Sociedad

La Corte Penal Internacional resiste ante las presiones

El reclamo de la Corte Penal Internacional de los acusados por la violencia postelectoral en Kenia ha provocado que algunos países africanos hayan amenazado con abandonar el tribunal.

Analizamos las consecuencias de esta decisión y de la intervención en Libia.

Una niña es alejada del lugar donde los partidarios del partido de Raila Odinga queman construcciones (Ben Curtis / AP)

Seis altos funcionarios keniatas fueron señalados por la Corte Penal Internacional (CPI) como sospechosos de la violencia postelectoral de fines de 2007 y principios de 2008.  El gobierno del presidente Mwai Kibaki, que al principio había apoyado el proceso de la CPI, dio marcha atrás en diciembre arguyendo que los casos podrían poner en peligro la “seguridad y la paz internacional” y presionó para transferir a los acusados a tribunales nacionales. La Unión Africana (UA), que incluye a varios miembros que ofrecieron un apoyo crucial a la CPI, se puso del lado de Kenia antes de una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) el 18 de marzo dedicado al tema.

Estados Unidos se opuso a la iniciativa keniata, eliminando de forma efectiva sus posibilidades cuando, tras una reunión a puertas cerradas del Consejo de Seguridad, el presidente del órgano, el colombiano Néstor Osorio, señaló que los miembros “no se habían puesto de acuerdo sobre el asunto” y que el caso se archivaría “por ahora”.

La mayoría de los países africanos forman parte de la CPI, a diferencia de Estados Unidos que no sólo no ratificó el Estatuto de Roma sino que retiró la firma del documento que creó el tribunal internacional encargado de enjuiciar casos de genocidio y crímenes de guerra y de lesa humanidad. La primera vez que Estados Unidos votó a favor de una iniciativa de ese tipo fue cuando dio su aval al accionar de la CPI en el caso de Kenia, que siguió a una resolución del Consejo de Seguridad del 26 de febrero, que deriva el caso de Libia al tribunal internacional. Ese país había sido acusado antes por la organización Human Rights Watch (HRW) de “hacerle la guerra”.

Organizaciones de derechos humanos aplaudieron el apoyo de Estados Unidos a la CPI y arremetieron contra el intento de Kenia, y por extensión de la UA, de demorar el procesamiento de los acusados por la violencia postelectoral.

Numerosos especialistas sostienen que es un análisis simplista decir que Estados Unidos o África se cambiaron de lado en el debate sobre la CPI. De hecho, el apoyo de Estados Unidos a la CPI ha sido, en el mejor de los casos, parcial, y resta por ver si las frustraciones expresadas por algunos miembros de la UA son compartidas por todos.

La cuestión de Darfur

La posición más flexible de Estados Unidos ante el accionar de la CPI se remonta a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU de marzo de 2005 que derivó el caso de la occidental provincia sudanesa de Darfur al tribunal internacional, indicó David Scheffer, primer embajador extraordinario para cuestiones de crímenes de guerra durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001). En aquella oportunidad, Estados Unidos se abstuvo, en vez de recurrir a su poder de veto, y permitió derivar el caso. “El gobierno de Barack Obama reconoce casa vez más el papel de la CPI en el procesamiento de casos difíciles y considera que su trabajo sirve a los intereses nacionales de Estados Unidos”, señaló Scheffer.

Pero no significa que Washington le vaya a otorgar jurisdicción sobre sus ciudadanos en breve. “Siempre supimos que el camino de la ratificación sería largo”, añadió.

La resistencia vino entonces de África. Tras la orden de detención emitida en julio de 2008 por el fiscal jefe de la CPI, Luis Moreno-Ocampo, contra el presidente de Sudán, Omar al Bashir, la UA pidió al Consejo de Seguridad un procedimiento como el que pidió para Kenia. Pero en marzo de 2009, la CPI emitió una orden de detención contra Bashir por crímenes de guerra y contra la humanidad, lo que motivó varios reclamos para que los países de la UA abandonaran el Estatuto de Roma.

Pertenencia a la CPI

El rechazo a frenar la derivación del caso Darfur a la CPI dejó a la UA “muy descontenta”, señaló Godfrey Musila, abogado y conferencista de la Universidad de Kenyatta, en Nairobi, y especialista en derecho internacional. Es probable que se renueven los llamados a abandonar la CPI si Kenia fracasa en su intento y sigue el mismo destino que Sudán. “Escuché a algunos miembros de la UA diciendo que tienen diferencias ideológicas con la CPI”, señaló el secretario ejecutivo de la Autoridad Intergubernamental sobre Desarrollo (IGAD, por sus siglas en inglés), Mahboub Maalim, coincidiendo con los pronósticos de Musila. “Eso nos dice claramente que los casos que surgen son observados por la UA”, apuntó, tras acusar al Consejo de Seguridad de demorar la sesión sobre el intento de derivar el caso de Kenia.
La IGAD es una organización integrada por siete naciones de África oriental.

La principal razón por la que África, con más miembros de la CPI que cualquier otra región, respaldó el tribunal desde el principio fue porque sus gobernantes confiaron en su inmunidad a las presiones políticas.

El origen de las críticas de la UA es la política que alimenta las discusiones en el Consejo de Seguridad. El voto unánime en el máximo órgano de seguridad de la ONU sobre Libia puede reforzar la idea de que el tribunal está sujeto a compromisos políticos, indicó. “Los gobernantes africanos pueden usarlo para decir que el Consejo de Seguridad actúa donde sus miembros permanentes tienen intereses”, indicó. Muchos dirigentes políticos sostienen que el ataque de Israel contra Gaza de 2006 debió derivarse a la CPI. “No es el tribunal que queremos, queríamos uno que fuera apolítico”, señaló Musila.

Apoyo de África a la CPI

No hay pruebas de haya una iniciativa “monolítica” para abandonar la CPI en África, señaló Elizabeth Evenson, asesora de HRW en materia de justicia internacional. “Ya hubo amenazas de retiro de miembros africanos de la CPI por considerar que no eran escuchados”, apuntó, y añadió que no cree que se traduzcan en que abandonen el tribunal. “Es más útil como retórica”, sostuvo. “Se observa un retroceso cuando pasa algo que los hace propensos a que alguien con más poder los someta a un proceso penal”, añadió.

Las organizaciones no gubernamentales africanas defienden la CPI. Además, el alto comisionado de Ruanda en Kenia, George William Kayonga, señaló que había un gran apoyo al tribunal internacional en el continente, en una conferencia de prensa realizada el 5 de este mes con motivo del 17 aniversario del genocidio de Ruanda. “Los keniatas invitaron a la CPI, por lo cual deben reconocer que llegó porque fue invitada”, apuntó, al recordar el apoyo dado por Nairobi tras la violencia postelectoral. Es posible que la labor de la CPI no promueva una reconciliación en el terreno, reconoció, pero puede disuadir la ocurrencia de episodios similares al crear conciencia. “Es un llamado de alerta para otros gobernantes”, añadió.

Las acusaciones sobre que la CPI está en manos de grandes potencias como Estados Unidos no son fundadas, señaló Ken Wafula, presidente de Consejo Nacional de Kenia.

“La CPI es un tribunal africano”, indicó. “Tiene todo que ver con África. Su creación se debió a las atrocidades cometidas por los gobiernos de este continente contra sus ciudadanos. No es una herramienta de Occidente”, arguyó.