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Sociedad

“Un modelo de vida para todas las civilizaciones”

Un libro repasa la historia y evolución de la Declaración de los derechos de los pueblos indígenas

La Declaración no ha sido incluida en la mayoría de las legislaciones nacionales

Los líderes indígenas piden que su defensa de los recursos naturales no sea entendida como una acción ecologista simplemente.

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 2007 la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas tras más de veinte años de duras negociaciones. Tampoco hubo esta vez consenso entre los países. Ciento cuarenta y cuatro naciones la aprobaron. Cuatro votaron en contra y once se abstuvieron. Otras treinta y cuatro no estaban presentes. Eran, entre muchos otros, algunos de los países con mayor población indígena del mundo. El texto incluía puntos conflictivos como el derecho a la autodeterminación o la defensa de las tierras y recursos naturales así como el reconocimiento de que la actual situación de exclusión y pobreza que padecen los pueblos indígenas viene provocada por injusticias de carácter histórico.

A propósito de la publicación de “Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas. Hacia un mundo intercultural y sostenible”, un estudio que ahonda en los aspectos más controvertidos de la Declaración, se reunieron la semana pasada en la Casa de América algunas figuras reconocidas como James Anaya, relator de las Naciones Unidas para los derechos de los pueblos indígenas, o el juez Baltasar Garzón junto a numerosos líderes indígenas latinoamericanos y estudiosos del indigenismo. La obra es el resultado de una serie de encuentros entre expertos en Derechos Humanos y Pueblos Indígenas en los que se discutió sobre el proceso de elaboración de la Declaración y su eventual impacto. “Este libro pretende profundizar en las cuestiones indígenas no desde el exotismo, ni desde una aproximación paternalista sino concretando la condición de los pueblos indígenas como auténticos sujetos de derechos”, explica Felipe Gómez Isa, profesor de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto.

La Declaración ha sido considerada como un instrumento de reparación frente los agravios del pasado. “En nombre del desarrollo, del progreso, de la civilización se han cometido barbaridades que afectan a las tierras, a los territorios y recursos naturales indígenas. Los pueblos indígenas están reclamando verdad, justicia y reparación por las injusticias del pasado”, reconoce Gómez Isa. El propio relator de las Naciones Unidas se ha referido a este aspecto de manera decidida; “la Declaración no debería tener que existir. Si las cosas se hubieran desarrollado a través de la Historia como debieran los pueblos indígenas estarían en pleno goce de sus derechos, en las mismas condiciones que el resto del mundo”. La misma lucha indígena ha procurado trasladar a la agenda de la Comunidad Internacional los abusos que viene padeciendo su población y aunque algunos la han emparentado con el movimiento ecologista por la estrecha vinculación que mantiene con su territorio la causa indígena no ha perdido fuerza ni protagonismo. “No quisiéramos que nuestra resistencia al saqueo de los recursos naturales sea sólo vista como una acción ecologista. Estamos apoyando un modelo de vida que va más allá del capitalismo y el socialismo. Un modelo de vida para todas las civilizaciones”, defiende Humberto Solano, presidente durante seis años del movimiento indígena en Ecuador.

La respuesta a las reclamaciones de los pueblos indígenas está en la redacción de la Declaración pero las dificultades para coordinar con el actual marco de los Estados unas reivindicaciones que hunden sus raíces en la tradición aplazaron su aprobación durante largo tiempo. Con cerca de tres millones de habitantes indígenas, Canadá, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda rechazaron la Declaración en su momento. La abstención fue más numerosa. Países como Nigeria, con abundantes etnias, o Rusia, que concentra gran parte de la población indígena de Europa, no han ratificado el acuerdo. Sin lugar a dudas, el aspecto más discutido es el referente a la cuestión de la autodeterminación. “Lo que pretende reconocer el derecho a la libre determinación es el control de los propios destinos. No debe ser entendido como la creación de nuevas naciones. La Declaración representa un nuevo modelo de Estado en el que los pueblos pueden coexistir, pero no busca crear pueblos-Estado”, aclara James Anaya. El profesor Gómez Isa reconocía además que “la independencia no forma parte de las prioridades de la lucha indígena”.

Lo que sí es una prioridad es la traslación de esta Declaración al ámbito interno de los Estados. Han pasado tres años desde que se aprobara y los cambios en su aplicación han sido notables. “Ya no quedan muchos países en contra de esta Declaración. De entre los que la rechazaron ya hay dos países que han confirmado que empezarán a aplicarla y los países que se abstuvieron mantienen su intención de revisarla” nos reconocía Anaya en un momento furtivo tras la presentación. “No obstante, queda mucho por hacer. En algunos Estados, por ejemplo, no se aplica el derecho a la tierra mientras se dan concesiones para la explotación de los recursos naturales. Hace falta acción”.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

2 comentarios

  1. [...] un mundo intercultural y sostenible” se encuentra disponible en la Internet gracias al sitio web Periodismo Humano que le ha dado [...]

  2. gay por siempre

    ja eso no es lo que busco por que siempre dan lo que uno nunca pregunta parecen bobos

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