Sociedad

8. Minsk, Ciudad del sol

Palacios, majestuosas avenidas y símbolos de la religión comunista se levantaron en la Ciudad del sol.

El escritor bielorruso Artur Klinau nos llevó a recorrer el presente y el pasado de Minsk, que estaba llamada a ser una de las puertas de entrada a la gran utopía.

Destrucción suficiente- y si hubo que destruir más siempre se tuvo a quién culpar- habían dejado en Minsk las tropas nazis durante la II Guerra Mundial. El nuevo régimen soviético encontró por lo tanto aquí el lugar ideal en el que materializar su proyecto de representar arquitectónicamente la gran utopía.

También para ello la situación geográfica de Minsk era privilegiada. Junto con Kiev, se encontraba a medio camino entre Rusia y el resto de Europa. Ambas ciudades debían constituir la puerta de entrada al país de la felicidad, la URSS, y marcar el inicio del camino hacia el altar central, Moscú.

Con tal fin se erigieron palacios, trazaron majestuosas avenidas y establecieron símbolos religiosos, que todavía hoy persisten: “la ciudad del sol recibe a sus visitantes con la gigantesca Plaza de Lenin, que es tan grande que podría dar cabida a toda una urbe pequeña. El autobús que me llevaba a la escuela cuando era niño paraba en ella tres veces”, cuenta el escritor, fotógrafo, artista, arquitecto, editor y periodista Artur Klinau en su libro más conocido: Minsk, ciudad del sol de los sueños.

A recorrer las calles y la historia de la inconclusa ciudad del sol en la que en 1965 vino al mundo y todavía vive nos llevó Klinau.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie