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Sociedad

El lento florecimiento de la “primavera árabe”

La Plaza Tahrir en El Cairo celebra la caída de Mubarak. (AP Photo)

Todo el mundo se pregunta ahora por el futuro de los países árabes, luego de seis meses durante los cuales las revueltas populares han derrocado los gobiernos de Túnez y Egipto, donde ya han empezado procesos incipientes hacia la democracia; meses de sangrienta represión, inestabilidad y constantes violaciones a los derechos humanos de los manifestantes que piden cambios políticos y sociales radicales en Siria, Libia y Yemen, cuyos líderes resisten a sangre y fuego, pero siguen sin caer. Por su parte, el rey Mohammed VI de Marruecos –también presionado por las demandas de una población cada vez más exigente- presentaba el pasado 17 de junio una serie de reformas que ya había anunciado en el mes de marzo y que espera que sus súbditos ratifiquen en un referéndum que se celebrará hoy 1 de julio.

Lo cierto es que, luego de más de 30 años de totalitarismo o monarquías absolutas, el camino de estos países hacia la democracia está lejos de ser fácil y rápido: “Es pronto para hablar de democratización en el mundo árabe, es un momento de mucha incertidumbre y la situación de cada país es muy distinta. Hay oportunidades, pero también muchos riesgos”, afirma el director de investigación de International Crisis Group- ICG, Richard Atwood.

La Comunidad Internacional sigue atenta al desarrollo de los acontecimientos en esta parte del mundo y, además de lanzar constantes llamados a sus líderes para que den vía libre a las protestas pacíficas y estén atentas a los reclamos de democracia, justicia e igualdad de los ciudadanos, ha desplegado medios militares en Libia –no exentos de la crítica de la opinión pública internacional- con el objetivo, ha dicho, de proteger a la población civil de los ataques indiscriminados de Gaddafi, quien lleva más de 40 años en el poder, y contra quien la Corte Penal Internacional emitió el pasado lunes una orden de arresto.

El largo camino hacia la democracia

Pero ¿cómo iniciar un proceso de transición a la democracia en las urnas y detener el baño de sangre en los países árabes? Varios expertos insisten en que no hay recetas mágicas, ni modelos: “depende del contexto”, es la respuesta constante. “La transición a la democracia depende de aquello que generó el conflicto”, afirma Raquel Rico-Bernabe, especialista en asistencia electoral del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo- PNUD, quien ha participado en la identificación y formulación de proyectos de asistencia técnica a elecciones, especialmente en África. “Es importante vincular la transición a los elementos estructurales que ocasionan la violencia porque, si no se les da respuesta, pueden resurgir. La violencia es negativa, pero el conflicto, el desacuerdo en sí, no lo son porque constituyen una oportunidad de cambio. Lo mejor es enfrentarlos, pero ello depende de la voluntad de las autoridades locales”, agrega.

Pese a que cada contexto es distinto, en los países donde se viven períodos de transición la constante es la falta de confianza entre los ciudadanos, entre los partidos políticos, y de unos y otros hacia las autoridades electorales. Por este motivo, para Carlos Valenzuela, Consejero Especial de la ONU para Elecciones con amplia experiencia en varios países, entre ellos Irak y Afganistán, lo más importante es generar confianza en el proceso para dotarlo de credibilidad: “Las elecciones en período de transición no son un proceso cualquiera: no sólo se elige a los gobernantes, sino que se cristalizan o no las aspiraciones de cambio; es un momento en que se definen las nuevas fuerzas políticas y sociales y se da paso a la redacción de una nueva constitución, que definirá el rumbo de la transición. Por eso las elecciones son tan importantes y tan frágiles, porque las expectativas son muy altas y es mucho lo que está en juego”.

El éxito y la credibilidad del proceso electoral radican, según los tres expertos, en que se acepte el resultado como legítimo. Si el proceso electoral es exitoso, apoyará la transición política; en caso contrario, puede perjudicarla. “Después de un conflicto se esperan muchas cosas de las elecciones –añade Atwood-, no sólo que se elija un gobierno, sino que haya un juego político real entre los partidos, donde no medien las armas; que se acepten los resultados, que se acuerden unas normas comunes, que se resuelvan las diferencias pacíficamente”. Este es, precisamente, el quid de la cuestión en los países árabes en la actualidad.

Protestas en El Cairo (Ben Curtis / AP)

El papel de la Comunidad Internacional

En medio de tal estado de inestabilidad, son muchas las voces que piden la mediación de los organismos internacionales para que las transiciones a la democracia se den de la manera más pacífica posible. Sin embargo, en circunstancias complejas la simple voluntad no es razón suficiente para su participación en el proceso. En el caso de la ONU, afirma Rico, “la organización sólo puede intervenir como respuesta a una petición hecha por las autoridades del propio país ante el Secretario General y respetando siempre el principio de soberanía nacional”.

En Túnez, país cuyas autoridades pidieron asistencia electoral a la ONU después de las revueltas, ya hay equipos trabajando desde hace unos meses; en Yemen, las Naciones Unidas llevan algunos años dando apoyo por peticiones anteriores de las autoridades del país, por lo que las labores de asistencia en unas posibles elecciones a futuro se enmarcaría dentro del proyecto ya existente. Por su parte, el gobierno interino libio en Benghazi también ha pedido ayuda a la Comunidad Internacional, incluyendo las Naciones Unidas y, en otros contextos, actualmente también hay equipos en Jordania y en los Territorios Palestinos. Sin embargo, en aquellos países que aún no han pedido formalmente el apoyo electoral de Naciones Unidas, como Egipto, “la transición es un proceso a  largo plazo en el que, aunque la ONU no esté ejerciendo actualmente un rol activo, quizá pueda hacerlo en el futuro”, añade Valenzuela.

La participación de la ONU en el proceso electoral de un país en transición es muy específica: “Las Naciones Unidas no observan, ni supervisan, ni juzgan elecciones desde hace muchos años, aunque los medios de comunicación digan que sí”, afirma el Consejero. “La observación la llevan a cabo otras organizaciones internacionales, mientras que la ONU se encarga de dar apoyo operacional y financiero a las autoridades electorales del país para favorecer el desarrollo de capacidades locales y que las elecciones sean creíbles, lo cual no depende sólo de que sean transparentes, sino de la eficacia del servicio electoral. Si los aspectos administrativos no son eficientes, la credibilidad de las elecciones disminuye y se afecta la totalidad del proceso”. En este caso, la confianza recobra su importancia: “En los países en proceso de transición hay una tendencia a la suspicacia –añade-, a que errores logísticos puedan no ser vistos como tales, sino como intentos de manipulación. Por eso, el trabajo de asistencia técnica de la ONU está diseñado para garantizar que el sistema electoral sea cada vez más eficiente, además de transparente e imparcial”.

“Lo que suceda en Egipto será decisivo para el futuro del mundo árabe”

En Túnez el sistema electoral fue creado desde ceros, luego de las revueltas populares que lograron sacar del poder al presidente Ben Alí tras 23 años de gobierno. Por este motivo, las elecciones inicialmente previstas para 24 de julio fueron aplazadas hasta el 23 de octubre, dado que el gobierno en funciones se ha quejado de falta de tiempo suficiente para la elaboración de un censo electoral y para la preparación de las fuerzas políticas que podrían participar en los comicios.  “Un cambio tan radical ha ejercido una importante presión en la capacidad operacional de las instituciones –afirma Valenzuela-, pero la confianza de los tunecinos en los nuevos organismos electorales y en la comisión creada para garantizar que se preserven los principios de la revolución y se respeten los derechos civiles –aunque carezca de valor legal- ha sido decisiva”, dice.

