Sociedad

Niños pakistaníes ganan el partido de la calle

20 países competirán en la Copa Mundial de Niños de la Calle 2014, en Río de Janeiro

El equipo fue conformado por la Fundación Azad, organización no gubernamental que trabaja con niños en situación de calle en Karachi desde 2001

"Mientras les enseñábamos las reglas del juego, les inculcamos cualidades como justicia, trabajo duro y honestidad"

El equipo de Hussein practica intensamente para el campeonato de 2014 en Brasil (Zofeen Ebrahim/IPS)

Sacándose el sudor de la frente, el pequeño Iman Hussain mueve las manos con frustración cuando observa el cartel que indica el marcador del partido. “¡Concéntrense, muchachos!”, les grita a sus compañeros de equipo.

Hussain, de 12 años, es uno de los niños que practican fútbol en el complejo deportivo del Consejo Municipal de Karachi, en el sur de Pakistán.

Los demás jugadores tienen entre 10 y 16 años, y fueron seleccionados de todas partes de la ciudad para conformar el Street Strikers, uno de los equipos de 20 países que competirán en la Copa Mundial de Niños de la Calle 2014, a realizarse en Río de Janeiro.

Hussein, quien ostenta con orgullo la indumentaria de su cuadro (camiseta a rayas negras y rojas, shorts y medias negras), es conocido por su agilidad, pero sobre todo por su temple. “Les gusta cómo hago los pases, y por eso me eligieron para el equipo”, dijo a IPS.

Hasta hace pocos años, este niño sobrevivía en Karachi robando a transeúntes desprevenidos. Era uno de los entre 1,2 millones y 1,5 millones de niños y niñas que viven en situación de calle en Pakistán.

Hussain huyó de su casa cuando tenía apenas siete años porque su hermano mayor solía “atarlo” y golpearlo por no “prestar atención a los estudios”, según contó. Es hijo de un pescador y tiene cinco hermanos y seis hermanas.

Ahora se ha reintegrado a su familia, volvió a la escuela y juega al fútbol, su mayor pasión. “Quiero mostrarle al mundo que soy bueno en algo”, dice, añadiendo con excitación: “¡Voy a hacer mi primer viaje en avión!”.

El equipo fue conformado por la Fundación Azad, organización no gubernamental que trabaja con niños en situación de calle en Karachi desde 2001. 

El grupo provee alimentos, refugio, atención médica y educación a través de tres centros a cerca de 3.500 de los 12.000 niños y niñas en situación de calle en Karachi.

Actualmente, un poco más de 100 se encuentran en diferentes etapas de procesos de rehabilitación, con miras a ser finalmente reintegrados a sus respectivas familias.

Este año, la Fundación lanzó el proyecto Deporte para el Desarrollo, que durará hasta 2018. “En Karachi estamos trabajando en tres unidades administrativas”, dijo a IPS su director, Ali Bilgrami.

“Inicialmente nos concentraremos en el fútbol, pero también hay demanda para otros deportes. Podemos incluir al cricket y al hockey”, adelantó. Pero siempre tiene que ser un deporte de equipo, subrayó.

Itfan Maqbool, portavoz de la Fundación, dijo esperar que la Copa Mundial sirva para “educar a la sociedad sobre la realidad de los niños en situación de calle y sobre cómo estos sobreviven”.

El equipo de Hussain viene entrenando hace más de tres meses y ya enfrentó a otros clubes que juegan desde hace varios años. Muchos de los integrantes del Street Strikers han cambiado su comportamiento.

“Sin duda alguna se han hecho menos agresivos”, notó Maqbool.

El entrenador, Haris Jadoon, destacó que los niños lograron controlar su ira y rebeldía. “Cuando comenzamos, los vi muy pendencieros. Se negaban a hacer los ejercicios de calentamiento o a seguir las reglas, e incluso a hacer caso al silbato. Todo lo que querían era tener el balón y comenzar a jugar”, recordó.

“Perder era algo impensable para ellos, y cuando ocurría, lo común era que hicieran una rabieta, se enojaran y lloraran. Sin embargo, lentamente, se fueron dando cuenta de que este es un deporte de equipo, y de que solo pueden ganar si juegan como un equipo”, agregó.

Además, indicó: “Mientras les enseñábamos las reglas del juego, les inculcamos cualidades como justicia, trabajo duro y honestidad, a la vez que fortalecimos su confianza y sus habilidades de comunicación“.

Sadia Ahmed, psicóloga de la Fundación, conoce bien a cada uno de los niños, y destacó que su trabajo se hace cada vez más fácil.

“La mitad de mi tarea ya está hecha”, celebró. “Están mucho más felices, más dóciles y más receptivos. También veo que algunos se han vuelto más grandes y altos en los últimos meses”, dijo a IPS.

Para Iftan, sin embargo, el mayor éxito ha sido que, desde que comenzaron a jugar, varios se reintegraron a sus familias, lo cual es el objetivo final de la Fundación.

Owais Ali, tiene 16 años y juega en la defensa. Abandonó su casa cuando tenía siete. Se cansó ser constantemente golpeado por sus padres. Volvió a su hogar cuando tenía 13, pero su hermano mayor no ha regresado aún.

“Es una vida difícil allí afuera”, dijo. “Usted no puede imaginar lo que un niño de siete años vive en las calles de Karachi. Uno es acosado por bandas y por la policía. Muchos son abusados físicamente y también sexualmente”, contó, mientras fumaba hachís.

No obstante, la situación que atraviesan muchas familias pakistaníes hace que algunos niños prefieran la calle, dijo Maqbool.

“Estamos tratando de hacerles ver lo que significa vivir en familia. Es como en el deporte. Una familia es como un equipo donde cada miembro cuida a los otros y trabaja por el éxito común. Los padres también deben darse cuenta de que los niños necesitan amor, afecto, y respeto. Ambas partes deben superar su pasado y avanzar”, señaló.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie