Sociedad
La pista olvidada de la muerte de Hariri
La confesión de un grupo islamista suní, que se atribuyó el atentado contra el ex primer ministro libanés, parece haber sido ignorada
El uso de falsos testigos, que acusaron sin pruebas a Siria y a sus socios libaneses, y los arrestos arbitrarios cuestionan al único tribunal que investiga un atentado, no un genocidio o un crimen contra la Humanidad

Un globo de San Valentín con el rostro de Hariri, asesinado el 14 de febrero de 2005. (Mónica G. Prieto)
Durante cinco años, las fotografías que empapelaban el muro exterior de la sede de Future TV, el canal de la familia Hariri, recordaban tercamente el atentado que cambió para siempre la Historia del Líbano. Imágenes gigantescas del infierno dejado por el camión bomba, de la comitiva del ex primer ministro Rafic Hariri reducida a chatarra humeante, de los cadáveres atrapados entre los hierros, del funeral que conmovió al mundo, de una familia destrozada enterrando al que pasó de ser un criticado magnate a un mártir político.
Hoy, esas fotografías han desaparecido como por arte de magia, como ha ocurrido con el reloj que, a la entrada del sector de Qantari -inicio de la zona suní por antonomasia de Beirut- contaba los días que pasaban desde el magnicidio sin que se supiera la verdad. No es que los libaneses no quieran justicia: el problema es más bien que pocos confían en conocer algún día la verdad.
Eso, a pesar de que el país del Cedro tiene el dudoso privilegio de ser el primero del mundo que se beneficia de un tribunal especial de Naciones Unidas para dilucidar la responsabilidad de un solo atentado, no un genocidio o un crimen contra la Humanidad. Ocurrió poco después del magnicidio, cuando la ONU, gracias a la presión de Francia y Estados Unidos -socios del asesinado Hariri- nombró una comisión internacional formada por un centenar de expertos con el encargo de saber qué ocurrió aquella fatídica mañana del 14 de febrero de 2005 frente al Hotel Saint George, en pleno paseo marítimo. Con demasiado rapidez, podría decirse incluso que avidez, la pista se dirigió hacia los enemigos políticos de Hariri y de sus seguidores: el régimen sirio, que ocupaba el país desde hacía 29 años y que, en el último periodo, mantenía un enfrentamiento indisimulado con el ex primer ministro libanés.
Lo cierto es que las circunstancias apuntaban a Siria y a sus socios libaneses, desde el entonces jefe del Estado, Emile Lahoud, hasta los altos cargos de la Seguridad nombrados por Damasco, pero no ocurría lo mismo con las pruebas. Pese a ello, los medios de comunicación de dentro y fuera del país les condenaron, mientras la comisión internacional se basaba en los testimonios de anónimos testigos para conducir su investigación al país vecino.
Pero tras años de investigación e interrogatorios, el largo centenar de expertos no pudo demostrar nada contra Damasco, ni tampoco contra los cuatro generales libaneses que languidecieron cuatro años en el penal libanés de Rumieh acusados de ejecutar el magnicidio. Lo único que el tiempo terminaría demostrando es que algunos testigos mintieron, y según confiesan ahora lo hicieron a cambio del dinero. Entonces, ¿qué credibilidad tiene ahora el Tribunal Especial para el Líbano (TEL) que heredó la investigación y cuya nueva línea de investigación, según la prensa, apunta a miembros de Hizbulá como ejecutores del macro atentado?
El general Ali Salahedin al Hajj, jefe de la Seguridad Interna libanesa en el momento del magnicidio, fue uno de los cuatro altos cargos arrestados por recomendación de la comisión de la ONU. Como el resto, fue exonerado de todo cargo el pasado año, cuando el TEL comenzó su andadura oficial, pero para este militar en la cincuentena, su campaña de defensa sólo acaba de empezar. “El Tribunal forma parte de un proyecto internacional en la región que afortunadamente ha reculado, que incluía desde Irak a Palestina”, afirma desde su domicilio de Beirut. “El objetivo fue primero atacar a Siria, porque era enemiga de Occidente, y luego, cuando la relación con Siria se normalizó, atacar a Hizbulá. Y si las circunstancias volvieran a cambiar no dudaría en dirigirse contra cualquier otro objetivo, desde Hamas a Hugo Chávez. [Los fiscales que han llevado hasta ahora el caso] Detlev Mehlis, Serge Bremmertz y Daniel Bellemare son simples funcionarios a merced de las circunstancias políticas en la región: las órdenes las da Francia y algunos estados árabes”, afirma en tono tajante el general.
