problema pero algunos más que otros. “Es fundamental identificar cuál es nuestra huella, saber situarla y seguirla en el tiempo”, añade Blázquez.

La “huella ecológica” se trata de una forma de medir nuestras emisiones de CO2. Se basa en la tierra, el agua y la energía necesarias para proporcionar los recursos que usamos y para absorber los residuos que generamos. España es el duodécimo país con mayor huella ecológica por habitante. Si todos los seres humanos vivieran como los españoles, se necesitarían tres planetas para cubrir las necesidades de la humanidad. “Es un problema de sostenibilidad medioambiental, de justicia social, de cómo consumimos unos y cómo consumismos otros”, enfatiza Toni Lodeiro.

Tanto Lodeiro como Blázquez están de acuerdo en que el modelo actual de consumo va a cambiar, ya que es un modelo insostenible que se cae por su propio peso. Quizá la oportunidad para el cambio nos vaya a venir con la crisis, una crisis muy relacionada con el pico del petróleo. Curiosamente, de las mayores crisis pueden esperarse los cambios más positivos.

Caminar o usar la bicicleta para recorridos de poca distancia ayudan a mantenerse en forma y son la forma más rápida y económica de desplazarse. Alrededor de 12.000 personas usan la bicicleta a diario en San Sebastián (Foto cedida por Kalapie)

Pedaleando en la ciudad

Tercera estación: San Sebastián. Otro de los patrones de consumo en los que podemos actuar es la movilidad. Podemos y debemos reducir nuestros desplazamientos, sobre todo, los realizados en coche. En España, este sector es el que mayor impacto ambiental genera, consumiendo un 39 % de la energía total. Para ser sostenible, nuestro consumo de energía debería de ser tres veces menor. Recorrer 20.000 km al año en coche (consumiendo 6 l/km) emite tres toneladas de CO2 a la atmósfera. Esto representa un consumo de energía equivalente a la que gasta un hogar medio durante todo un año. Hasta ahora las ciudades han sido construidas en función de los coches. Sin embargo, la mayor parte de los desplazamientos en auto (alrededor de un 80 %) que se realizan en Europa son inferiores a 5 km. “Esta distancia puede cubrirse perfectamente en bicicleta o andando”, señala Hijinio Otazu, portavoz de Kalapie.

Kalapie es una Asociación de Ciclistas Urbanos que lleva 21 años trabajando en San Sebastián. Se fundó en 1989. “Había muchas personas que circulaban por Donostia en bicicleta y se vio la necesidad de ponerse de acuerdo y organizarse para presionar a las administraciones públicas con el fin de cambiar la estructura de la ciudad, desde el punto de vista de la movilidad sostenible”, nos comenta Hijinio Otazu. Los esfuerzos de Kalapie han ido dirigidos a que se tomara conciencia de la importancia de no utilizar elementos contaminantes que faciliten la movilidad sostenible.

Han sido muchos los logros conseguidos durante su larga trayectoria. Hace 20 años no había más que un carril bici. “En estos momentos, existen 35 km de bidegorri (carril bici) y a finales de año llegaremos a los 45 km y quizá más” explica Otazu. La misma asociación calcula que unas 12.000 personas usan la bicicleta diariamente en la ciudad. Para conseguir estos cambios, Kalapie ha trabajado con las administraciones, sobre todo, con el Ayuntamiento de San Sebastián. La asociación organiza, a su vez, diversas actividades como excursiones en bici, charlas en colegios y un mercado de compra-venta de bicicletas usadas (Bizitruk), entre otras.

En Europa, países como Dinamarca, Holanda e incluso Alemania nos llevan adelanto en este tema pero en los últimos años muchas ciudades españoles se están apuntando a una movilidad sostenible y no contaminante. Otazu nos dice que a pesar de no haber un estudio, en cuanto a tanto por ciento de habitantes y ciudadanos que andan en bicicleta, seguramente San Sebastián estaría entre las primeras. Por detrás le seguirían: Sevilla, Barcelona, Zaragoza, Vitoria y Burgos.

En cuanto a la pregunta sobre relacionar biodiversidad y economía critica que precisamente en la reciente crisis se hayan subvencionado los coches y las motos, en vez de las bicicletas, cuando son éstas el único medio no contaminante y más barato. “Pensamos que es una contradicción absoluta” señala.

