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Sociedad

Libros de texto sectarios para un país desmemoriado

La Historia de los últimos 60 años no se estudia en el Líbano por sus implicaciones políticas

“Estamos educando a una generación de niños que se identifican con su comunidad y no con su nación. Sin Historia no hay unidad”

Unos 20 libros de texto ofrecen diferentes versiones de lo acontecido, según la comunidad religiosa de sus editoriales

Una niña hace cuentas en la pizarra, durante su clase de Matemáticas. (Mónica G. Prieto)

Los chicos, cada uno de una comunidad religiosa diferente, miran a la cámara con cierta actitud de desafío. Con la falsa seguridad del adolescente que cree ser un adulto y la ausencia de miedo a equivocarse típica de los 15 años. Uno a uno se enfrenta a una pregunta tan sencilla como llena de implicaciones. ¿Quién es tu personaje favorito de la Historia?, se les pregunta. “Bashir Gemayel”, responde el maronita en referencia al primer ministro falangista libanés. “Hassan Nasralah”, elige una joven chií. “Adolf Hitler”, se ufana otro alumno sin un ápice de rubor. “Jomeini”, dice con firmeza una chica velada. ¿Por qué?, insiste la voz. “Porque liberó los territorios ocupados [palestinos]”.

Las graves lagunas históricas y el apego a la identidad sectaria de los alumnos del Líbano es tan clamorosa y tan perjudicial para un país con 6.000 años de Historia que el director de cine Hady Zaccak decidió dedicarle 50 minutos para grabar Una Lección de Historia, un documental que denuncia la trágica situación educativa en el país de los Cedros, donde la materia dedicada a repasar los acontecimientos vividos puede llegar a ser instrumentalizada por las editoriales y todo lo sucedido tras la Independencia, en 1943, es inexistente al ser considerado un asunto sensible.

Eso, a pesar de que en los Acuerdos de Taef, adoptados en 1989 por los diputados libaneses para poner fin a la guerra civil, se aprobó unificar los libros de esta asignatura (actualmente existen unas 20 versiones diferentes) y crear un único temario que fomentara la educación cívica.

Antoine Mesarra, en su despacho. (M.G.P)

El único intento para hacerlo corrió a cargo de una comisión de seis historiadores encabezada por el profesor y juez Antoine Mesarra entre 1996 y 2000. “Elaboramos un programa único para esta asignatura que fue publicado en el Journal Officiel (el equivalente al BOE), 80 páginas que fueron aprobadas por unanimidad entre el entusiasmo de todos los centros educativos libaneses. Pero cuando se creó el libro, el ministro de Educación de entonces, Abdelrahim Mrat, lo vetó con pretextos. No criticó ningún capítulo ni ningún párrafo, lo vetó entero”, explica Mesarra, director de la Fundación Libanesa para una Paz Civil Permanente, desde su despacho de la Universidad Saint Joseph de Beirut.

Gracias a ello, el Líbano convive con su amnesia histórica a sabiendas de que el riesgo de que la Historia, por ignorada, se repita. “La mentalidad libanesa impide tocar nuestra propia historia”, confiesa Hady Zaccak, quien empleó más de un año en comparar los libros de texto y en lograr los permisos de cinco escuelas privadas, una maronita, una evangélica, una suní, una chií y otra laica, para grabar sus lecciones de Historia. Las públicas no aceptaron participar en su proyecto, criticado por el Gobierno. “El problema es que los actores de la historia reciente son los mismos actores políticos de hoy en día, y sus seguidores siguen sin preguntarles qué hicieron durante la guerra civil”.

Desmemoria colectiva

Esta desmemoria colectiva -fruto de las diferencias políticas y del miedo a admitir lo ocurrido en una guerra civil que, 35 años y 150.000 muertos después, sigue siendo un tabú- alimenta el enfrentamiento de las comunidades religiosas del país del Cedro en lugar de unificarlas en torno a la idea de un Estado común. “Estamos educando a una generación de niños que se identifican con su comunidad y no con su nación. La Historia une a los pueblos. Sin historia no podemos tener unidad”, lamenta el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Americana de Beirut Ohaness Goktchian.

Pero el problema va más allá. De la escasa historia que se imparte sobre lo ocurrido a principios del siglo pasado hay diferentes versiones de los hechos, dependiendo de la secta a la que esté vinculada cada escuela y a qué casa editorial compre su manual de Historia. Para unos, los franceses que ocuparon el país del Cedro fueron unos administradores; para otros unos invasores. “Dependiendo de la editorial que los redacta, se reflejan diferentes versiones de la Historia, aunque muchos son cambios mínimos”, afirma el profesor Messarra.  “En algunas ediciones ciertos personajes históricos son considerados traidores a la patria y en otras nacionalistas”, explica Zaccak.

Escolares, en el aniversario de la guerra. (M.G.P.)

En las escuelas privadas, donde no se limitan al programa oficial gubernamental sino que pueden disponer de temario propio, pueden darse situaciones variopintas. En las francófonas ha llegado a ocurrir que los libros de Historia, importados de París, no incluyan ninguna referencia a la Naqba (el desastre en árabe, o la tragedia palestina que implicó la aparición de Israel) sino que hablen de la creación del Estado judío sin mencionar la existencia de los palestinos; en una escuela anglófona se tuvo que retirar un manual, importado de EEUU, donde el partido chií libanés Hizbula, socio del Gobierno, figuraba como grupo terrorista.