Como responsable de la Seguridad, Ali al Hajj fue uno de los encargados de investigar el magnicidio hasta que su nombre comenzó a escucharse en las consignas de los cientos de miles de ciudadanos libaneses que, movilizados tras el atentado por el 14 de Marzo (el bloque antisirio de seguidores de Hariri) salieron a las calles para exigir el final de la ocupación siria. Como otro de los generales que terminarían en prisión, Al Hajj decidió dimitir: poco después fue detenido bajo las sospechas de asesinato, intento de asesinato y organización de atentado terrorista en relación con el magnicidio. Pero nunca fue incriminado oficialmente, de hecho sólo fue interrogado una sola vez, en 2006. A partir de ahí, pasó tres años en prisión sin saber hacia dónde conducía la investigación, al igual que sus tres colegas.
“El mismo 14 de febrero de 2005, la investigación del atentado recayó sobre todos los organismos de seguridad, incluido el que yo presidía”, rememora para Periodista Humano. “Desde el principio se esclareció que había sido un atentado con coche bomba conducido por un suicida. Mi vía de investigación dirigía a los islamistas, y posteriormente, una célula radical suní detenida por el Ejército libanés a finales de 2005 confesó el atentado”, explica Al Hajj. “Miembros del Grupo de los 13 admitieron todo, de la A a la Z: cómo vigilaban el convoy, el sistema de comunicaciones que empleaban, los explosivos que utilizaron, por dónde entró la furgoneta usada, y lo hicieron antes de que esos detalles fueran confirmados. Pero los partidos políticos no tenían interés en admitir que había sido un grupo extremista suní. Tras una reunión con oficiales libaneses, al igual que confesaron se retractaron de su testimonio. ¿Por qué no fueron investigados, al menos por mentir en la confesión?”
El criminólogo Omar Nashabe, jefe del Departamento Jurídico del diario Al Akhbar, uno de los más prestigiosos del Líbano, tiene la respuesta. “No confesaron ante un juez sino ante la Policía, así que no tienen por qué ser investigados por ello, pero lo cierto es que se ha ignorado la pista islamista”. Su periódico publicó, en octubre 2007, la confesión íntegra ofrecida en enero de 2006 por el saudí Faisal Akbar, integrante del Grupo de los 13, veterano de Afganistán y declarado ‘muyahid’ que había jurado lealtad a Al Qaeda. En su larga declaración, Akbar daba detalles sobre el grupo integrista del que formaba parte, compuesto por ciudadanos sirios, saudíes y libaneses con el objetivo de expandir la yihad a Líbano y Siria, y explicaba cómo algunos de sus compañeros de célula habían terminado en Irak a las órdenes de Abu Musab al Zarqawi. Otros estaban en contacto con organizaciones yihadistas asentadas en el campo de refugiados palestino de Ain al Hilweh, como Osbat al Ansar, desde donde se dirigían combatientes hasta Irak.
En su confesión, Faisal explicaba su relación con Ahmed abu Adas, el hombre que reivindicó en un vídeo el atentado contra Hariri el mismo 14 de febrero en que sucedió el magnicidio en nombre de una organización hasta el momento desconocida. Daba profusos detalles acerca de cómo se formó el grupo y de cómo se gestó el macro atentado, desde la adquisición de la furgoneta Mitsubishi Canter con la que se acometió el atentado -robada en 2004 en Japón- y los explosivos empleados -traídos desde Irak, según su relato-, hasta cómo habían localizado la zona del atentado. También afirmaba que Abu Adas cometió el acto suicida, antes de retractarse y asegurar que el kamikaze se llamaba Abu Muqatil al Asadi, y detalló que el camión bomba fue preparado en Ain al Hilweh por el sheikh Abu Obeida, uno de los principales líderes salafistas del campo de refugiados.
Alarmados, los policías que le interrogaban informaron a sus superiores. Uno de ellos se entrevistó a solas con Faisal Akbar: cuando terminó la reunión, el yihadista confeso se había retractado de días de testimonios. Al Hajj acusa al citado oficial, Samir Shahadé, de simpatizar con el 14 de Marzo y de actuar por motivos políticos.
Cuanto menos, el relato de Akbar parecía un punto de partida, máxime cuando el fiscal belga Serge Bremmertz confirmó, durante su periodo al frente de la comisión de investigación, que fue un suicida quien acabó con la vida de Hariri y otras 22 personas. Pero el ADN de los restos humanos hallados en el lugar del atentado -el más importante, un diente- no coincidía con el de Abu Adas, a quien se considera huido a Irak.
En sus conclusiones presentadas a Naciones Unidas, Bremmertz desveló una novedad: entre los ejecutores del atentado y quienes dieron la orden hay un grupo intermedio que fue quien conectó a ambos actores. Es decir, que la mano de obra no tenía por qué saber quién había ideado el ataque ni cuál era el verdadero objetivo. Los kamikazes suelen ser la firma de los atentados yihadistas, aunque no se puede descartar que algún servicio de Inteligencia exterior pretendiera dar la impresión de que había sido obra de los extremistas suníes financiándolos y dirigiéndolos mediante un intermediario. Eso abre múltiples caminos y líneas de investigación, pero ¿cómo seguirlas si se ignora el testimonio de los únicos que han confesado haber cometido el atentado?
“Faisal Akbar aportó un gran número de información antes de retractarse”, prosigue Omar Nashabe. “Si el Tribunal Especial funciona según los estándares de la Justicia internacional, debería investigar la pista de los fundamentalistas islámicos”. El periodista y criminólogo siguió durante bastante tiempo el caso del Grupo de los 13. “En prisión tenían privilegios, y eso resultaba sospechoso”. Afirma que sus entrevistas con yihadistas le llevaron a la conclusión de que el Grupo de los 13 estaba conectado, de una forma u otra, con Al Qaeda o que dependía, en última instancia, “de poderes internacionales”. “Todo aquel que admite que ha hecho algo así tienen algún tipo de conexión con los autores”, prosigue. “Así que el TEL debería, por lo menos, descartar la pista islamista”.
Aunque se desconoce la actual vía del TEL, todo parece indicar que el fiscal general Daniel Bellemare incriminará a miembros de Hizbulá antes de que finalice el año, de ahí que el Partido de Dios haya reaccionado presentando pruebas circunstanciales que podrían llevar a pensar en la participación de Israel en el atentado. “Al menos debería ser una vía de investigación dado que estaban ahí”, afirma Nashabe basándose en la presencia de aviones israelíes y de la sólida red de espionaje que ya tenía Tel Aviv en aquellas fechas, como vino a demostrar el líder del Partido de Dios en su alocución de hace unas semanas. “Si trabajasen sobre otras hipótesis, si al menos investigasen la mera posibilidad de que Israel estuviese implicado, el TEL sería creíble. Pero si siguen el camino de los falsos testigos, ¿por qué habría que confiar en el Tribunal?”, prosigue el general Al Hajj.
Algunos de los testimonios aceptados en su día por la comisión, en los que se basó la acusación contra Siria y sus aliados libaneses, resultaron haber sido comprados. Ocurrió con el ‘testigo rey’ Mohamed Zuheir Siddiq, un oficial sirio que apuntó directamente a Bashar al Asad y al entonces presidente libanés, Emile Lahoud, y cuya declaración terminaría siendo rechazado por el TEL por “falta de credibilidad”. Siddiq, arrestado hace un año en Emiratos Arabes Unidos por falsificación de pasaporte, admitió haberse enriquecido gracias al magnicidio. Hoy, las autoridades sirias mantienen una orden de búsqueda y captura contra él.
En cuanto a Hussam Taher Hussam, el ‘testigo enmascarado’ que implicó directamente al hermano menor de Asad y al cuñado del presidente sirio en el atentado, terminaría confesando haber sido sobornado por los políticos libaneses antisirios para que prestara falso testimonio. Lo mismo que hizo Ibrahim Michel Jarjouri, quien aportó detalles sobre cómo el ex ministro de Telecomunicaciones y destacado politico antisirio libanés Maruán Hamadé le pagó para que mintiese sobre la implicación siria y de sus socios en el país del Cedro, como el presidente Lahoud. O el testigo Akram Sahib Mrouad, quien hace unos días se careó con la persona a la que acusó de haber dirigido personalmente el atentado, el general Al Hajj. “Comenzó a contradecirse en todo el testimonio, y cuando el juez le instó a que dejara de mentir, dijo ‘si digo la verdad, me matan’. El juez le pidió que desvelara quién estaba detrás de los falsos testigos. ‘Dame un nombre’, le pidió”. Según el general, Mrouad terminó identificando a un miembro del 14 de Marzo quien dijo actuar en nombre del ex ministro Hamadé. El relato de Al Hajj había sido confirmado días antes por la prensa local.
El ex presidente Lahoud no duda en acusar a la familia del fallecido ex primer ministro de pagar los testimonios. “[Los políticos del 14 de Marzo] pensaron que obtendrían beneficios políticos acusándonos. Es obvio. Saddiq estaba en Francia bajo la protección de Jacques Chirac. ¿Cómo se explica que viviera un hotel privado protegido por Hariri, y que tuviera su número de móvil? Saad Hariri tiene que hacer lo mismo que Walid Jumblatt, admitir que fue un error (…) y que fue él quien dio el dinero. Debe decir: ‘Cometí un error y ahora quiero saber quien estaba detrás de todo esto’, y así descubrirá que detrás hay testigos dirigidos por países del exterior y que el principal beneficiario es Israel”. La presión política es tal en Beirut que el Gobierno de coalición acaba de encargar a su ministro de Justicia que investigue el asunto de los testigos falsos para dilucidar que hay de verdad tras el asunto y quién se esconde tras ellos, si bien resulta poco probable que la verdad se sepa por motivos obvios.
Retirado de la vida pública, Emile Lahoud ha vuelto estas últimas semanas a la escena política para acusar al TEL de falta de credibilidad. Lo dice un hombre que fue interrogado por la comisión internacional tras ser acusado por falsos testigos, como demuestra el hecho de que nunca se presentasen cargos en su contra, y que considera al Tribunal la última estrategia israelí para desestabilizar el Líbano. Recibe a la periodista en su domicilio beirutí, con ganas saldar cuentas pendientes con su relato.
“El magnicidio fue cosa de los enemigos del Líbano, que son dos: Israel y los fundamentalistas [islámicos]. A veces, esa gente recibe el dinero de la misma fuente como ocurrió con los talibán y la CIA. El caso es que se me acusó a mí, y que pusieron mi foto por todas partes. ‘Vete a casa’, gritaban. Era un proyecto muy bien planeado que pretendía generar un golpe de estado, que el país se pusiera boca arriba”.
Lahoud fue interrogado por Detlev Mehlis, y exonerado tras aquella reunión. Confía en que el antiguo socio de Hariri y principal líder druso, Walid Jumblatt, que tras las elecciones del pasado año se alió con Hizbulá dando un giro radical a la política libanesa, tenga un papel clave en esta nueva situación. Jumblatt fue uno de los principales instigadores de la acusación contra Siria, a quien apuntó sin ambages como autora del magnicidio. Pero tras su cambio de postura, se precipitó a reconciliarse con Damasco y sus aliados, incluido el ex presidente Lahoud. “Vino aquí, a mi casa, con su familia. Le dije que no quiero mirar al pasado, pero que ahora es el hombre clave, el balance en el Gobierno [de coalición]. ‘Tú fuiste quien movilizó a los falsos testigos y ahora tienes de desvelarlos para que todo el mundo sepa que este ha sido un tribunal politizado desde el primer instante‘, le dije”.
