Sociedad

Marruecos reprime la tensión social

El 21 de enero el joven Abdelwahab Zaidun se inmolaba tras una violenta represión de la policía contra jóvenes que se manifestaban contra la falta de empleo en Rabat.

Tras su muerte por quemaduras, una manifestación el 1 de febrero en Taza fue durantemente reprimida por la Policía.

Protesta con las fotos de los jóvenes quemados a lo bonzo. Casablanca. Enero, 2012 (AP Photo/Abdeljalil Bounhar)

A fin de mantener la calma durante la Primavera Árabe, la monarquía lanzó en febrero de 2011 un proceso de reformas y blandió lo que llamó la “excepción marroquí”.

La nueva Constitución que entró en vigor el 1 de julio de 2011 le dio más potestades al Poder Ejecutivo, al tiempo que se suponía recortaría la autoridad del Rey.

En las elecciones generales de septiembre, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, de tendencia islamista, obtuvo la mayoría y su secretario general, Abdelilah Benkirane, fue nombrado jefe del nuevo gobierno.

Pero Benkirane, quien presentó en enero su programa al parlamento, no hizo lugar a sus promesas electorales.

El compromiso de terminar con el desempleo, que actualmente se ubica en 19 por ciento de la población económicamente activa, se evaporó tras su nombramiento y solo se redujo en un punto porcentual.

Habib el Maliki, presidente del Centro de Coyuntura, dijo a la prensa el 20 de enero que “los planes del gobierno para luchar contra la falta de trabajo no eran suficientes. El programa fija objetivos determinados sin recursos, y todo programa sin recursos está destinado al fracaso”.

La oposición pública a las demoras políticas corrió como reguero de pólvora y las calles se volvieron un verdadero campo minado de tensión.

Abdelwahab Zaidun, de 27 años y desempleado, se inmoló en la calle tras una violenta represión de la policía contra jóvenes profesionales sin trabajo que se manifestaban el 21 de enero frente al Ministerio de Educación en Rabat.

Inmolacion el 20 de febrero en Rabat (AP)

La autoinmolación era una práctica rara en el mundo árabe, pero se hizo frecuente desde que el verdulero tunecino Mohammad Buazizi se incendió el año pasado, dando pie a la revuelta popular que pasó a conocerse como Primavera Árabe.

Zaidun murió el 24 de enero a causa de las quemaduras, y su esposa, de 25 años, declaró llorando a la agencia de noticias Associated Press: “Acuso a makhzen (la elite gobernante) de matarlo”.

La muerte de Zaidun, cinco días después de la asunción del gobierno de Benkirane, desató una ola de protestas en todo el país. En varias ciudades, los manifestantes reclamaron la abolición de la monarquía.

Una de las manifestaciones más virulentas se registró el 1 de este mes en Taza, una de las zonas más pobres del reino, ubicada 340 kilómetros al noreste de Casablanca.

El nuevo gobierno lanzó entonces a la policía contra los manifestantes, acción que dejó un saldo dejó 100 personas heridas en ambas partes.

Rahim Moktafi, integrante del Movimiento 20 de Febrero, fue testigo de lo ocurrido.

“Al principio, la manifestación era pacífica. La policía rodeó la ciudad y cortó las conexiones a Internet y las líneas telefónicas antes de empezar a golpear a todo el mundo”, dijo.

“La policía, incluso, entró en la casa de la gente para golpearla”, añadió.

Vídeos compartidos en las redes sociales muestran a civiles denunciando que fueron amenazados de ser golpeados y violados en sus propias casas.

“Marruecos siempre fue uno de los regímenes más violentos del mundo, y el gobierno islamista es la mejor máscara para que se mantengan las mismas prácticas que antes”, indicó Moktafi.

En vez de promover el tan necesitado cambio, “este gobierno no hará más que extender la tiranía otros cinco años más”, apuntó.

El malestar contra el “gobierno barbado”, como lo llama la prensa local, no es solo por las confrontaciones con la policía.

En Marrakesh, 250 kilómetros al sur de Casablanca, donde hubo manifestaciones en solidaridad con Taza, el malestar popular salta a la vista.

Abu Zahrah, integrante del movimiento 20 de Febrero de Marrakesh, dijo  que “la llegada de los islamistas al gobierno solo es una manipulación política del régimen”.

Otra promesa de campaña de Benkirane fue elevar el salario mínimo a 3.000 dirham, equivalente a unos 465 dólares.

Pero la decisión fue pospuesta hasta 2016, dejando ese ingreso en 2.300 dirham, unos 290 dólares.

“El gobierno islamista no tendrá ningún impacto positivo en la vida de los ciudadanos. Lo único que aumentará será la cantidad de mujeres con velo”, señaló Rachid Abu Zahrah.

No fue una ironía. La suerte de los derechos femeninos con el gobierno barbado preocupa a vastos sectores de la población.

En su declaración de asunción ante el parlamento a principios de este año, Benkirane eclipsó la protesta de una legisladora contra la falta de representación femenina en su gobierno. A pesar de la cuota de cuatro mujeres, solo hubo una en el gobierno anterior.

“El gobierno está en medio de un polo modernista, representado por el movimiento revolucionario 20 de Febrero, y otro tradicionalista”, dijo a IPS la activista Aziz Nidae, desde Fez, casi 300 kilómetros al norte de Casablanca.

Pero a juzgar por las últimas acciones y en función de los análisis en la prensa local, el gobierno parece mostrar que su lealtad es hacia los conservadores.

De hecho, Akhbar al Yaum, señaló que la palabra “modernidad” estaba totalmente ausente del programa de acción del nuevo gobierno