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Sociedad

El camino hacia el laicismo árabe empieza en Beirut



El relato suena a pura utopía. Cinco jóvenes árabes de diversas confesiones hastiados del control religioso sobre sus vidas que deciden iniciar una rebelión pacífica en pos del laicismo y arrastran con ellos a miles de personas. Y el sistema lo permite, pese a estar asentado sobre la división sectaria.

Sucedió un radiante domingo, el pasado 25 de abril, y la respuesta social fue tan inesperada que al día siguiente la imagen abría los periódicos libaneses. Y eso que comenzó con timidez. La convocatoria tenía como escenario Ain al Mreisse, junto al paseo marítimo de Beirut, donde el buen tiempo, el oleaje del Mediterráneo y el ambiente festivo podrían haber animado al público. Sin embargo, la afluencia resultaba insidiosamente lenta, intimidada por el atrevimiento que supone, en pleno Oriente Próximo, reivindicar un estado secular que margine las religiones a un ámbito estrictamente privado.

Poco a poco, casi de la nada, una notable masa humana se unió al llamamiento de ‘Orgullo laico’, el sueño de nuestros cinco protagonistas, entre consignas de “Sec, Sec, Sectarismo No, No! Secularismo” y “El sectarismo mata”. Miles de jóvenes, muchos acompañados de sus hijos y otros de sus mayores, exhibieron folios con una sola frase escrita: “Matrimonio civil, no guerra civil”. Unos pocos se enfundaron en camisetas decoradas con una significativa frase: “¿De qué secta eres?”, decía el anverso. “No es asunto tuyo”, rezaba el reverso. Y así marcharon camino al Parlamento libanés, en un gesto simbólico que ha resucitado el laicismo en el Líbano –y en toda la región- medio siglo después de su aparición.

La primera marcha que se produce en un país árabe a favor del estado secular fue todo un éxito. La convocatoria de Nasri Sayegh, Yalda Yunes, Said Chaitu, Alexandre Paulikevitch y Kinda Hassan, amigos convencidos de que el cambio sí es posible [“no sabían que era imposible, así que lo hicieron”, es la cita de Mark Twin que preside su grupo de Facebook] terminó arrastrando convicciones. Más de 3.000 de ellas se sumaron a una convocatoria que exigía algo tan lógico como impensable en este rincón del mundo donde la religión sustenta el sistema político y controla cada aspecto de la vida del ciudadano: el derecho a ser iguales ante la ley sea cual sea la confesión religiosa que se profese.

“No se puede decir que en el Líbano exista igualdad cuando hay convicciones que no se reconocen”, incidía Said Chaitu, de 33 años, ataviado con una camiseta negra con el lema ‘Orgullo Laico’ en la espalda. “Los ateos, por ejemplo, no son reconocidos por la ley. Y no es el único problema: no hay divorcio civil ni matrimonios civiles, y la herencia de las mujeres depende de su religión, pero en algunas confesiones no pueden heredar… A los niños no bautizados no se les permite escolarizarse, porque para admitirles en los colegios se exige la ficha del estado civil, que a su vez sólo se emite al rellenar la casilla de religión….”

Eso, por no hablar del perverso sistema político confesional que impera en el país del Cedro, donde los cargos políticos, los escaños del Parlamento y los altos funcionarios son asignados mediante cuotas religiosas en contra de lo escrito en la Constitución. La Carta Magna podría ser la principal arma de los orgullosos laicos libaneses: en su preámbulo se estipula que “el Líbano es una república democrática, parlamentaria, fundada sobre el respeto de las libertas públicas y en primer lugar sobre la libertad de opinión y de conciencia, la justicia social y la igualdad de derechos y obligaciones entre todos los ciudadanos sin distinción ni preferencias”. En el artículo 9, se garantiza “el libre ejercicio de todos los ritos religiosos y de todos los intereses religiosos de la población”.

El texto, escrito en 1926, fue confirmado con el Pacto Nacional de 1943, con el que se selló la fundación del Estado multiconfesional libanés, y posteriormente por los Acuerdos de Taef de 1989 que pusieron fin a la guerra civil. “Pero la igualdad que garantiza la Constitución no se aplica sobre el terreno”, se indigna Caroline Suqqar, miembro del colectivo feminista y una de las manifestantes. “Nuestras leyes son discriminatorias y no sólo en derechos civiles, como demuestran los crímenes de honor. Ni siquiera para morir somos iguales. Por eso sólo creo en las convenciones internacionales, no en las religiosas”.

