Sociedad

El trabajo, cosa de niños

Más de 215 millones de niños y niñas trabajan en el mundo

El objetivo es acabar con el "trabajo peligroso" en 2016 pero las cifras hablan

Mañana es el Día Mundial del Trabajo Infantil

NICARAGUA. Niño recogedor de basura en el vertedero de Managua. © Javier Bauluz. Piravan

Jhenny empezó a trabajar durante las vacaciones del colegio en una imprenta cuando tenía trece años. “Cada día hacíamos a mano mil invitaciones de boda. Trabajaba de siete de la mañana a diez de la noche“, trece horas al día por 9 euros al mes. Sospechaba que su agotamiento no era normal, “pero yo era una niña y no sabía qué podía hacer. Era mi primer trabajo”. Ahora tiene 17 años, ha venido a España para participar en el I Congreso Internacional contra los niños, niñas y adolescentes organizado por Proyecto Solidario que se clausura hoy.

No hace falta cruzar muchas palabras con ella para darse cuenta de que la lección la tiene aprendida. “Estoy aquí para que no siga habiendo niños que no pasen por lo que yo pasé. Tenemos que buscar soluciones, porque aunque no se puede erradicar de un día a otro pero sí tenemos informarles sobre cuáles son sus derechos”.

Muchas soluciones hacen falta, tantas como los 215 millones de niños y niñas que hoy están atrapados en el trabajo infantil, de los que 115 millones se exponen a trabajos peligrosos, según el informe de 2010 de la Organización Internacional del Trabajo. Cifras pesimistas si el objetivo marcado para 2016 es eliminar las peores formas del trabajo que realizan los niños. En los últimos cuatro años ha disminuido sólo un tres por ciento.

Jhenny vive en Cochabamba, Bolivia, un país en el que la edad mínima para trabajar son catorce años, un espejismo. “Trabajar es lo natural. Mis padres y mis abuelos lo han hecho siempre siendo niños y  ahora se sigue haciendo. En las zonas rurales se trabaja en el campo pero sin recibir nada por ello. Luego sus papás le regalan un pedazo de tierra cuando eres más mayor”, forma parte de la normalidad. Pero lo que nunca ha entendido es cómo les dejan trabajar en las minas.”Siempre estamos escuchado casos de niños que mueren por eso, pero siempre hay otros que los sustituyen”.

A ella le esperaba el campo pero su familia se la llevó a la ciudad. Cuando empezó a trabajar su madre no estaba de acuerdo, al final cedió. “No tengo padre y mi hermano no ganaba lo necesario. A mí nadie me obligó pero yo sabía que si no trabajaba no podíamos salir adelante“. Pasó por aquella imprenta, limpió en un hospital, compaginó las clases con la venta en la calle y atendió un locutorio. “Cuando me quejaba, me decían ¿y qué vas a hacer? ¿Quién te va a contratar? Te tienes que quedar porque así es el trabajo”. Llegó sufrir acoso sexual. ” Ahí fue cuando me di cuenta de que no iba a seguir, fui buscar ayuda, lo denuncié y salí de allí”.

Fernando, de once años, ayuda a su padre a transportar ladrillos en La Paz. Bolivia. (AP Photo-Jorge Saenz)

Está asombrada porque la vida de los niños en su país poco se parece a la de los españoles. “Aquí hay muy poca violencia. En Bolivia la violencia contra los niños pasa de padres a hijos y de ellos a sus hijos y a los hijos de los hijos. Confunden educación con violencia. Aquí también hay, pero mucha menos”.

Educación no es violencia, la misma idea que repite varias veces Jessica, de 19 años, cuando hablamos con ella. “Los padres toman a los hijos como algo propio y los golpes lo consideran como parte de la educación. Esa misma violencia se da en los trabajos, son maltratados”. Viene de Perú, donde hay más de tres millones de niños trabajando. Jessica siempre ha compaginado las clases con la venta de artesanía. “Vivo en la sierra, allí los niños son obligados a cuidar los animales, ayudar en casa y a vender para afrontar los gastos dejando de ir a la escuela”.

Mientras se desarrolla la conversación, como también ocurría con Jhenny, su juventud queda disfrazada con la forma de expresarse y el lenguaje adulto que emplea en cada una de las frases, y según avanza la conversación ella misma desvela el motivo.”Los niños que trabajan maduran antes porque lo que debe ser una etapa linda de diversión y recreo se convierte en una etapa en la que eres obligado a tomar conciencia y pensar ‘tengo que vender porque si no vendo tal vez hoy no tomo desayuno o no almuerzo o no ceno’. Eso, claro que sí, te hace madurar”.

En Latinoamérica trabaja uno de cada diez niños pero sus índices aunque son altos, están por debajo de Asia, donde lo hacen uno de cada ocho y del África Subsahariana con uno de cada cuatro, la cifra más alarmante según la OIT. Allí trabajan 65 millones de niños y tiene las tasas más elevadas de menores que realizan trabajos peligrosos.

Un niño sudanés trabaja en una fábrica de ladrillos de Darfur. Sudán (AP Photo/Nasser Nasser)

Un niño sudanés trabaja en una fábrica de ladrillos de Darfur. (AP Photo/Nasser Nasser)

Algunas claves

  • Pero… ¿Cuáles son los trabajos peligrosos? Son trabajos como la explotación minera, los que manipulan productos químicos, como los pesticidas en la actividad agraria y los que manipulan maquinaria pesada y peligrosa, como materiales corta punzantes o eléctricos. Son también los trabajos de construcción, o el reclutamiento de niños soldados y la explotación sexual.
  • La OIT estima que unos 22.000 niños mueren en el trabajo cada año y se desconoce el número de niños lesionados o que caen enfermos debido a su trabajo.
  • Los adolescentes varones son los que más trabajan y los que se dedican a tareas peligrosas han aumentado en ocho millones.

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