Sociedad

No llores por mí

"Qué envidia te tengo, desde el otro lado del océano, por empapelar a algunos de los entorchados como culpables de tanto malevaje, como responsables de haber dejado fané y descangayada a toda una nación".

Aquello fue un mal tango, Malena. Los milicos torturaban a modo en la Escuela de Mecánica de la Armada y en otras cloacas de un Estado sin derechos mientras tu vieja libertad criolla huía a menudo hacia la Europa de Julio Cortázar. La picana no quebró nunca tu vieja dignidad gaucha, aunque la Junta Militar soñara con aniquilar hasta a los indiferentes. No desapareció la esperanza aunque desaparecieran los hijos y nietos de esas eternas mujeres de los pañuelos que cada jueves siguen desfilando en torno a la Plaza de Mayo, la plaza mayor de todos los meses justicieros aunque no necesariamente justicialistas, la glorieta de los años sin ellos pero con sus ideas a cuestas y el bulevar de los tiempos rotos, demandando respuestas y exigiendo justicia.

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