Las feministas fueron una de la larga decena de grupos que se sumó a la iniciativa ‘Orgullo Laico’, junto a colectivos ciudadanos como la Campaña para la Nacionalidad, el conglomerado que agrupa a gays, lesbianas y transexuales libaneses o la Campaña para el Matrimonio Civil, (con 22.000 miembros en Facebook), en una imagen casi inédita en Oriente Próximo. La última organización ya realizó una marcha hace meses para reivindicar uniones no sectarias que evitarían a los libaneses muchos viajes a Chipre. En el país del Cedro, para que dos miembros de sectas religiosas diferentes puedan casarse uno de ellos debe convertirse a la religión de su pareja. La única forma de evitarlo es acudir a la isla dividida, el país más cercano donde se celebran uniones laicas. Los viajes son tan numerosos que ya existen agencias especializadas en ‘paquetes’ matrimoniales en Chipre.

Apenas 200 personas acudieron a aquella convocatoria, nada comparable con la afluencia de público a la marcha de ‘Orgullo Laico’. Unas 3.000 personas, la mayor parte jóvenes pero también algunas viejas generaciones, participaron en una demostración de voluntad de cambio. “Yo pensaba que no lo era, pero esto me demuestra que sí es posible un Estado laico en el Líbano”, se maravillaba el escritor Rabih Alameddine, llegado la víspera a Beirut desde San Francisco, donde reside. “Y esto es lo que importa, que las nuevas generaciones luchen por el laicismo, porque en sus manos está el futuro”, añadía.

El periodista de izquierdas y militante laico Nasri Sayegh, responsable del diario As Safir, se lamenta de “la traición de los laicos al laicismo. Hace 50 años éramos muy numerosos, y en el Líbano se hablaba del laicismo, pero los políticos que se declaraban laicos lo aplazaron en pos del sistema confesional”. Era la época del nacionalismo socialista árabe, del izquierdismo en Oriente Próximo, del auge de Gamal Abdel Nasser y de la introducción del marxismo en la región, conceptos casi olvidados. Esa “traición” sería una de las causas, a juicio de Sayegh, del auge del radicalismo religioso. “Cuando el adversario se ausenta, el ganador se hace fuerte”, musita.

“Siempre hubo movimientos laicos en el Líbano”, confirma Walid Hamze, un arquitecto que acudió a la marcha. “Pero con la guerra todo cambió. La violencia hizo que la gente buscara refugio en su familia, en su tribu, en su secta, en su comunidad religiosa… No sé cuánto tiempo habrá que esperar para ver la implantación real del laicismo en el Líbano. Con la falta de confianza que hay entre los libaneses, no me parece viable”.

Uno de los graves problemas del Líbano es el sistema feudal en el que se sustenta su política, donde líderes tribales pertenecientes a una determinada confesión de las 18 religiones reconocidas agrupan a sus seguidores. Otra de las graves carencias es la falta del sentimiento nacional: en lugar de considerarse libaneses, demasiados ciudadanos se definen como chiíes, suníes, maronitas, greco-ortodoxos, armenios, drusos… La lección de la guerra civil, cuando en los diferentes checkpoints se ejecutaba según la calificación religiosa que aparecía en el documento de identidad, tardó en ser aprendida: sólo en 2009 se permitió legalmente que los ciudadanos dejen en blanco la distinción sectaria. Pero en la ficha de estado civil, necesaria para toda gestión burocrática en el Líbano, la religión sigue siendo un dato imprescindible.

“No estoy en contra de la religión, pero estoy a favor de la libertad de actuación”, señala Nasri Sayegh, uno de los cinco líderes de Orgullo Laico. Nasri explica cómo la idea de crear este movimiento tan poco común en el mundo árabe surgió tras el llamamiento religioso que trató de boicotear el Festival de Rock de Beirut, cuando líderes de todas las sectas calificaron los conciertos de ‘satánicos’. “Estamos hartos de que los responsables religiosos nos digan qué es bueno y qué no lo es”. En noviembre se creó el grupo de Facebook: en tres días, ya contaba con 2.000 miembros. “Internet es una herramienta muy útil para la democracia”, señala Nasri. Lo han constatado gracias a la manifestación: además de las redes sociales, la difusión de la convocatoria mediante los blogueros ha acrecentado su éxito.

Desde noviembre, los cinco amigos se reunieron con constitucionalistas y abogados para fundamentar su llamamiento. Descubrieron que la mayoría de los partidos libaneses se definen como laicos pese a que se fuerza reside en su confesión religiosa, y que todo lo que pueden aportar es un punto de partida a un debate que consideran necesario: “No aspiramos a cambiar las cosas, sólo a invitar a la sociedad a reflexionar”, continúa Nasri.

