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Sociedad

Cómo se construye un Estado

La española Marta Ruedas, responsable del PNUD en Líbano, nos explica por qué Líbano no se ha desmoronado pese a las sucesivas crisis

Frontera Líbano-Israel. (Javier Bauluz / Piravan)

En la tranquila Europa, los habitantes pagan impuestos para que sus gobernantes hagan cosas tan básicas como organizar el tráfico, mejorar las infraestructuras, garantizar los suministros de agua y electricidad, difundir campañas para garantizar la salud de sus ciudadanos y promover leyes que mejoren, legislatura tras legislatura, el funcionamiento del país. Pero, ¿quién hace todo eso en los países acuciados por crisis institucionales, en definitiva, en aquellos lugares donde el Gobierno no funciona?

La respuesta es el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y el Líbano es un buen ejemplo de cómo trabaja una agencia dedicada a ayudar a construir los Estados.

En los últimos cinco años, el país del Cedro –que padeció una terrible guerra civil entre 1975 y 1990- ha vivido en una constante crisis: tras el magnicidio de Rafic Hariri, en 2005, llegó la ‘revolución del Cedro’, que logró la salida de los sirios tras 29 años de ocupación, pero también una fisura entre el gobierno anti sirio y oposición pro siria que no tardaría en derivar en una crisis gubernamental y una confrontación social.

El Ejecutivo de unidad nacional se desplomó. Los ministros de la oposición se retiraron dejando un gobierno en minoría anticonstitucional con la Carta Magna en la mano. Instalaron un campamento de protesta en pleno centro de Beirut –en la tristemente famosa línea verde que dividió en la Guerra Civil a cristianos y musulmanes- que paralizó la vida en el corazón de la capital y agudizó el divorcio social.

En 2006, la captura de dos soldados israelíes a manos de Hizbulá derivó en unos bombardeos que mataron a 1.200 personas y en la destrucción de buena parte de la infraestructura libanesa, fomentando la inquina interna hacia el Partido de Dios. En 2007, el mandato del presidente expiró sin que los diputados hubiesen encontrado alternativa: el presidente del Parlamento cerró la Cámara Baja durante siete meses, hasta que un amago de guerra civil obligó a una intervención internacional que se tradujo en consenso. A eso se sumó la revuelta islamista del campo de refugiados de Nahr al Bared, los atentados extremistas contra la fuerza de Naciones Unidas, la tensión con Siria…

En resumidas cuentas, el Líbano ha vivido sin presidente, sin Parlamento y con un Gobierno en minoría sin que los ciudadanos padecieran grandes carencias. Y desde que se instaló la relativa estabilidad, a mediados de 2008, dos gobiernos se han sucedido. En estas circunstancias, sólo la intervención del PNUD explica que el país del Cedro no se haya desmoronado.

Marta Ruedas. PNUD. (Mónica G. Prieto)

Agenda técnica, no política

“En el Líbano casi todo es posible: como organismo de desarrollo casi hay que retenerte para no tomar todas las decisiones, al menos en casos de proyectos”, bromeaba en 2008, durante lo peor de la crisis, la responsable del PNUD, la española Marta Ruedas. Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Columbia, Ruedas, de 45 años, ha destinado 20 años a las Naciones Unidas. Y desde su llegada al Líbano, hace dos años, el nombre de la agencia copa titulares casi a diario. “Nuestra relación es muy buena con todas las partes y con todos los ministros porque no tenemos una agenda política sino técnica. Trabajamos con las autoridades nacionales y municipales. Antes, muchas decisiones no se podían tomar porque la mitad del gobierno no estaba, porque había un vacío temporal en un ministerio… Pero el resultado era un gobierno flexible en la aplicación de reglas, otros tienen una visión más rígida de lo que se puede hacer”.

Con la llegada de la estabilidad, la actitud del Ejecutivo no ha cambiado hacia el PNUD, percibida como una agencia que sugiere e implanta mejoras prácticas que sólo pueden ser bien acogidas entre los ciudadanos y por tanto mejorar la maltrecha imagen de los políticos. Un buen ejemplo fue la introducción de la bombilla de bajo consumo en el país, un enorme ahorro energético (especialmente en empresas públicas y privadas) para un país con una red eléctrica muy deficiente. “Lo siguiente fue hacer estudios en todos los edificios públicos y privados del Líbano para evaluar cómo ahorrar energía. En los privados, los propietarios corren con los gastos; en los públicos, lo hace el PNUD gracias a la financiación española. El proyecto ha sido tan exitoso que el Ministerio de Electricidad y Recursos Hidráulicos nos ha encargado otro similar para evaluar cómo ahorrar agua”.

