Sociedad
Años en campos de trabajo: la oposición bielorrusa escucha sus sentencias
El ex candidato electoral bielorruso Nikolai Statkevich, condenado a seis años en un campo de trabajos forzados
“Desde que detuvieron a mi padre, nos han llegado tres cartas suyas en las que escribe que no puede escribir nada”
“Durante el tiempo que estuve en prisión me sometieron todo tipo de humillaciones”

En penas de años de internamiento en campos de trabajos forzados acaban los juicios a los que se está sometiendo a la cúpula de la oposición en Bielorrusia. (AP/ Sergei Grits)
Seis años en un campo de trabajos forzados: así reza la pena impuesta a Nikolai Statkevich, uno de los candidatos electorales que concurrió contra Alexander Lukashenko en las últimas elecciones en Bielorrusia. Cinco años de condena similar le esperan a otro participante en los comicios, Andrei Sannikov, líder del movimiento Por un Belarús Europeo.
Seis años en un campo de trabajos forzados, y podría haber sido mucho peor. Hasta década y media de privación de libertad le reserva legislación bielorrusa a quienes alteran el orden público. E instigar a tal cosa hizo la oposición, se considera ahora probado, cuando el pasado diciembre miles de personas salieron a las calles de Minsk para quejarse de la manipulación electoral. Las fuerzas de seguridad procedieron brutalmente. Esa misma noche, el KGB inició las razzias. Cientos de personas fueron arrestadas; la mayoría tuvo que pasar 15 días en prisión. Quienes finalmente quedaron en las cárceles del servicio secreto y van ocupando hoy poco a poco los banquillos para escuchar sus veredictos son la cúpula contraria al régimen. O casi.
“La gente se sorprendió de que me detuvieran”, dice Ales Mikhalevich. Él mismo no lo esperaba. Mikhalevich concurrió a las elecciones, hizo campaña en el extranjero y habla inglés -lo que de por sí se considera sospechoso-, pero nunca formó parte del núcleo duro. Era más bien un candidato light, considerado mera decoración democrática en una cita con las urnas en la que había mucho escenario de cartón. “A las cuatro de la mañana vinieron a buscarme”, cuenta sobre la noche electoral, “cuando me di cuenta de que eran agentes del KGB, respiré más tranquilo. ‘Por lo menos no me van a matar’, pensé”.

El candidato moderado de la agrupación bielorrusa Unión por la Modernización, Ales Mikhalevich, vive exiliado en la República Checa. (AP/ S.G.)
Matar, no. Torturar y vejar, sí. “Sufrí todo tipo de humillaciones. Me obligaban a desnudarme y a hacer flexiones. Se reían de mí. Perdí 20 kilos. Tuve que pronunciar un discurso en televisión cuyo contenido me había sido dado”, describe Mikhalevich, “luego me trasladaron a otro centro en el que compartía una celda de ocho metros cuadrados con 15 personas. Lo que me hacían a mí se lo hacían a los demás internos, para ponerlos en mi contra y presionarme. Querían que confesase que organicé los disturbios de diciembre con el resto de los candidatos y que los acusara de promover las manifestaciones. Cuando me llevaron ante el juez, le dije que yo apenas tenía contacto con los otros políticos. ‘Pues tendrás que esforzarte por recordar’, me contestó”.
Mikhalevich cuenta su historia desde el exilio. “La condición para ponerme en libertad condicional fue que firmara un papel en el que me comprometía a trabajar para el KGB. Evidentemente lo hice, pero no tenía ninguna intención de cumplir con lo firmado”. Mikhalevich huyó a Praga. La Justicia bielorrusa lo reclama por el proceso pendiente, y ha interpuesto contra él una orden de busca y captura ante Interpol.
En las cárceles secretas del KGB, a donde van a parar quienes molestan al régimen de Lukashenko y a donde las ONG carecen de acceso y los abogados defensores sólo en función de la voluntad de los agentes, se respira un ambiente muy intelectual, bromea Mikhalevich. Como él, en ellas acabaron los restantes políticos que el 19 de diciembre pasado osaron aspirar abiertamente al cargo de presidente, además de periodistas, activistas y otros miembros de la oposición. Del destino de los demás encarcelados sabía a través de un sistema de intercambio de notitas, narra Mikhalevich: “Pero nos llegaba muy poca información. De Sannikov, por ejemplo, sólo supe que tenía problemas en una pierna. Y de Statkevich que ya no podía leer sin gafas”.