“Es posible que no veamos cambios en 30 o 40 años, pero no tenemos prisa. Es el principio de un largo proceso: ten en cuenta que vamos en contra del feuadalismo, y eso implica un enorme desafío”, incidía Alexandre Paulikevitch, bailarín y coreógrafo. La constatación la encontró una hora antes del inicio de la marcha, cuando tres hombres se encararon con él. “Estáis en contra de la religión, vais a llevar al país a la guerra civil!”, le gritaban en tono desaforado. “Todo lo contrario, estamos a favor de todas las religiones, pero también de que nuestros derechos no dependan de ellas”, respondía Alexandre con frustración antes de darlo por imposible. “No quiere comprender,  y la mayoría es como él. Siguen ciegamente a sus líderes, y no hay un solo líder político que apueste por desconfesionalizar el país”.

Eso es motivo de frustración para los cinco creadores de ‘Orgullo Laico’. “No podemos confiar en los políticos, ni tampoco en la nueva generación que les suceda porque aquí los cargos se heredan”, comentaba Nasri respecto a los ‘señores’ de la guerra civil que siguen controlando el país. Al menos dos de ellos, el chií Nabih Berri y el cristiano Michel Aoun, han lanzado el debate de la desconfesionalización del país pero con escasa convicción. “¿Por qué no lo hacen, en lugar de hablar de ello? Ellos están en el Gobierno, así que lo pueden llevar al Parlamento”, se indigna Caroline Suqqer cuando se le menciona a los políticos.

“Oímos a los políticos a menudo hablar de suprimir el sistema confesional pero, cuando hay que pasar a la acción, sacan todo tipo de argumentos para justificar su inmovilismo: la población no está preparada, no es el momento oportuno…”, subraya el presidente de la Asociación Por un Líbano Laico, Tamir Salim. Por eso los fundadores de Orgullo Laico insisten en movilizar a la sociedad para que ella exija el cambio a sus líderes. “La gente debe saber que tenemos el derecho de nuestro lado, y que no se trata de suprimir las religiones sino de respetar a todos los ciudadanos”, continúa Nasri Sayegh. La marcha, que podría convertirse en una cita anual, es sólo el inicio de una larga serie de actividades (conferencias, debates en las universidades, artículos en la prensa) que aporten información y aumenten la concienciación de los beneficios del laicismo.

El principal esfuerzo radica en explicar que no se trata de importar el laicismo a la francesa, inviable en el mundo árabe, sino crear uno adecuado para el país y que sirva de modelo para otros países de la región. “Siria, Jordania, ¿por qué no?”, continúa Chaitu. Los 3.000 manifestantes que marcharon hacia el Parlamento lo tenían claro. “Reivindicamos algo tan sencillo como la igualdad”, señalaba Abdallah Annan, responsable del movimiento Ciudadanía. “Dar al mejor hombre o mujer el mejor trabajo para tener un país mejor, sea cual sea su religión. Y acabar con el sistema confesional que nos llevó a la guerra civil”.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

19 comentarios

  1. Estupendo artículo. Aunque aquí estamos en etapas más avanzadas, es bueno saber que pasa cuando hay retrocesos (que siempre acechan)
    Por cierto, hay alguna errata en el texto. Animo y esforzaros.

  2. Guille

    Deberíamos aprender de la fuerza y del compromiso civil de estas personas.

    Gracias por tus siempre estupendas crónicas desde Oriente, Mónica.

  3. Mónica G. Prieto

    Artesano, texto corregido. Gracias a vosotros!

  4. Gracias por este tipo de artículos: otro periodismo es posible y lo estáis demostrando cada día.
    Por cierto, donde dice “pese a que se fuerza” creo que debería decir “pese a que SU fuerza”.

  5. Nuria

    ¿Desconoce la autora del artículo la diferencia entre etnia y religión? ¿Desconoce la autora que ser árabe no significa ser musulmán y viceversa? ¿Desconoce que el Líbano no es un Estado árabe aunque tenga una mayoría de población musulmana? ¿Y que el 40% de su población es cristiana? ¿Y que la procedencia de su población además de árabe (muy minoritaria) es fenicia, romana, otomana o asiria?
    Se trata de un buen artículo, necesario, como tantos otros. Pero pediría un poco más de rigor en algunas cuestiones que han hecho, entre otras cosas, que se estigmatice a una parte de la ciudadanía.
    Hablar de el Líbano, generalizando con ‘lo árabe’ no me parece mínimamente riguroso.
    Solo me queda la duda de que las cinco personas que han iniciado este movimiento, da la casualidad de que pertenecen todas ellas a la minoría más exigua del país, a no ser que la autora quisiera decir musulmanes de diferentes confesiones (suníes, chiíes)…

    • Mesihi

      ¿¿Líbano no es un estado árabe??.
      ¿Que tendrá que ver que haya una proporción elevada de cristianos?. También las hay, menores, pero las hay, en otros paises árabes.
      No confundamos las churras con merinas, por favor.

