Sociedad

De rescatar esclavos en Brasil a ‘güeliflauta’ en Asturias

Entre los participantes en la concentración para impedir el desahucio ejecutado por Cajastur en Oviedo de Jorge, Patricia y su bebé de 5 meses Amanda, se encontraba la defensora de derechos humanos Carmina Bascarán

Tras pasar 15 años luchando contra el trabajo esclavo en Brasil, conversamos con ella sobre la crisis en España.

"Deseo que algún día los policías hagan valer la cláusula de conciencia y se nieguen a obedecer órdenes que van contra los derechos humanos"

Carmina Bascarán gritando "Los güeliflautas también estamos aquí" durante el desahucio de Jorge, Patricia y Amanda (Javier Bauluz)

Entre las personas que participaron en la concentración contra el desahucio de Jorge, Patricia y su bebé de 5 meses Amanda, se encontraba una mujer que grito “Los güeliflautas también estamos aquí”. Con su melena blanca y rostro curtido, Carmina Bascarán es un rostro conocido entre los veteranos del activismo de Oviedo, aunque durante los últimos 15 años se hubiera perdido su rastro. Cuando sus cuatro hijos fueron mayores de edad y tenían sus vidas encaminadas, Carmina se fue a Brasil donde tenía un hermano misionero comboniano “a ver en qué podía ayudar”. Investigando sobre el terreno con otros ciudadanos brasileños con los que fundó una asociación, descubrieron que el trabajo esclavo seguía existiendo oculto en los inabarcables latifundios del norte de este país de dimensiones continentales. “Gracias al poder de los invisibles, empezamos a avanzar porque como no saben qué existes y de repente ¡zas!”. Ese ‘zas’ fue poner en el centro del debate público la urgencia de admitir la existencia de trabajo esclavo, consistente en contratar a personas que desde el principio contraen una deuda con el empresario por la compra de los utensilios de trabajo, la comida y bebida que tiene que adquirir en la cantina de la hacienda. Y si decide marcharse, en muchas ocasiones han sido asesinados por los guardianes. Tras este primer logro, una vez desmontado el tabú de esta lacra, conseguieron que el gobierno de Lula creara una Comisión gubernamental para su erradicación. De hecho, Carmina fue la primera ganadora del Premio de Derechos Humanos creado por el presidente que emergió del sindicalismo.

Durante estos 15 años, el Centro de Defensa de la Vida y de los Derechos Humanos que ahora, tras su vuelta a España lleva el nombre de la activista, ha dinamizado una zona, la de Açailandia, en Maranhao, el estado más pobre de Brasil, sumida en la corrupción, la prostitución, las drogas y otras afrentas para la dignidad de la población. Cientos de jóvenes se han formado en ciudadanía mientras aprendían teatro, danza, capoeira, cómo formar una cooperativa o montar una radio comunitaria.

Ahora Carmina está de vuelta en España, ejerciendo de abuela múltiple y participando en protestas como la del desahucio de esta familia en Oviedo. Hablamos con ella sobre su opinión sobre éste y otros temas de actualidad.

Periodismo Humano. ¿Por qué fue a intentar evitar el desahucio?

Carmina Bascarán. Porque creo que ante tanta injusticia y descaro, una no se puede quedar en casa callada y quieta.

P. H. Para el desalojo se destinaron 60 antidisturbios durante más de 4 horas. ¿Qué le parece el despligue?

C. B. Desmedida, desmesurada, un alarde de fuerza; utilizar los servicios públicos para defender los intereses de banqueros es un fraude más a la ciudadanía. Vergonzoso y espero y deseo que algún día los policías hagan valer la cláusula de conciencia y se nieguen a obedecer órdenes que van contra los derechos humanos. Y lo que vimos el otro día es un atentado contra esos derechos.

P. H. ¿Cómo interpreta la crisis que estamos viviendo y las medidas que está adoptando el gobierno de España para atajarla?

C. B. Difícil porque, sobre todo, se quieren aplicar medidas que apuntalen más de lo mismo y que la masa de pobres aumente en beneficio de los grandes poseedores que continúan acumulando y centralizando el poder económico. Malo quien propone solamente recortes y malo quien sigue hablando de crecimiento sin añadir que el crecimiento tiene un límite y que la propuesta tiene que venir acompañada de una autentica revolución de las conciencias y de las formas depredadoras de vida que Occidente predica.

P. H. ¿Cómo ha vivido la aparición de movimientos como el 15M y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ?

C. B. Con una gran alegría y esperanza. Ese movimiento, que ya está implantado en todo el mundo, puede descubrir nuevas formas de lucha y apuntar caminos para ese nuevo tipo de sociedad en la que la explotación de seres humanos y del Medio Ambiente no se justifique para obtener lucro a cualquier coste. La juventud está tomando el relevo. ¡Adelante!

P. H. Tras una vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, ¿qué cree que debe hacer la ciudadanía española?

C. B. Buscar dentro de su conciencia más profunda si existe justificación para tanta desigualdad e injusticia y responder sin miedo, uniéndose a las propuestas de otros, o creando otras que posibiliten tener esperanza en el futuro y no, como recientemente ocurrió en Grecia, que un anciano se suicide porque iba a ser desahuciado de su casa, caer en el pesimismo total…Creo que hay que decir un ‘basta’ y un ‘No nos moverán’ que retumbe en el mundo entero.

P. H. Llegó a Brasil y encontró, entre otras lacras, el trabajo esclavo. ¿Qué ha sido lo que más le ha sorprendido a su vuelta a España?

C. B. Por un lado la sensación, como decía Del Bosque hablando de la relación entre la Selección y las opiniones que ahora se vierten cuando no gana por goleada, que España se había convertido en un país “nuevo rico”, donde la corrupción y el apropiarse del dinero público era sinónimo de ser listo , donde manipular a la sociedad para que la ostentación y el dinero fueran las medidas del valor del ser humano era el summum de perspicacia y de eficacia… En fin, salvando a mucha gente buena, con coraje, y que seguía teniendo agallas para nadar contracorriente, que el país se había convertido en una finca particular de financieros , especuladores y gamberros sin la más mínima visión de lo que estaba aconteciendo en el resto del mundo.

P. H. Tras tantas luchas, ¿de dónde saca la esperanza y la energía para continuar?

C. B. Son mis dos principales riqueza. La esperanza es saber que el ser humano a lo largo de toda la historia fue capaz de las mayores barbaridades y de las mayores grandezas. Y tener la certeza que al final va a ganar y alumbrar una nueva sociedad. La legión de gente que hoy está dispuesta a inclinar la balanza hacia la conquista de la libertad, la justica, la paz, la compasión… A creer que, como gritábamos el otro día, “Jorge, somos todos”. Somos mucha más y estamos con mejor disposición para alcanzar nuestros objetivos y sobre todo cada día más sabios y conscientes. El asunto es obrar en consecuencia.

Personalmente además sigo, a pesar de todo, creyendo en un líder que venció la muerte, Jesucristo. Y la energía… ¡qué se yo! Me fue dada de gracia, creo.

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