Sociedad

El último giro alrededor de Sol

No nos vamos, nos expandimos”. “No nos vamos, nos mudamos a tu conciencia”. “No nos vamos, nos reestructuramos”. Y, sin embargo, la nostalgia es inevitable.

La carpa de Infraestructuras, donde se almacenaban y organizaban palés, cables, toldos, herramientas, cuerdas, equipos eléctricos, ya no está. Sus materiales han sido cedidos a tres centros sociales ocupados de Madrid. Antes de mediodía, toda la estructura operativa para comisiones y grupos de trabajo había desaparecido. Ya era posible llegar hasta el caballo de Carlos III sin agobios ni pasillos. “Aquí estaba mi comisión”, nos dice a media mañana una chica, con sonrisa triste.

Todos los grupos han contado en asamblea general informativa en qué y cómo están trabajando. La interminable discusión de cuándo levantar la acampada había dejado en segundo plano los contenidos de debate del 15-M en Madrid, y la retahíla de propuestas – muchas de ellas se pueden consultar en esta web – ha dejado buen sabor de boca para quienes reclaman un movimiento más productivo en lo político. Luego, asamblea de barrios y, con ella, la meiosis, la redistribución.

La construcción de una estructura de madera abovedada ha sorprendido a muchos de los curiosos que han pasado este domingo por lo que quedaba de acampada. Se trata del “punto de información y trabajo” que la asamblea decidió dejar para seguir actuando como enlace entre ciudadanos y el 15-M. Tal y como adelantamos en periodismohumano, el formato de este puesto es el de un “barracón de madera”, de unos 20 metros cuadrados, y diseñado desde hace semana y media por un equipo de arquitectos y ambientólogos especializados en soluciones urbanas sostenibles.

El barracón es la única presencia “oficial” del 15-M en Sol, porque incluso la comisión de los acampados – de los que se quedaban a dormir – se ha desmarcado de aquellos que sigan pernoctando en la plaza. “Lo hacen a partir de ahora a título individual”, aclaran. La cuestión es que ese pequeño grupo que acampará al margen del 15-M se ha montado una carpa con toldos, vallas metálicas y hasta con una puerta. Hay cierta inquietud entre los que confían en la figura del barracón informativo: “si viene la policía a echar a los que se queden por su cuenta y levanten su carpa, a lo mejor deciden llevarse el barracón también por delante”, nos comentan.

Cerca de donde una vez estuvo la comisión de Legal, un grupo de jóvenes hinca sus rodillas en el suelo. ¿Qué hacéis? “Estamos enderezando los clavos que hemos sacado de las maderas, para que puedan usarse otra vez”. Huele a lejía y unos metros más allá los kioskos que estaban llenos de pancartas ahora lucen limpios; aún así, dos voluntarios le dan un repaso más, algodón en mano.

“Esto parece el final de un campamento”, se oía de vez en cuando entre risas. Se apuraron las horas hasta que llegó la medianoche: la Acampada Sol se ponía final a sí misma con su último minuto de indignación silenciosa.

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La plaza se salpica de abrazos colectivos entre los que han compartido días y noches. Pero no hay más tiempo para la nostalgia: alguien anuncia por un megáfono que quien quiera puede unirse a una manifestación “espontánea, sin recorrido fijo”. Aparecen unas pancartas y Sol se mueve por la calle del Carmen. El 15-M comenzaba su último giro alrededor de la acampada de Sol.

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Miles de personas improvisan una marcha de 4 kilómetros que comienza tomando Gran Vía, luego Cibeles, luego Neptuno donde se encuentran con un dispositivo policial que les impide el paso al Congreso. Siguen improvisando y se trasladan por el Paseo del Prado hasta la rotonda de Atocha, cortando el tráfico a su paso. Cadena humana.

“¡Volvamos a casa!”, grita alguien, y vuelven a Sol, que les recibe con una placa instalada al pie del caballo: “Dormíamos. Despertamos. Plaza tomada”. Y otra vez la nostalgia.


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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie