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Sociedad

Hash

Serie Retratos entre la multitud

Hash tiene 26 años y es profesor de inglés en una escuela de Londres. Nació en el suroeste de la ciudad y sus padres en Pakistán.

Se mueve a toda velocidad rodeando una y otra vez el atril blanco que preside el aula en la que da clase en pleno centro de Londres. Más que estar impartiendo una lección de inglés avanzado parece que ejecuta un improvisado y rítmico baile. Cada vez que le hace una pregunta en un rapidísimo inglés a uno de sus alumnos abre infinitamente la boca para volver impecable su pronunciación. Mientras, acompaña cada una de sus palabras con un gesto para hacerse entender, de modo que a ratos sus brazos se vuelven las alas de un avión mientras pronuncia una frase que contiene la palabra ‘vuelo’ o sus dedos meñique y pulgar vuelan hacia su boca y hacia su oreja –respectivamente- para recibir una imaginaria llamada telefónica, si es que el tema de conversación gira alrededor de los teléfonos móviles. Durante toda la clase, su mano izquierda guarda un rotulador del que se vale para marcar cada golpe de voz. Cuando un alumno contesta bien a una de sus preguntas, lo hace volar por los aires encadenando volteretas mortales hasta terminar, el cien por cien de las veces, encontrando su destino en el suelo. Luego rebusca pacientemente otro en su bolsillo, sonríe y retoma sus palabras y la lección como si tal cosa.

Hash tiene 26 años y trabaja como profesor de inglés en una de las escuelas de este idioma más conocidas de Londres. Nació en Kingston, en el suroeste de la ciudad, pero su origen es paquistaní y su piel y sus rasgos hablan de ello. Asistir al colegio en una de las ciudades más internacionales del mundo le permitió granjearse, cuando era tan sólo un crío, un grupo de amigos variopinto a raudales: sus primeros compañeros de juegos fueron polacos, franceses, ingleses, alemanes, japoneses. Acabados sus estudios elementales, se matriculó en la carrera de Historia en la Universidad de Brighton porque desde siempre había sido su asignatura favorita y se especializó en la historia americana. Cuando terminó la licenciatura y ante un panorama laboral lleno de nubarrones, tomó la decisión de volar desde la capital de Inglaterra a la de Pakistán para emprender allí una nueva etapa.

Hash aterrizó en Islamabad en mayo del 2007 con el corazón lleno de ganas de conocer a fondo el país de sus padres. Sentía en sus venas esa llamada. Antes había estado allí de forma ocasional visitando a alguno de sus familiares pero nunca había volado sin billete de vuelta. Y para fundirse con sus raíces quiso, además de trasladar su residencia, comenzar a colaborar con la ONG Bedari que trabaja en la ciudad para mejorar las condiciones de vida de las mujeres paquistaníes. Hash comenzó a coordinar las charlas que la ONG impartía para mujeres que no habían recibido jamás ningún tipo de educación, situación que padece un tercio de la población femenina en el país. También recorría pequeños pueblos ofreciéndoles ayuda legal y médica y escuchando todo lo que quisieran contarle. Algunos maridos de las mujeres que visitaba se enfadaban ante su presencia y no querían tener cerca al personal de la ONG, pero en otras ocasiones eran ellos mismos quienes las animaban a estudiar para poder tener un futuro mejor. Y esas ganas de un fututo mejor son tremendamente necesarias para las mujeres en Pakistán, un país en el que muchas veces el matrimonio es sinónimo de golpes y de abuso y el divorcio, de humillación.

Para Hash no fue fácil dejar a un lado su apacible vida londinense para enfrentarse a esta experiencia. Vivir de repente en una ciudad en la que las pistolas están demasiado calientes y las ventanas de casa pueden temblar desesperadamente ante el estallido de una bomba en cualquier mercado fue una experiencia que marcó profundamente su carácter. Hash ama su país pero le duele inmensamente que alguien pueda apretar un botón en su pecho y arrebatarle la vida a todos los que tienen la desgracia de estar a su alrededor. Él ha visto eso con sus propios ojos y no lo comprende. Y le abre una grieta en sus recuerdos.

Tras dos años de duro trabajo en la ONG volvió a Londres para estar cerca de su familia de nuevo. Fue entonces cuando recibió la llamada de un amigo para trabajar como profesor de inglés en la escuela donde actualmente enseña. Su trabajo como docente es radicalmente distinto al que desempeñó en Pakistán pero guarda una importante semejanza: trata con él de ayudar a los demás. En este caso, a aprender un idioma. Y pone en ello un empeño honrado. Disfruta cuando después de un tiempo puede mantener una conversación con un alumno que llegó a su clase sin saber apenas articular una simple frase. Y por eso gesticula y entona y despierta la atención de su clase como puede, para transmitir lo que sabe de la mejor manera que sabe.

Hay personas que están muy vivas por naturaleza. Hash es una de ellas. Del futuro dice saber muy poco así que se agarra cada día a su presente. Y tal vez vuelvan sus pasos a Pakistán o tal vez se queden girando por Londres, pero procurará ser feliz en cualquiera de sus rumbos y mejorar el pedacito de entorno que le rodee. Allá donde vaya.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

1 comentario

  1. Mónica

    Trabajo en un colegio de secundaria estatal londinense en donde las mujeres sufrimos abusos verbales a cada minuto y en donde somos empujadas y a veces golpeadas por los alumnos, los cuales quedan impunes la mayor parte de las veces y son justificados por “tener problemas en casa”. Cada mañana, cuando entro en ese lugar, no me siento en un país en donde se supone que las mujeres estamos protegidas ante el abuso. Si te quejas, te hacen callar, y al final, todos callan para mantener el trabajo. Hay que demostrar que se es “a good team player”. Londres es una ciudad muy dura, no es nada confortable.

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