Sociedad

Hamás carga contra los universitarios

La Policía entra en el campus de Al Azhar para evitar una manifestación por la unidad entre Hamás y Fatah

El resultado de la demostración de fuerza fue de 20 detenidos y 10 heridos. Las mujeres fueron especialmente perseguidas

Los testimonios hablan de golpes, reclusión, asedio con agua y piedras y amenazas contra los manifestantes

Una joven canta, con la bandera palestina al cuello, en el patio de la Universidad Al Azhar. / Laila Abu Dahi

Una joven canta, con la bandera palestina al cuello, en el patio de la Universidad Al Azhar. / Laila Abu Dahi

Hamás intentó anular ayer la protesta de los jóvenes que, abanderados bajo la etiqueta del 15M, reivindicaban desde el martes la unidad de acción con Fatah para lograr un Gobierno de unidad palestino. El foco principal de la represión fue la Universidad Al Azhar de Gaza, donde se manifestaron desde las once de la mañana más de 600 jóvenes, en su inmensa mayoría mujeres. El resultado de la jornada de persecución y resistencia fue de 20 chavales detenidos y 10 heridos que debieron ser ingresados en diversos hospitales -entre ellos, un fotógrafo local-, según datos de AFP confirmados por varias autoridades locales. La agencia palestina de noticias Maan informó incluso, pasadas las seis de la tarde, de la muerte de un joven, estudiante de la próxima Universidad Abierta de Al Quds, de 19 años. Se trataría de Baha Yasser Al-Ajla, residente en el campo de refugiados de Bureij. Su fallecimiento, sin embargo, no fue confirmado por fuentes oficiales e incluso varios de sus compañeros afirmaron que seguía detenido en comisaría, “aunque herido de gravedad”.

Un grupo de alumnas prosigue con su manifestación, pese a que la Policía les lanza agua desde el tejado. / Leila Abu Dahi

Un grupo de alumnas prosigue con su manifestación, pese a que la Policía les lanza agua desde el tejado. / Leila Abu Dahi

Es lo que relataba anoche, vía correo electrónico, la joven Samia Latuf, estudiante de Enfermería, presente en Al Azhar en el momento del asedio. “Estábamos pintando pancartas en el patio principal del campus cuando un grupo de hombres vestidos de civil rodearon la entrada. Cuando algunos compañeros intentaron salir para buscar más pintura o banderas, nos dimos cuenta que eran policías, porque sacaron sus armas e impidieron que nadie saliera de allí. Un amigo mío, Said Fauter, intentó hablar con ellos, pero le respondieron golpeándole con porras. Él ha sido el primer herido”, escribe. Lo que querían estos jóvenes era organizarse en el campus para ir a una macro-concentración prevista en la Plaza del Soldado Desconocido, una prolongación de las protestas comenzadas el día anterior, día 15, en toda Palestina, para reclamar el fin de la separación entre los partidos que, a día de hoy, gobiernan por separado en Gaza y Cisjordania, un movimiento de protesta especialmente sustentado por los jóvenes, que congregó a decenas de miles de personas. Hamás ya intervino en las protestas del martes, rebajando su intensidad al mínimo, pese a que las consignas que se cantan y exhiben no son necesariamente críticas con el partido, sino que buscan “el entendimiento”, afirma Samia. Esa política de enfriar a los manifestantes se mantuvo ayer, primero con el bloqueo de la marcha en el campus mismo y luego, conforme pasaban los minutos, con el choque en cadena con los alumnos. “Todo se desencadenó cuando los agentes entraron en las oficinas administrativas del rectorado. Allí había grupos del consejo de estudiantes preparando más material y empezaron a dar golpes sin control”, cuenta esta joven, de 20 años.

El patio del campus, minutos antes de la intervención policial, cuando los estudiantes se organizaban para la marcha. / Laila Abu Dahi

El patio del campus, minutos antes de la intervención policial, cuando los estudiantes se organizaban para la marcha. / Laila Abu Dahi