¿Hablamos de lo mismo? Biodiversidad vs. Economía

A estas alturas del viaje, no hay duda de que en manos de las autoridades pero también de los ciudadanos está frenar el calentamiento global del planeta. Los efectos del cambio climático aumentarán el número y la intensidad de los conflictos debidos al agua, al uso de la tierra y de los suelos, a la pesca y al aprovechamiento económico de la biodiversidad.  ¿El problema? No todos hablamos el mismo idioma. En mayo la ONU presentó un informe diciendo que los esfuerzos en protección de la biodiversidad de los últimos años han fracasado: no se ha frenado el ritmo de extinción de especies que se había establecido como objetivo para 2010. Esta meta fue acordada por los diferentes gobiernos del mundo en la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB) en 2002 y posteriormente incorporada en el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) de garantizar la sostenibilidad ambiental para 2015.

Lo que sugiere el informe de la ONU es que la concienciación social tal y como se ha hecho no sirve de mucho y los factores económicos van a jugar un papel fundamental. De este modo, achacan este fracaso a una falta de valoración económica de la biodiversidad que permita hablar un idioma común. Ésta es una posición muy controvertida y que puede tener infundados detractores. ¿Se puede hablar de economizar la ecología? El periodista científico Pere Estupinya expone un planteamiento interesante en su blog a este respecto.

Toni Lodeiro está de acuerdo en relacionar economía con biodiversidad siempre y cuando haya un cambio en los dogmas económicos “Yo creo que el cambio de esquema es hacia la idea del decrecimiento. Hay que invertir pero la reconversión tendría que ser hacia el decrecimiento económico. La idea de que decrecer es crecer en calidad de vida”. Hay que superar la creencia de que un mayor bienestar implica necesariamente un mayor nivel de consumo, sobre todo, en las sociedades desarrolladas como la nuestra, en las que las necesidades básicas están cubiertas. Iñaki Harto, investigador de la Unidad de Economía Ambiental de la Universidad del País Vasco, afirma en una entrevista que hay que cambiar la forma en la que producimos, minimizando el consumo de recursos y la producción de impactos ambientales. Para ello, hay que tener en cuenta los límites de la naturaleza en cuanto a la disponibilidad de recursos y a la capacidad de asimilar residuos. También cree esencial que haya un cambio de paradigma. Los sistemas socioeconómicos no son más que una parte de un sistema superior: la biosfera. Por lo tanto, en vez de dominar a la naturaleza el ser humano debería someterse a las leyes que rigen su funcionamiento y adaptarse a la misma, aceptando sus límites.

Las reglas de la naturaleza no son económicas: cooperación vs. competencia

¿Qué interés tiene proteger la biodiversidad y el medio ambiente para el bienestar del ser humano? A menudo nos olvidamos de hasta qué punto la vida en la Tierra es interdependiente. Biólogos como Lynn Margulis, profesora de la Universidad de Massachussets y autora de la “Teoría de la endosimbiosis” constataron, en los años 60 y 70, que en el historia de la evolución ha imperado más la colaboración entre las especies que la competencia despiadada por la supervivencia.

Los primeros organismos (probablemente unas células todavía desprovistas de núcleo genético en su interior, similares a las bacterias de hoy) lo tuvieron claro. La aparición del oxígeno, expulsado al aire por las cianobacterias, provocó un entorno hostil y letal para la mayoría de seres unicelulares. Para sobrevivir las células se aliaron entre sí para formar organismos pluricelulares más adaptados al nuevo entorno oxigenado. Todas las especies presentes en un ecosistema se encuentran en un equilibrio dinámico entre sí y con el medio que las rodea, formando una cadena. Cuando una especie desaparece, se rompe un eslabón de esa cadena que afecta de forma directa o indirecta al resto de las especies y, en última instancia, al ecosistema completo.

La moraleja de la historia de la evolución, según la propia Lynn Marulis, es que sólo a través de la conservación de especies, de la interacción o la creación de redes, y no a través de la subyugación, podremos evitar un prematuro fin de nuestra especie (1).

Ftes. Bibliográficas:

(1) El viaje a la felicidad. Las Nuevas Claves Científicas, Eduardo Punset, Ed. Destino, 2005

2 comentarios

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  2. [...] Pequeños héroes del Medio Ambiente periodismohumano.com/sociedad/%C2%A1vive-el-dia-mundial-del-…  por nadasurf hace 2 segundos [...]

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