Al contrario que en Túnez, en Egipto –donde el pasado 19 de junio se propuso aplazar las elecciones parlamentarias previstas para septiembre-, se decidió mantener la capacidad logística y operacional del Ministerio del Interior ya existente para la celebración de los comicios. Sin embargo, para generar confianza y ganar credibilidad entre la población -que logró con sus movilizaciones poner fin a 30 años de gobierno del presidente Mubarak- fueron creados unos mecanismos a través de los cuales los jueces serán los encargados de la supervisión del proceso electoral.

Sin embargo, la transición a la democracia en ese país está lejos de ser fácil: “Todo el mundo habla del aplazamiento de las elecciones –afirma Valenzuela-, pero nadie parece percatarse de que las autoridades egipcias van a tener mucha dificultad para organizarlo todo a tiempo porque se trata de un proceso muy complejo. No sólo porque los desafíos a los que se enfrenta Egipto son muy grandes, sino porque, aunque cuentan con toda la estructura necesaria, la población jamás ha acudido tan masivamente a votar como es previsible que lo haga ahora”. En opinión del Consejero Especial de la ONU, la incorporación de los nuevos mecanismos de veeduría también supone una dificultad añadida: “no hay una cantidad de jueces suficiente para cubrir el alto número de centros electorales que se crearán. Asimismo, implementar el voto para los egipcios en el extranjero, la falta de listas electorales y la decisión de identificar a los votantes a través de la tarjeta nacional de identidad, además de asignar los lugares de votación, son temas dispendiosos, que cuestan tiempo y dinero. En general, les espera un trabajo muy duro”, agrega.

Teniendo en cuenta las diferencias, pero también la simultaneidad con que se han dado los cambios tanto en Túnez como en Egipto y que estos dos países ya parecen haberse decidido a emprender el largo camino hacia la democracia, ¿hay alguna comparación posible? Los tres expertos insisten, de nuevo, en los matices. “No quiero restar importancia al proceso tunecino, pero creo que lo que se juega en Egipto es de mayores dimensiones que en Túnez. Egipto es muy importante a nivel regional, es el país árabe por excelencia, por eso lo que suceda allí será determinante para el futuro del resto de la región, aunque haya perdido mucho peso económico y cultural desde el ascenso de Beirut durante los últimos 30 años”. Los egipcios, conscientes de esta importancia, se refieren a su propia coyuntura como una revolución, no como una simple revuelta. Motivos no les faltan: Hasta hace cuatro meses era impensable que Mubarak y algunos de los altos mandos gubernamentales que le eran leales estén ahora en la cárcel.

Mujeres egipcias celebran la caída de Mubarak (AP Photo)

¿Qué futuro es previsible para algunos de los demás países de la región cuyos ciudadanos han salido a la calle a exigir reformas? Nuevamente, los tres expertos insisten en que en estos contextos el futuro es aún incierto: “en Yemen la transición a la democracia podría seguir siendo lenta y difícil, en parte, por la fragmentación tribal del ejército y su falta de unidad, pero también porque los jóvenes y las mujeres que iniciaron las manifestaciones han sido marginados del proceso y se ha dado paso a una pugna intertribal”, dice Atwood. En este país, a diferencia de Túnez y Egipto, las revueltas populares no han conseguido sacar del poder al presidente Saleh -quien lleva 32 años en el poder- pese a haber resultado herido en un atentado el pasado 3 de junio.

Respecto a Marruecos, donde el rey Mohammed VI anunció en marzo pasado algunas reformas constitucionales que aún están pendientes de ser conocidas y refrendadas por la población en un referéndum que se celebrará hoy 1 de julio, tanto Atwood como Valenzuela son poco optimistas. Ambos analistas afirman que tanto allí como en Jordania y Arabia Saudita hace muchos años que se anuncian reformas a las que, en general, las monarquías de los países árabes son poco proclives.

En Siria, donde campea el nepotismo pese a no ser un régimen monárquico –el actual presidente Bashar Al Assad heredó hace diez años el poder de su padre, Hafez, que estuvo 30 años en el poder-, poco indica que el cambio esté próximo, pese a la jornada de diálogo nacional convocada para el 10 de julio. Sin embargo, considera Atwood, “el Presidente  ha perdido casi todo el apoyo popular, como consecuencia del manejo que ha hecho de la crisis”.