      Un español, de origen árabe cristiano.

    • carolina

      Claro que el Líbano es un país árabe!! Lo es porque su idioma oficial es el Arabe!! Lo que no hay que confundir es lengua con religión!!

  6. Nuria, ¿Cómo que el Líbano no es un Estado árabe? Precisamente, lo que da identidad al país es que es mayoritariamente árabe (con minorías de otros orígenes que no etnias), por contraposición con la diversidad de religiones. Y si te fijas (y los conoces) en el artículo se hala de algunas personas cristianas, también, precisamente, porque el artículo sí establece bien las diferencias.

  7. Nuria

    Pilar,
    el artículo en su conjunto me parece excelente, quizá no lo expresé suficientemente en el anterior comentario.
    Pero sigo opinando que el Líbano no es un estado árabe, como no lo es Turquía (en este caso, otomano). Lo árabe se refiere a una etnia procedente de la Península Arábiga, extendida en muchos países, como Marruecos (de población originaria bereber, no árabe).
    Como ser árabe significa pertenecer a una etnia, vuelvo a comentar que la mayoría de la población no es de origen árabe, sino asirio, fenicio, otomano, griego…
    El titular ‘el camino hacia el laicismo árabe comienza en Beirut, tiene tanto sentido como si cambiamos Beirut por París (que posiblemente tienen la misma proporción de árabes, menor que la de musulmanes, claro).
    Tiene mucho más sentido si se habla de religión, como ocurre en casi todo el texto. Vuelvo a repetir que un árabe puede ser cristiano y un griego musulmán.
    Creo que es necesario un poco más de rigor en estas cuestiones.

    • carolina

      Nuria creo que estás un poco confundida. Las regiones que se definen como árabes son precisamente las que hablan árabe. Marruecos es árabe, Turkia e Irán no. El líbano es árabe y allí existen árabes cristianos, musulmanes y laicos. El árabe es el que habla árabe, ok?

  8. Nuria:
    Composición étnica Líbano: árabes 95.0%, Armenios 4.0%, Otros 1.0%, de fuentes diversas, que seguro maneja o puedes encontrar. Más la fundación del Baaz como expresión panárabe de ideologías (luego fallido, claro, etc. La distinción entre religión y origen étnico la hago perfectamente; y entre árabe y musulmán, te aseguro que no me lío nada.
    Y no tiene el mismo sentido hablar del camino hacia el laicismo desde Beirut que desde otros sitios, porque el Líbano se caracteriza, entre otras cosas, por un reparto porcentual del parlamento (y de otras instituciones políticas) en función de la religión; algo que fue buena idea en su momento pero que ahora causa muchos problemas (como las reivindicaciones de Hizbolá, que dice que los porcentajes en la sociedas ya no son los mismos). Eso no pasa en otros países de mayoría árabe ni en otros de mayoría musulmana, y, desde luego, no en París; por eso tiene sentido.

  9. ¡Gran artículo! Y muy interesante. Lástima que estos movimientos no se apoyen desde Occidente…

  10. Nuria, el articulo es exquisito. Y Libano es evidentemente un pais mayoritariamente arabe. No hay ninguna duda, ellos asi se reconocen, se les reconoce desde el resto del mundo de ese modo y tu visión es la unica que conozco que dice que Libano no es arabe.

    Un poquito de rigor antes de despreciar el trabajo de alguien…

  11. Nuria, el articulo es exquisito. Y Libano es evidentemente un pais mayoritariamente arabe. No hay ninguna duda, ellos asi se reconocen, se les reconoce desde el resto del mundo de ese modo y tu visión es la unica que conozco que dice que Libano no es arabe.

    Un poquito de rigor antes de despreciar el trabajo de alguien…

  12. [...] víctimas de una suerte de moderna esclavitud, y también ha trabajado con campañas como la del orgullo laico y en defensa del matrimonio civil –inexistente en el Líbano- o por la limpieza de la [...]

  13. [...] La marcha del domingo fue el colofón de unas semanas de preparación inimaginables el pasado año, si bien la marcha por el laicismo puede considerarse un movimiento precursor. “Después de la caída de Ben Ali y Hosni Mubarak , entendimos que el cambio era posible”, [...]

  14. [...] El sistema confesional, la lealtad a los clanes políticos y el abrumador peso de la religión –la batalla por el laicismo, para una generación la solución al problema, parece condenada al fracaso- condena al país a la división, y según temen muchos, a repetir la [...]

  15. [...] El sistema confesional, la lealtad a los clanes políticos y el abrumador peso de la religión –la batalla por el laicismo, para una generación la solución al problema, parece condenada al fracaso- condena al país a la división, y según temen muchos, a repetir la [...]

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