El cambio de postura de Jumblatt ya se está apreciando, y no es el único. El primer ministro Saad Hariri y la mayoría de sus seguidores han suavizado enormemente su discurso sobre la necesidad de Justicia ante una posible incriminación de Hizbulá, que como dice Lahoud podría llevar al país “a mucho más que a una guerra civil. Hizbulá no va a aceptar ser incriminado. ¿Qué harán? ¿Enviar al Ejército, a la Policía, para detenerlos? ¿Qué pasará? ¿Enviarán tropas extranjeras como en Irak?”.
Todos temen que acusar al grupo chií de la muerte del mártir suní por excelencia reanude el conflicto intercomunitario. El riesgo para el Líbano -y por tanto para la región- es tan grande que hace un mes, una cumbre sin precedentes reunió en Beirut a los dos principales padrinos de los dos polos políticos libaneses: Arabia Saudí, principal respaldo del suní Hariri, y Siria, soporte de Hizbulá chií. El objetivo era comprometerse a que una incriminación del TEL no derive en un enfrentamiento civil.
El giro en los acontecimientos hace que el Tribunal para el caso Hariri, en cuyo seno se ha producido una extraña ristra de dimisiones, ya no sea tan deseable en el nuevo Líbano del entendimiento. Parece relativamente fácil tirar del hilo de los islamistas para al menos descartar pistas: los miembros del Grupo de los 13 detenidos a finales de 2005 siguen en prisión, acusados de asociación criminal y tenencia de armas. La organización, según los investigadores de Al Akhbar, tiene seguidores en Ain al Hilweh como también los tuvo en Nahr al Bared, el campamento palestino donde un grupo de yihadistas se rebeló contra el Ejército libanés en 2007 generando un conflicto armado durante meses.
En la hipótesis de que ellos ejecutaran el magnicidio falla el motivo que les llevó a ello, si bien la inestabilidad del Líbano -cuyo ex primer ministro estaba respaldado por potencias occidentales- y de la región, donde Al Qaeda pretende instaurar un califato islámico, podría ser suficiente para justificar un atentado. Tampoco explicaría la cadena de atentados políticos contra actores antisirios que se produjo tras el asesinato de Hariri. En el caso de que atentaran por encargo, ellos podrían ser la única forma de llegar a quien dió la orden, pero para eso es necesaria la voluntad de investigarlos. “El TEL tienen a su disposición todos los sistemas de satélites del mundo, el mejor equipo de investigadores, los mejores expertos… Si no encuentra nada, será porque no busca en el lugar correcto“, concluye Lahoud.








[...] original de Periodismo Humano publicado el 23 de Agosto de 2010 desde [...]
¿grupo suní? ¿aliado de Israel y EEUU? esto apesta a al Qaeda de lejos…
Gracias Mónica por este repor tan interesante…los del TEL también te han leído.
Gracias, Mónica, por su artículo esclarecedor. Este affaire Hariri está lejos de ser concluido. He leido en fuente segura -pero no me acuerdo ahora donde- que no hubo tal agente suicida. Que todo el atentado estaba tan profesionalmente montado que excluye toda intervención hazarosa. Más bien se habla de la intervención de mercenarios de Blackwater. o sea CIA ergo Mossad. A ver si un día sabremos la verdad, pero no lo creo. Hay, como usted dice, demasiadas fuerzas ocultas detrás. Pero en beneficio de que o de quien? Lo del dividir para reinar, no?….
[...] logrado recientemente que el Gobierno encargase al ministro de Justicia una investigación sobre quién protegió -e incluso animó, según sus propios relatos- a estos testigos a la hora de construir su relato contra Damasco, en un implícito reconocimiento de que los [...]
[...] que forma parte de su Gobierno, no reconoce la legitimidad del Tribunal Especial para el Líbano. Siempre ha rechazado cualquier vinculación con el magnicidio pero no refrendó la colaboración con…para acabar con su formación, y denuncia las numerosas irregularidades en que ha incurrido el [...]
[...] veces que el alto cargo fue amenazado y cómo, tras la muerte de Rafic Hariri -asesinado en 2005 en un convoy en el que el propio Hasan debería haber viajado- envió a su familia a París. Regresaban a su palacete del norte cada periodo vacacional, pero [...]