En medio de semejante panorama, Libia no ofrece una perspectiva más esperanzadora: “Creo que la diferencia fundamental respecto a Túnez y Egipto –dice Carlos Valenzuela- es la reacción del ejército libio frente a la crisis. Ante la revuelta popular, el régimen de Gaddafi –quien lleva 42 años en el poder- decidió usar la mano dura y sus guardias y aliados en el ejército lo apoyaron porque en Libia, al igual que en Yemen, el ejército no está cohesionado”. Como en Siria, la dura represión de las manifestaciones en Libia se ha cobrado la vida de miles de personas y la intervención de la comunidad internacional al declarar la zona de exclusión aérea con el mandato de “proteger a los civiles de los ataques” ha sido duramente criticada y cuestionada. “Desde International Crisis Group- ICG hemos hecho un llamado al cese del fuego y a la negociación, hay que buscar una salida política”, dice Atwood.

La cuestión palestina

En tales circunstancias de inestabilidad y complejidad, la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la impunidad juegan, en palabras de Raquel Rico, un papel preponderante e imprescindible en la transición a la democracia posconflicto. Para Richard Atwood, “una sociedad nunca será completamente pacífica ni la paz será durable si los responsables de delitos contra la población civil inerme no rinden cuentas ante la justicia. Para que la futura democracia sea estable, es necesario implementar mecanismos para la reconciliación, aunque en algunos casos puede haber tensiones entre justicia y estabilidad en el corto plazo”, afirma.

¿Qué papel jugará la comunidad internacional en la transición a la democracia y en la construcción de la paz en el mundo árabe? La respuesta es contundente: no depende únicamente de elegir un nuevo gobierno a través de las urnas. “La Comunidad Internacional no debería tomar partido, por ejemplo, en la crisis de Egipto; hacerlo sería muy peligroso y podría generar reacciones violentas”, dice Atwood. “En cualquier caso –agrega-, para la Comunidad Internacional será muy difícil favorecer el ascenso de las fuerzas moderadas en la región si no se equilibra la posición de Occidente respecto al conflicto entre Israel y Palestina”.

Si el conflicto palestino –tan largo y complejo en sí mismo-  lleva tantos años pendiente de resolución y de él depende una parte importante del proceso de democratización y pacificación del mundo árabe, quizá haya empezado la primavera, pero pasará mucho tiempo antes de ver las flores.



*Periodista colombiana especializada en análisis político y cubrimiento de conflictos, derechos humanos y asuntos humanitarios. Ha trabajado en varios medios de comunicación latinoamericanos y ONG. Vive en Barcelona.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

7 comentarios

  1. Lyz Faryde

    Excelente artìculo.

    • Yamyla

      Me parece que es un orgullo del Periodismo colombiano,todos los periodistas deberian tener la capacidad de análisis más allá de sus fronteras y de ver desde muchos puntos de vista el conflicto politico y armado que tiene presencia no sólo en Colombia si en muchos otros lugares del mundo,muy buen artículo

  2. [...] En Periodismo Humano han analizado éstas cuestiones y algunas más y en su artículo “El lento florecimiento de la primavera árabe” han publicado sus conclusiones. Muy [...]

  3. LOLIS DE COLOMBIA

    ¡Me parece un excelente articulo!
    Ojalá cale en muchos gobiernos para que se concienticen, mejoren y sirvan de ejemplo para bien de la humanidad.
    Felicitaciones señora periodista ha sido un buen aporte.

  4. Nubia E. Rojas G.

    Pueden ver más trabajos míos en: http://yovivodepreguntar.wordpress.com

  5. Nubia E. Rojas G.

    Gracias por los comentarios.

  6. [...] Aunque la influencia de la Primavera Árabe ha sido muy discreta, la consecuencia más inmediata es que los gobiernos de Hamás en Gaza y de Abbas en Cisjordania se [...]

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