Laila Abu Dahi, estudiante de Ingeniería Informática en Al Azhar, relató por correo y por twitter que un policía se acercó a varios jóvenes, reprochando el contenido de sus pancartas. “Sólo ponía ‘Hirak al shabah’, algo así como ‘La juventud, movilizada’, no hablaba contra Hamás”, insiste. Un grupo de agentes, relata, comenzó a cachear a los estudiantes, quitándoles las cámaras de fotos y vídeo, los teléfonos móviles y hasta las banderas palestinas que portaban. Según su testimonio, en varios casos se quedaron con las credenciales de los jóvenes. Esa fue la primera fase. A continuación, aprisionaron a los estudiantes en dos patios porticados, donde los controlaban a punta de fusil desde las galerías superiores y las puertas de salida. De forma aleatoria, comenzó una selección de chicos, que fueron llevados a esas galerías superiores. Eran muy pocos, la mayor parte de las componentes de la manifestación eran mujeres. Cuando ya estaban separados, los policías, según palabras de Laila y de su tocaya Laila Hamed, comenzaron a tirar piedras a las jóvenes, “sin importarles que algunas cayeran al suelo”. A continuación, las amedrentaron con agua, trayendo cubos y mangueras del exterior, procedentes de varios coches de bomberos llamados al efecto. “Estábamos mojadas, heridas, asustadas. Nos decían que si seguíamos quejándonos del partido íbamos a morir”, insiste Abu Dahi. Ella fue una de las seleccionadas para acabar encerradas en una de las aulas, un grupo pequeño formado por las jóvenes más resistentes. “La verdad es que no paramos de gritar nuestros lemas mientras ellos nos humillaban”, reconoce, con mil exclamaciones. ¿Hubo violencia física directa? Ella lo asegura. Entre otras, golpearon a varias de sus colegas de clase. “A mí no me hicieron nada, pero a algunas las llevaban a un rincón. No las vi después para preguntarles qué pasó, porque las sacaban por otra puerta, pero se escuchaban los golpes. Yo estaba muerta de miedo, pero no por eso paraba de cantar por Palestina, como mis compañeras. Creo que eso los ponía aún más nerviosos y violentos”. Un empujón contra el suelo recibió Amina Zazzau, trabajadora del rectorado en el departamento de becas, que en conversación telefónica afirma que un policía la vio cuando trataba de esconderse tras un escritorio, la sacó a rastras de allí y la tiró contra unas escaleras. Por suerte, el impulso quedó corto y quedó con su cara rozando un escalón. El resultado: un golpe en la frente, sangrante pero sin mucha gravedad. Estuvo dos horas detenidas y, al salir del aula que servía como calabozo provisional, vio cómo a otra chica la abofeteaban por intentar recoger una bandera del suelo. En la bandera ponía: “Juntos Palestina tiene futuro”.

Un grupo de hombres hace una cadena humana para proteger a las jóvenes del ataque policial. / Laila Abu Dahi

Un grupo de hombres hace una cadena humana para proteger a las jóvenes del ataque policial. / Laila Abu Dahi

Dice Abu Dahi que la intimidación y los gritos ya herían como los golpes. “He estado dos días en la universidad, peleando por una causa hermosa. Era lo que estaba pensando mientras me retenían, que iba a morir haciendo algo bueno. Juro que pensé que no iba a salir de allí, que nunca más iba a hacer un twitt”, afirma ya irónica, más relajada. Lo mejor, dice, fue ver que, cuando sus compañeros hombres pudieron tener de nuevo libertad de movimientos, todos se acercaron a las chicas a protegerlas, a solidarizarse. “Hicieron una cadena humana para que no nos atacaran. No es que demostraran ser más fuertes, es que estaban con nosotras, que éramos las más perseguidas por los agentes. Quizá porque ser mujer, avanzar, estudiar y pensar no es un modelo compartido por todos”. No obstante, un portavoz de Hamás, perteneciente al Ministerio del Interior en Gaza, negó en un comunicado que la Policía hubiera entrado en la universidad. “Lo que pasó en la universidad era un problema entre los estudiantes “, dijo Ihab al-Ghussein. No hubo más reacciones oficiales.

La tensión en la universidad se prolongó toda la tarde. Al caer la noche, según los estudiantes contactados por Periodismo Humano, varios policías empezaron a quemar las tiendas de campaña que algunos jóvenes habían instalado, con el propósito de acampar indefinidamente, como si de la egipcia Plaza Tahrir se tratara. Al cierre de esta edición, aún quedaban seis personas ingresadas en hospitales y nueve detenidas en diversas comisarías de Gaza capital. También hubo indicentes en la Plaza Al-Katiba, donde unos 4.000 jóvenes se reunieron con otro millar largo de cooperantes internacionales. Una decena de ellos debió ser atendido por sanitarios tras inhalar humos, según la agencia WAFA. En total, en los dos días de manifestaciones, 50 personas han sido detenidas en Gaza y 120 en Cisjordania, según datos manejados por uno de los grupos convocantes de las protestas, Gaza Youth. Porque, pese a los altercados en el campus, las calles se volvieron a llenar de jóvenes deseosos de entendimiento. En la plaza Al Manara de Ramala, unos 3.000 chavales enarbolaban banderas de Fatah y Hamás unidas en un mismo mástil, cantaban canciones típicas palestinas como signo de hermandad, pintaban carteles con lemas como “Queremos elecciones nacionales. No más división” o “No a los partidos. No a la religión. Todos somos palestinos”. Una decena de ellos están, incluso, en huelga de hambre para lograr su objetivo, aunque la Policía (controlada en este caso por Fatah, el partido de Mahmud Abbas), también intentó retirarlos de la plaza a porra limpia. Y es que en septiembre Palestina debe afrontar unas elecciones presidenciales, con sus dos territorios divididos y con diferentes gobernantes, radicalmente peleados desde 2007, una convocatoria que ha removido las conciencias de la juventud que desea que sus políticos se pongan de acuerdo y caminen por sendas parecidas y, sobre todo, resuelvan sus problemas cotidianos y tengan una voz fuerte contra el asedio de Israel. El anuncio de elecciones y la corriente de poder popular de Egipto o Túnez los ha llevado a tomar la calle. El problema es que, a tenor de lo ocurrido, no siempre tienen la libertad suficiente para hacerlo.
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