Proyectos de irrigación en las regiones más desfavorecidas, de contención de inundaciones con la construcción de mini presas que recogen el agua del deshielo, implantación de energía solar, campañas para fomentar donaciones entre los libaneses de la diáspora, la introducción de urnas de plástico para garantizar la transparencia electoral en los comicios del 2008, una línea gratuita de información electoral –“los interventores de las mesas electorales llamaron hasta el último día, preguntando en qué consistía su trabajo”, recuerda Marta Ruedas entre risas-, campañas antiviolencia de género, limpiado de minas…Allá donde el Gobierno no está, está a medias o no ha podido o sabido llegar está el equipo del PNUD para aplicar las ideas de su responsable, a su vez vice coordinadora especial de la ONU para el Líbano.

Las sucesivas guerras del Líbano

“Un buen ejemplo [de nuestro trabajo] fue lo ocurrido tras la guerra de 2006. El PNUD fue de las primeras organizaciones en responder a la situación inmediatamente porque disponemos de una red de colaboradores locales que cubre 300 municipios. Enseguida se evaluaron las necesidades y se elaboraron mapas específicos con cada inmueble destruido, estudiamos los daños en las infraestructuras y pudimos presentar la situación a los donantes”.

El equipo de ruedas, 300 personas, trabaja en cuatro ámbitos. “El 40% de nuestros fondos son dedicados a desarrollar la capacidad de los organismos del Estado. El apoyo al diálogo nacional, a las elecciones, el apoyo directo a ministerios y a las instituciones se incluyen en el ámbito de la gobernabilidad”, describe Ruedas. En el segundo, el Desarrollo Económico Local, entra el trabajo con los municipios. En cuanto al tercer ámbito, dedicado al medioambiente, el PNUD se concentra en medidas que puedan paliar las consecuencias del cambio climático, mientras que en construcción de la paz, reconstrucción y prevención de desastres entra desde la resurrección de Nahr al Bared hasta el desminado del sur del Líbano, sembrado de proyectiles israelíes.

Campo de refugiados palestinos.

La presión del PNUD y de las ONG ha logrado una modificación de la ley electoral –no tan justa como la exigida por la sociedad- que introduce una comisión electoral independiente, la limitación del gasto de los candidatos –en un país acostumbrado a comprar votos- o la estandarización de las papeletas. La agencia ha convocado seminarios entre los medios de comunicación para evitar que promuevan conflictos -“aquí cada medio tiene una afiliación política y defiende su punto de vista. En momentos de conflicto, si están mejor formados podrían tratar de apaciguar en lugar de exacerbar las situaciones”, continúa Ruedas- y ha llegado a dar cursos sobre el SIDA a líderes religiosos. “Explicamos que el SIDA se propaga de muchas maneras, muchas de las cuales no tienen por qué molestar a un líder religioso porque no todo es homosexualidad. Tiene que haber una labor de concienciación hacia el trato del enfermo que en esta sociedad pasa por el líder religioso”.

En este año, el PNUD confía en que su presión acabe con el problema de los ciudadanos de ningún sitio, los libaneses por parte de madre –sin derecho a la nacionalidad- entre otras muchas prioridades. Cada semana, la directora de la agencia tiene al menos una reunión con algún ministro para afinar ideas y promover soluciones. Su último proyecto parece una quimera: regular el tráfico libanés, caracterizado por el caos más absoluto y por la ausencia de transporte público, lo que deriva en un exceso de vehículos que hace de la conducción un continuo atasco. “La idea es estudiar las necesidades y los recursos existentes y organizar las cuestiones del tráfico con un plan maestro que incluya un sistema de transporte público y la obligación de licencias para taxis, autobuses y microbuses”. En un futuro cercano, una idea conjunta entre el Gobierno libanés y el PNUD podría convertir a Beirut en una de las primeras ciudades con vehículos híbridos sirviendo como taxis. ¿Generalizar los semáforos? “Por supuesto contamos con ello, pero ¿crees que algún libanés los respetaría?”, aduce Ruedas. Quizás sea pedir demasiado al Líbano.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

5 comentarios

  1. <>

    ¿Sólo a mí esto me suena bastante, bastante feo?

  2. Me refería a esto:

    “Explicamos que el SIDA se propaga de muchas maneras, muchas de las cuales no tienen por qué molestar a un líder religioso porque no todo es homosexualidad.

  3. inki

    lo principal es poder combatir el sida y si para eso se tiene que explicar a un lider religioso que cuando difundes la prevención no se habla sólo de homosexualidad, bien está. otra cosa es propiciar un cabio de mentalidad, pero ser práctico no debe ser malo en esas circunstancias, primero lo urgente, la supervivencia

  4. Hombre, hablando de “supervivencia”, si no recuerdo mal la homosexualidad está penada con la muerte en el Líbano, ¿No?

    • inki

      Pues, la verdad, no lo sé. Me refería a la superviviencia de alimentarse, prevenir enfermedades y sobrevivir a la violencia, pero claro ese es otro tipo de violencia. Me imagino que como todo tendrá multiples matices, pero por edad creo que a veces para vivir es mejor disimular algunos aspectos que te impedirían hacerlo tranquilo, pero también sé que desde la tranquilidad de verlo desde aquí y hoy, eso parece retroceder. Como con todo, será valorar lo que hay, lo que quieres conseguir y lo que debes ceder en cada momento para obtenerlo

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