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Sociedad

La atención universal reduce la mortalidad materna en Bangladesh

El Centro Maternal de Aditmari es sencillo, pero tiene buenas condiciones de higiene y personal médico para recibir a las mujeres embarazadas de las aldeas de este distrito pobre, 375 kilómetros al noroeste de la capital de Bangladesh.

(Blangladesh. /AP Photo)

Caminos asfaltados llevan al edificio de una planta, ubicado en el centro de la subdivisión de Aditmari. El mismo cuenta con una habitación para el trabajo de parto que está equipada para atender nacimientos vaginales, otra con 10 camas para la etapa de posparto, dos más para asesorar a las madres y una sala de espera con un amplio porche para los hombres.

Lo más importante es que el costo de la atención de un parto vaginal es de 2,4 dólares, un precio accesible en este país pobre, que en 2011 registró un ingreso de 818 dólares por habitante, según la Revista Económica de Bangladesh.

Sajeda Begum dio a luz a una niña sana hace dos semanas. “Mi hija no presentó señales de que fuera a tener un parto complicado”, señaló con una sonrisa su madre, Tahmina, de 53 años.

Un buen servicio accesible y confiable es lo que permitió bajar la mortalidad materna en Bangladesh de 322 muertes cada 100.000 nacidos vivos en 2001 a 194 en 2010.

El logro es aun más impresionante dado que Bangladesh está en la lista de países menos adelantados de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y que sus vecinos con mejor situación económica, India y Pakistán, tienen tasas de mortalidad materna de 212 y 260 cada 100.000 nacidos vivos, respectivamente.

Se espera que una mejor atención obstétrica, la institucionalización de más partos y el uso efectivo de métodos de planificación familiar contribuyan a que Bangladesh cumpla el quinto de los ocho Objetivos de Desarrollo para el Milenio (ODM), aprobados en 2000 por los gobiernos en la Organización de las Naciones Unidas, de reducir en tres cuartos la mortalidad materna entre 1990 y 2015.

También es alentador que la mortalidad materna disminuya a un promedio de 5,5 por ciento al año, por encima del 5,4 por ciento considerado óptimo para alcanzar esa meta. Como en muchos otros países menos adelantados, la brecha entre ricos y pobres en Bangladesh es notoria. Si Sajeda se hubiera atendido de forma privada, habría tenido que pagar 60 dólares. Tampoco tuvo que preocuparse por la atención prenatal, pues esta incluye chequeos regulares.

“Sajeda fue ocho veces a la clínica y siguió las instrucciones que le dieron. Es impresionante que haya parido en la fecha prevista”, señaló Shaheen Afroz, jefa de enfermeras del Centro Maternal de Aditmari, a cargo del no gubernamental Servicio Rural de Rangpur Dinajpur (RDRS, por sus siglas en inglés) desde 1981. Hay ocho clínicas maternales en Aditmari para atender a las mujeres embarazadas, pero los partos solo se llevan a cabo en el Centro Maternal.

Mosammet Elifa, del centro comunitario de Mohishkhocha, explicó: “Vamos puerta a puerta visitando a las mujeres embarazadas e invitándolas a registrarse para recibir atención prenatal“. ”También les explicamos los riesgos de parir en su casa y de ser atendidas por comadronas sin capacitación”, relató Elifa. “En los últimos 10 años no murió ninguna madre en nuestra comunidad”, remarcó. ”Cobramos solo 24 centavos por registrar a una mujer embarazada. Luego, las consultas, los medicamentos, el hierro y los complementos vitamínicos, los análisis de sangre y otros de rutina son sin costo”, remarcó Afroz.

El coordinador del proyecto RDRS, Komol Kumar Joardder, dijo que unas 30 mujeres en promedio aprovechan de las instalaciones del AMC a diario. “Mientras esperan a ser atendidas, realizamos charlas informativas sobre una maternidad segura y tratamos de disipar mitos”.

Aditmari lleva atendidos 35.000 partos exitosos sin que haya muerto ninguna madre, y derivados 464 casos con complicaciones a hospitales más grandes. El Centro Maternal es uno de los miles de servicios de atención materna eficientes que contribuyen a que Bangladesh reduzca la mortalidad materna y aumente la cantidad de parteras capacitadas.

La proporción de mujeres que paren en un centro médico atendidas por profesionales aumentó de nueve por ciento, en 2001, a 23 por ciento, en 2010 y puede llegar a 50 por ciento en 2015. Sin embargo, todavía hay 2,4 millones de partos a domicilio al año.

La Dirección de Servicios de Salud (DHS), la agencia que implementa los programas de salud reproductiva con organizaciones como RDRS, señala que la clave del éxito es capacitar trabajadores de la salud comunitarios que, de forma gradual, reemplacen a las comadronas o parteras sin capacitar.

El jefe de DHS, Khondhaker Shefyetullah, dijo: “La mortalidad materna disminuye en zonas rurales porque las mujeres embarazadas son más conscientes de su seguridad y prefieren parir atendidas por profesionales”.

Por su parte, Arthur Erken, representante en Bangladesh del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), destacó el significativo aumento de mujeres con partos complicados que buscan ser atendidas en centros médicos, de 16 por ciento, en 2001, a 29 por ciento, en 2010. ”Eso indica que ha mejorado el sistema de derivación y de concienciación”, dijo a IPS.

La profesora Nasima Begum, secretaria general de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Bangladesh, atribuye una gran parte del éxito a las parteras capacitadas que mantienen un contacto directo con la población local y desempeñan un papel fundamental en la disminución de la mortalidad materna.

“Alrededor de 12 por ciento de los partos en las zonas rurales son cesáreas, es decir que las parteras aciertan al identificar los riesgos y las derivan a los lugares preparados para atender casos de emergencia”, indicó Nasima. “Antes, las embarazadas con complicaciones, simplemente se morían”, apuntó.

Los programas de capacitación de la Sociedad de Ginecología reciben apoyo del UNFPA. Esta agencia también brinda asistencia para mejorar las instalaciones médicas en zonas rurales y la atención obstétrica de emergencia en unos 70 hospitales.

Actualmente hay 7.000 parteras capacitadas en unas 10.000 clínicas comunitarias en todo el país y se están formando más profesionales para cubrir cargos vacantes allí, el primer escalón de los servicios de planificación familiar a nivel de las aldeas.

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