Sociedad

Morsi, ¿nuevo faraón de Egipto?

La mayoría de la sociedad egipcia sigue esperando a determinar si la pasada elección de Mohamed Morsi como nuevo presidente del país fue la correcta

Partidario del entonces candidado de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, apoyando su campaña en junio de 2012 (Amr Nabil / AP)

Los ánimos en Egipto siguen caldeados. El pasado 31 de agosto una manifestación convocada por el Movimiento Juvenil Nasserista ocupaba las calles principales situadas entre las Plazas Tahrir y Talahab. La concentración clamaba en contra del actual presidente y del grupo de los Hermanos Musulmanes por sus políticas “demasiado similares a las de Mubarak”, como las calificó la portavoz del movimiento Manar El Gammal. La manifestación, que se convocó a las cuatro de la tarde y no terminó hasta medianoche, no es la primera que se produce en las calles de El Cairo desde la elección de Mohamed Morsi.

“No estoy satisfecho al 100% [con la elección de Morsi] pero ahora tenemos opinión y podemos cambiar las cosas si no nos gustan como están. Ahora podemos decir y hacer”. Ahmed Mansour, con tan sólo 25 años, es el responsable del departamento de Recursos Humanos de Resala, una de las organizaciones sin ánimo de lucro más importantes del mundo árabe. Mansour, como algunos egipcios, no está demasiado contento con la presidencia de Morsi pero sí con “el hecho de haber ganado libertad de expresión”, el mayor hito conseguido de la revolución egipcia, el auténtico cambio para una ciudadanía que ha visto sorprendida como su lucha está dando sus frutos. “Sentía que desde hacía tiempo los egipcios se habían vuelto vagos, descontentos y pesimistas con el mundo. Por esta razón, el primer día que fui a la revolución y vi gente de todas partes e incluso familias enteras, no lo pude evitar y lloré de la emoción”, admite Wessam Fayid, que a sus 35 años es propietario de una compañía de importación de accesorios informáticos en Egipto.

En cambio, para otros cariotas como Maher Hassan, están claramente en contra con la elección de Morsi. Hassan tiene 53 años, es periodista desde hace 25 y actualmente trabaja en el diario Masry al ium, uno de los pocos medios independientes de la capital. Hassan es contundente con sus opiniones. “No estoy nada contento con la elección de Morsi. No necesitamos un país islámico, necesitamos uno civil. Morsi pertenece a los Hermanos Musulmanes los cuales quieren un estado islámico y por mucho que asegure que no va a ser así, el presidente no va a olvidar el grupo político al que pertenece”. Otro inconveniente, según Fayid, es que “Morsi no tiene un programa definido. Por esta razón, la gente tiene miedo por que nadie sabe cuáles van a ser sus acciones y porque no quieren que los Hermanos Musulmanes vuelvan a gobernar el país”.

Sentado en un café cerca del Kentucky Fried Chicken de Tahrir, una clínica improvisada durante los días de la revolución, el ingeniero, de 28 años, Ahmed Issmat tampoco está contento con el actual presidente. Para él, la razón de su insatisfacción reside en “el carácter de los egipcios. En el pasado pensaba que el problema era el régimen pero me equivocaba. El problema es que no tenemos conciencia política. ¿Por qué los medios de comunicación han puesto un contador a Morsi? ¿Cómo puedes juzgar un presidente en sólo 100 días? Eso es por que no sabemos cómo hacerlo por que nunca antes lo hemos tenido [la democracia]. Y la culpa es de Morsi por haber hecho tantas promesas que no pueden aplicarse en este período de tiempo”.

Un grupo de turistas camina junto a un afiche de Mohamed Morsi. El Cairo, 12 de junio de 2012. (Foto AP/Amr Nabil)

A pesar de ello, Issmat admite que ahora Morsi “va en la línea correcta después de haber despedido al ministro de Defensa de Mubarak”. Lo mismo piensa Fayid, que resalta las palabras que usa el presidente en sus discursos. “En Egipto, desde hace muchos años, todos los hombres que han gobernado el país han querido ser como los antiguos faraones: auténticos dioses de los egipcios y con todo el poder en sus manos. En cambio, si escuchas hablar a Morsi, te das cuenta de que siempre pone énfasis en la palabra ‘nosotros’, lo que demuestra que él no es el faraón de Egipto. Él no es el rey sino un gobernante que pertenece a su pueblo”. Por ello, después de 30 años de faraones, “hay que tener paciencia”.

En cambio, Mahmoud Abal el Hady, cirujano infantil del hospital Bab el Shaera, no necesita esperar. “Estoy muy contento con Morsi; sabe cómo nos sentimos, las condiciones en las que vivimos y cómo solucionar los problemas; de modo que será un buen presidente para Egipto”. Ahmed Mohy, de 23 años y responsable del Departamento de Lenguas de Resala, es de la misma opinión. “Gracias al despido del Ministro de Defensa, los cortes de electricidad ya no están y el agua está mejorando. Sí, estoy a favor de los Hermanos “.

Los días mueren rápido en El Cairo y las noches se hacen largas. La entrevista con Hassan transcurre a medianoche en un café. Delante, la plaza Tahrir duerme tranquila a pesar de los gritos de una pelea callejera durante la charla. “¿Ves? A esto me refiero, la situación es la misma, como la actitud de los gobernantes. Nada está cambiando por que los Hermanos Musulmanes siguen en el poder y, por lo tanto, el sistema no ha cambiado. Lo único que hemos conseguido con la revolución ha sido cambiar un grupo de poder por otro mientras que todos los problemas que tiene Egipto siguen igual: el gas, el tráfico, el dinero robado, …”. El periodista, como otros cariotas de generaciones mayores, ven el futuro de Egipto muy borroso, sin poder librarse de los fantasmas del pasado. “Todos los gobernantes quieren ser faraones, todos son soldados”. Entonces, ¿la revolución no ha servido para nada? “Acabamos de empezar, aún no podemos decir que haya servido para algo. Lo único que hemos ganado es que hemos roto con el miedo. Ahora no tememos nada. Por lo tanto, hoy la decisión final de la nación la tiene la gente”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie