Sociedad

Elecciones en «la última dictadura de Europa»

Los bielorrusos acudirán a las urnas el 23 de este mes para elegir un nuevo parlamento, al menos aquellos que ignoren los llamados a boicotear los comicios.

Lukashenko gobierna Belarús desde 1994 (AP)

Los opositores al régimen no tienen una postura común frente a las elecciones: algunos hacen campaña, otros prefieren el boicot, otros retirarse un día antes del día de la votación. Pero todos coinciden en que el proceso electoral está siendo manipulado.

Las bancas, sostienen, serán nuevamente distribuidas según la voluntad del presidente Alexander Lukashenko, quien gobierna esta nación de 10 millones de habitantes desde 1994, lo que le ha ganado el título de «último dictador de Europa».  El parlamento en Belarús, como en la mayoría de las autocracias, tiene poca influencia en la política nacional.

La campaña electoral comenzó el 22 de agosto, y el proceso de registro de candidatos terminó el mismo día. A uno de cada cuatro postulantes se les negó el derecho a participar. Las comisiones electorales registraron mayoritariamente candidatos opositores, pero prohibieron a los más populares arguyendo irregularidades en su declaración financiera o falsificaciones de firmas en algunas listas. «Se les negó el registro a aquellos que podían llegar hasta el final con buenas posibilidades de ganar», dijo a IPS el analista Valery Karbalevich.
Entre los excluidos se encuentran Aleksander Milinkevich, líder del movimiento Por la Libertad, exrival de Lukashenko en la última campaña presidencial, Anatol Liaukovich, exlíder del Partido Socialdemócrata Bielorruso, y Mikhail Pashkevich, del movimiento «¡Digan la verdad!». Algunos líderes opositores populares aún están en prisión, como Mikola Statkievich, quien fue sentenciado a seis años por «provocar disturbios» en los comicios presidenciales del 19 de diciembre de 2010.

Unos 20.000 manifestantes se reunieron ese día en la plaza principal de Minsk, lo que desató una fuerte represión de parte del régimen. Algunos líderes opositores no pueden postularse debido a que tienen sentencias pendientes. Otros huyeron del país, como Ales Mikhalevich, otro candidato presidencial arrestado por «provocar disturbios». Mikhalevich fue liberado después de dos meses de prisión, y denunció haber sido torturado junto a otros presos políticos. Abandonó el país poco después, y se le concedió asilo en República Checa.

Esto no le disuadió de postularse al parlamento. Miembros de la iniciativa civil «Libertad para Mikalai Statkevich y otros presos políticos» promueven la candidatura de Statkievich y Mikhalevich.

Pero la comisión electoral correspondiente señaló que se trataba solamente de una estrategia propagandística para «ganar protagonismo», y señaló que no había «base legal» para su postulación.

Le preguntamos a Ales Mikhalevich si creía que la oposición lograría entrar al parlamento. «Probablemente no», respondió. «El mecanismo para el fraude electoral está bien aceitado. Para citar a Jospeh Stalin: ‘Los que emiten los votos no deciden nada, los que cuentan los votos lo deciden todo’».

Entre los 68.945 miembros de las comisiones electorales, encargados de contar los sufragios, menos de 0,1 por ciento son de la oposición, aun menos que en las elecciones legislativas de 2008. Ese año, 70 de los 279 candidatos registrados eran críticos del régimen, pero ninguno logró un asiento en el parlamento.

Pero Mikhalevich cree que hacer un boicot es un error. «La oposición debe presentarse para mostrar que nuestros candidatos están mejor calificados que los del régimen», opinó.

El gobierno de Lukashenko ha presentado principalmente dirigentes de edad avanzada y miembros del aparato de seguridad. Encuestas de opinión independientes le dan al presidente un apoyo popular de entre 25 y 35 por ciento, en su mayor parte de aldeanos y jubilados. Pero eso no significa que el resto de la población apoye a la oposición, y mucho menos que esté dispuesta a pelear contra el régimen.

El interés de la población en las elecciones es casi nulo. «Ninguno de mis amigos tiene pensado ir a las urnas», dijo Alexei, un estudiante de 26 años originario de Minsk. «No es que vamos a boicotear. Simplemente no nos preocupa la política. Estas elecciones no traerán ningún cambio», dijo a IPS.

Las divisiones dentro del movimiento opositor juegan a favor del régimen. «Al perseguir a algunos opositores y ofrecer un trato preferencial a otros, Lukashenko está hábilmente jugando con sus críticos», dijo Mikhalevich.

Aunque confiado en la victoria, Lukashenko todavía parece estar nervioso, sobre todo frente a la posibilidad de un boicot masivo. En un discurso el 1 de este mes, criticó a los que rehuyen la confrontación en las urnas. «Si fueran una verdadera oposición, lucharían hasta el final por el poder, por el interés de la nación», dijo. «Pero en realidad son la quinta columna. Actúan en beneficio de ciertos poderes, algunos de los cuales están ubicados fuera del país», añadió.

Otra señal del nerviosismo del régimen fueron las últimas detenciones de administradores de diversos grupos en redes sociales de Internet que llamaban al boicot. El 30 de agosto, funcionarios de seguridad de Minsk y de Vitsebsk detuvieron a cuatro moderadores de dos de esos grupos. Uno de ellos había escrito: «Ya nos hartamos de Lukashenko» en la red social rusa VKontakte.ru.

«Fui llevado a una sala y torturado durante una hora para que diera la clave de acceso (del grupo). Me golpearon en la cabeza, en el pecho y en el estómago», denunció Pavel Yeutsikhiyeu.

De los detenidos, Yeutsikhiyeu y Andrey Tkachou fueron condenados a cinco y seis días de prisión respectivamente por «actos de vandalismo». Los otros fueron liberados pocas horas después.

La organización de derechos humanos Viasna denunció el 31 de agosto que el acceso a los sitios web de noticias Charter97 y BelPartizan, ambos opositores, había sido bloqueado, y gran parte del contenido borrado.

«Como es habitual, el régimen se prepara para las elecciones con una gran ofensiva», señaló la organización Reporteros Sin Fronteras. «El acoso judicial a periodistas y usuarios de Internet críticos al gobierno tiene solamente un propósito: mantener la presión sobre ellos y hacerlos sentir amenazados permanentemente».

Mientras, las autoridades están dedicadas a crear nuevos sitios web progubernamentales, algunos difamando a miembros opositores. Ninguno de estos sitios, sin embargo, ha ganado mucha popularidad.

Muchos creen que Lukashenko permanecerá en el poder las próximas dos décadas, y entonces lo entregará a su hijo Kola, ahora de ocho años de edad.

Mikhalevich pronostica «una revuelta dentro del aparato de seguridad que podría abrir las puertas del cambio». «Para mí es probable un escenario parecido al de (Nicolae) Ceasusescu», señaló, en referencia al expresidente rumano derrocado y ejecutado en 1989. «Creo que los bielorrusos ya están preparados para la democracia, simplemente que no quieren pelear por ella», sostuvo.

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