El ex candidato presidencial Nikolai Statkevich escuchó el veredicto que un tribunal de Minsk emitió en su contra tras casi cinco meses en una prisión del servicio secreto (AP/ S.G.)
“Mi padre siempre ha tenido muy buena vista”, dice Katja Statkevich. El hecho de que ahora no pueda prescindir de los lentes simboliza para ella todas las penurias del internamiento. Mucho más no sabe sobre el estado de su padre: que se declaró en huelga de hambre, que acabó en la unidad de cuidados intensivos y que se recupera sólo lentamente. Al menos, hace poco a su abogado se le ha permitido visitarlo. “Durante los primeros meses de detención no podía verlo nadie”, cuenta Katia Statkevich. Ya por aquel entonces se decía que su salud era crítica. “En todo el tiempo que lleva en prisión, nos han llegado tres cartas suyas, la mayoría en estas últimas semanas”. Leerlas alivia, asegura, “aunque en ellas sólo nos escribe que no puede escribir nada”.
Quebrar vínculos, la sensación de aislamiento de los presos, es una táctica altamente efectiva. La presión ejercida a través de las familias también. “Cuando estaba en la cárcel, me llegó una carta de una mujer que no conocía diciéndome que tenía una esposa y unos hijos muy buenos y que debía vivir por ellos, y me sugería que podía pasarles algo”, recuerda Mikhalevich. También contra Andrei Sannikov recurrió el KGB a este método. Su pierna rota y las torturas que denunció durante el juicio nunca fueron tan amedrentadoras como la amenaza de un destino inciertamente terrible para su mujer, la periodista Irina Khalip, igualmente en prisión, y la posibilidad de que el hijo de ambos, de tres años, pudiera crecer en un orfanato.

Andrei Sannikov fue condenado el 14 de mayo de 2011 a cinco años en un campo de trabajos forzados. Su mujer, la periodista Irina Khalip, tendrá que cumplir dentro de dos años una pena de dos años de cárcel.
No hay que menospreciar a Alexander Lukashenko, advierte Katja Statkevich: “Siempre se dice que está loco y él se esconde detrás de esa supuesta enajenación. Pero, más allá de las alteraciones psicológicas que no dudo que pueda padecer, Lukashenko es más inteligente de lo que se cree. Sabe que ahora la Unión Europea está obligada a imponerle sanciones. Pero también sabe, porque así ha sido durante estos últimos 17 años, que en algún momento las levantará y todo volverá a ser como antes”.
Alexander Lukashenko sabe incluso que, pasada la indignación inicial y con algo de distancia temporal, si en el futuro próximo decide conmutar o levantar las penas de seis y cinco años en un campo de trabajos forzados que ahora pesan sobre Sannikov y Statkevich, Europa dará seguramente la bienvenida al gesto como un paso en la dirección correcta, porque también así ha sido durante los últimos 17 años.












No sé yo hasta qué punto todo esto es cierto. Si lo fuese lo repetirían los mass media noche y día, y no es el caso. No hay ninguna prueba de nada. Vamos que yo digo lo contrario, con dos testigos del gobierno Bieloruso y a ver quién dice la verdad…
Claro, que los “mass media” son los que otorgan la veracidad de la información. Tócate un pie.
Yo hace mucho que no leo/veo/escucho nada procedente de esos “mass media”, pero hace unos años no decían ni mú acerca del amigo Putin, por ejemplo. Y no vayamos a negar la obviedad de que Rusia está gobernada por una corrupta y deshonrosa plutocracia. Naturalmente, los oligarcas rusos se preocupan mucho de su imagen en el exterior, de manera que estrechan fuertes vínculos con los miembros del cuarto poder. ¿Y qué decir acerca de la “amistad” tan aplaudida entre Putin y Berlusconi -teniendo el grupo de este último el control de unas cuantas cadenas en España-?
Bielorrusia es territorio ruso. Punto. Por ende, puedes aplicar la analogía fácilmente.
Gracias a periodismohumano se puede vivir informado bajo unos umbrales de contaminación mínimos. Y es algo que no tiene precio.
El símil con el caso de Putin y Rusia, lo que hace es corroborar el argumento de Dudoso. Si de Rusia no es sale nada es por los importantes intereses económicos Europa-Rusia manejados por Putin, cosa que no existe con Bielorrusia (No es Rusia, como dice). Más bien al contrario, ya no queda ni el eco de las revoluciones naranjas que tanto se jalearon desde esos mismos mass media. Por lo tanto, ¿no será que hay algo más que acusaciones de desórdenes callejeros, por ejemplo, colaboración con paises extranjeros con fines desestabilizadores?
Claro, que todo esto es verdad y muchas más cosas pasan,las que se están callando. ¿Por qué no lo escriben todos los medios? Porque Belarús no deja entrar a periodistas y defensores de derechos humanos extranjeros y Lukashenko cuenta sólo lo que le interesa. Pero sí ya vivimos muchos años sin que nuestro voto se tome en cuenta, si salimos a protestar contra cualquier cosa, acabamos en la cárcel. Vivimos un ambiente de terror y de falta de libertad que es inadmisible para un país europeo. Ciudadana belarusa
Hola,
Queria contactar con vosotros para saber la forma de colaborar, no importa que este comentario no se publique, es solo a modo contacto. Sin embargo, me interesaba especificamente este pais ya que es posible que viva alli un tiempo por ciertos lazos. En cualquier caso, no soy periodista profesional, aunque si me gustaria contar las cosas que voy viendo.
Un saludo.
Espero respuesta en mi mail.
ya la justucia esta pronto por llegar Alexander Lukashenko tiene que pagar por sus delitos a la humanidad!!
los paises de occidente se estan reinbindicando con todos los paises del mundo y lo pasado pasado quedo!
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