Sociedad

La comisión de las soluciones

Hemos estado una mañana en la Puerta del Sol con los ciudadanos que trabajan en la comisión de infraestructuras

Se ha diseñado un proyecto para sustituir el actual techado de todo el campamento por motivos de seguridad

La plaza madrileña hierve a las once de la mañana. Bajo la gran jaima parece que es hora punta, llevan horas de actividad desbordante: el desayuno y la limpieza del espacio son las prioridades matinales. Con un café y unas galletas en el estómago se enfrenta mejor el día. La zona de la comisión de infraestructuras tiene una pequeña “habitación” donde todavía queda gente descansando “porque terminaron su turno muy tarde”.

Miguel ordena una estantería llena de cremas solares, toallitas húmedas, productos de higiene y de limpieza, junto a una gran pila de paquetes de papel higiénico, “todo esto lo dona la gente”, dice mientras continúa su labor. Mientras, alguien grita: “algún carpintero que tenga un poco de tiempo libre?”. ¿Una carpintería en la acampada de sol? Pues sí, comparte espacio y herramientas con la gente que se dedica a la electricidad.

En esta comisión muchas de las personas que colaboran jamás han construído una mesa ni una estructura con pilares para aguantar toldos, pero “aquí lo importante es tener ganas, yo estoy aprendiendo mucho de la gente que sabe” nos dice uno de los chicos que trabaja en la carpintería. “Vamos a montar una pared a la enfermería uno que la gente mete la mano y está robando las medicinas”.

En una pizarra se apunta qué hace falta construir o dónde hace falta algún tipo de arreglo eléctrico: mesas, estanterías, paredes, bombillas, generadores, limpiar las fuentes… “yo es que me lavo la cara todas las mañanas ahí”, dice uno de los chicos que está construyendo un artesanal recogedor de basura para el agua. Tarea tras tarea.

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¿Cómo funciona la comisión de infraestructuras de la Ciudad Sol? “Es muy sencillo” nos dice Amanda, “el resto de comisiones tienen necesidades y nosotros las cubrimos”. Todo lo que hace falta se apunta en otra pizarra visible para los ciudadanos que se acercan a la acampada la vean y aporten lo que puedan: hielo, frutas y más toldos estaban hoy entre las prioridades de la lista. Toldos porque las calles no dejan de crecer, pero sobre todo, porque ya hay un proyecto de reforma del techado porque el actual “no es seguro”, dice  Jacobo, el arquitecto que ha diseñado el nuevo sistema de toldos junto con Didac, que es ingeniero.  La idea es levantar y tensar la cubierta, “aprovecharemos las ocho farolas que ya tiene la plaza para lanzar cables de acero y sobre eso poner nuevos toldos”, explica Jacobo.

Esta reestructuración incorpora la construcción de una gran chimenea solar de andamios en cuya parte superior “se colocarán las placas solares que darán el suministro eléctrico”, la parte inferior consta de otras dos partes “una para colocar los generadores eléctricos y otra por donde entra el aire caliente que se acumula bajo la carpa y que sale por la chimenea”, puntualiza Didac. El proyecto ya está, así como también están comprometidos, nos cuentan, un grupo de escaladores profesionales y bomberos, que van a colaborar colocando los toldos.

No es que la gente que trabaja y duerme en Sol esté acostumbrada a montar campamentos a diestro y siniestro, sino  que cuentan con el asesoramiento de profesionales “el segundo día vino un bombero, como ciudadano, y nos dió las recomendaciones básicas:  cómo crear pasillos anchos para permitir el desalojo en caso de emergencia, marcar las zonas en las que no se podía acampar por si los bomberos tuvieran que actuar, tener extintores o hacer un plan de evacuación con señalización fluorescente en el suelo.

El espacio es como un mercadillo del rastro: colchones, pilas, pinzas de la ropa, cuerdas, mantas, cintas de carrocería, material de papelería… mientras hacemos el inventario con Amanda, una estudiante de Bellas Artes que se escapa todos los días unas horas para estudiar y hacer trabajos en la recta final del año y que asegura soñar con la acampada, escuchamos “un beso papi”, “queréis un café” o “necesito un corcho para la guardería”. Amanda se olvida seguir contando qué cosas tienen acumuladas para atender la demanda del corcho. Muestras de cariño, atención y complicidad entre quienes saben que esto va a marcar sus vidas.  Volvemos al inventario, mientras algunos en los ratos muertos bailan o juegan al ajedrez. Llega una furgoneta de un ciudadano cargada de sillas y mesas para la guardería. La actividad se reactiva.

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Es la hora de comer y algunos voluntarios llegan con la comida para todos los compañeros. Hoy el menú es pasta con tomate y bocadillos de chorizo y queso manchego; para los vegetarianos también hay bocatas”verdes”, bromea uno en la carpintería. Mientras almuerzan, Pablo y Sergio nos cuentan sus motivaciones para estar en la acampada de forma activa. Ninguno de los dos nunca había realizado un trabajo similar al que hacen estos días.

Pablo es estudiante de telecomunicaciones, sus padres son funcionarios “vivimos bien”, dice, “pero es que yo quiero un futuro mejor”. “Si te contara mi vida”, advierte Sergio y va a ello: tiene 35 años después de años de emancipación, hace dos años y medio volvió al nido familiar. “Era técnico red de soporte en ONO, cobraba 3.500 euros al mes y ahora, sin paro, porque ya lo he agotado”. En casa son cinco “seis con el perro, que ése también come”, bromea pero vuelve a lo importante “cinco personas que vivimos con la jubilación de mi padre de menos de 800 euros al mes”, por lo bajo, mueve la cabeza y añade “toda una vida trabajando y cotizando para eso“. Mañana se escapará unas horas de la acampada porque está estudiando fotografía y con unos compañeros están preparando una exposición.

A Guada apenas le queda un hilillo de voz para contarnos las tareas de limpieza: “nuestra labora es que la plaza se matenga limpia”, además ofrecen apoyo al resto de áreas “sacamos las bolsas, por ejemplo, de cocina donde se genera muhca basura y las llevamos al punto limpio”. Desde el principio ha existido mucha colaboración del servicio de limpieza municipal, “nos ayudan mucho”, agradece Guada. “Estamos concienciados de que la limpieza es prioritaria porque después llegan bichitos indeseados e infecciones, por eso cuadno vemos una mancha que huele mal les damos con agua y lejía”.

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Nadie tenía nada que ver con nadie antes del 15M y hoy se sienten familia con un objetivo “todavía indefinido” pero común.  Esta comisión empezó como el resto, con el nombre rotulado en una farola –infraestructura– y un montón de “gente con las manos vacías alrededor” , recuerda Emilio en paro y con 48 años. Toda su vida ha trabajado pintando coches y sabe que con su edad tiene poco o nada que hacer para conseguir un trabajo digno “he pensado hacer un curso intensivo de inglés e irme a Inglaterra a trabajar”. Se emociona hablando de su hija de 22 años que estudia ingeniería, ¿ella no está en la acampada?, pregunto,  “es que está haciendo práctivas en una empresa muy importante y no tiene tiempo”. Emilio creía que nunca vería esto en España, “la gente en la calle trabajando codo con codo”. Para él infraestructuras es una de las comisiones más importantes, “entre una chica y yo estamos haciendo la memoria del trabajo de la comisión del primer día, porque este proceso tiene que quedar registrado”, dice orgulloso.

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