“Un problema grave es el concepto de la enseñanza de la Historia. Se les enseña como si fuera un poema, recitan lo aprendido pero no intentan analizarlo, de ahí la sensibilidad negativa hacia esta materia”, continúa el director de cine, un gran aficionado a la Historia.

A Hady le costó encontrar 15 alumnos que compartieran su pasión para que se expresaran en su reportaje. Probablemente influya que la Historia del Líbano sólo se imparte en el último curso escolar y que las clases se limitan a una hora semanal. El profesor Mesarra vivió una experiencia similar hace casi dos décadas. “El obstáculo para un libro común no es sólo político, también es cultural: no se ha generado confianza en las instituciones educativas. En el año 94 investigué la materia de Historia en 12 escuelas, con un total de 100.000 alumnos. Ninguno confiaba en la credibilidad del libro de Historia”.

Ni siquiera muchos profesores lo hacen. Mohamed Khaled, director de la Modelo International School, una pequeña escuela del barrio beirutí de Siayá con 200 alumnos chiíes, suníes, drusos y un par de cristianos, se declara contrario a impartir Historia en los colegios. “La [Historia] antigua forma parte del pasado, la actual no se puede tocar porque hablar de política en el Líbano implica crear problemas”, dice encogiéndose de hombros. “Es un problema muy doloroso. En primer lugar, la Historia libanesa sólo se imparte en el último año escolar, y en ella se ocultan muchos capítulos. El nuevo ministro quiere unificar los libros de texto, pero a mi juicio es imposible porque cada partido político quiere retocar el temario a su manera”.

En la Modelo Internacional School, como en la mayoría de colegios libaneses, la política es un tema tabú. Una buena excusa para que nadie trate de abordar la historia reciente del Líbano. “No se puede hablar de eso, está terminantemente prohibido”, incide el director mientras la profesora de Historia, que prefiere no identificarse, asiente vivamente. “Por mucho que los alumnos me pregunten, no puedo responder, y sus libros de texto tampoco responden a esas cuestiones”, confiesa turbada. “Así que se informan viendo la televisión, preguntando en casa o por lo que les dicen en este partido o en otro”. Hady Zaccak recuerda que en las bibliotecas escolares es difícil encontrar un volumen de Historia reciente, pese a que el país del Cedro tiene una extensísima bibliografía al respecto en tres idiomas. “Este es un obstáculo insalvable”, añade Mohamed Khalil. “Pero qué puede esperar de un país que no tiene conciencia de Estado”, se lamenta el director.

'Una lección de Historia'. (www.hadyzaccak.com)

Ni siquiera la nueva generación política, algunos de cuyos agentes no participaron en la guerra civil, parece compartir la idea de una nación común. En una década, nadie se molestó en reavivar el problema de los libros de Historia sectarios. Hasta que, en el último Gobierno, la cartera de Cultura recayó sobre uno de los miembros de la comisión que a finales de los 90 intentó redactar un libro único de Historia. El pasado enero, el ministro de Educación decidió relanzar la idea, aunque pocos confían en que figure entre las prioridades del Ejecutivo de coalición pese a lo perentorio que resulta forjar una identidad común que acabe con las rencillas.

“Si tuviésemos una memoria colectiva, los acontecimientos de 2008 [el amago de guerra civil]  no habrían ocurrido”, asevera Mesarra.  “Esta situación conlleva riesgos para los libaneses, más para nuestros nietos que para nuestros hijos”, continúa el profesor. “En 2008, los líderes pararon la guerra porque tenían memoria de lo que eso implica, pero la próxima generación no sabrá cuáles son las consecuencias. Por eso hay que explicar la historia profundizando en los aspectos civiles más que en los bélicos”.

El profesor se refiere a hablar en las aulas del coste humano de la guerra, de las consecuencias para los civiles y de los crímenes sin por ello buscar culpables. “Hay que hacerlo como contables, ya habrá tiempo de que cada alumno busque sus propios culpables. A los historiadores árabes nos gusta ser jueces y hay que olvidarse de eso. Hay que crear una memoria colectiva y participada, una cultura común. Y el sufrimiento común crea una identidad común”.

Hady Zaccak coincide con el historiador. “Lo más inquietante de mi experiencia con Una Lección de Historia fue observar alumnos que parecían clones de sus padres. Nadie cuestiona sus creencias y eso da miedo. Al final de la guerra, emprendimos un proceso de reconstrucción material pero no moral”, recuerda. “Yo viví la guerra en el Líbano, y soñaba con una paz que terminara con los señores de la guerra. Y ahora me encuentro con que éstos se han convertido en los señores de la paz”, lamenta. “La reconciliación será imposible mientras no se conozca la Historia”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

5 comentarios

  1. Xosé A. López

    “El problema es que los actores de la historia reciente son los mismos actores políticos de hoy en día, y sus seguidores siguen sin preguntarles qué hicieron durante la guerra civil”.

    ¿Seguro que habláis del Líbano y no de aquel (no tan) viejo chiste en que Franco resucita y se encuentra a todos los hijos de sus ministros siendo ministros de Aznar… menos a Fraga, que era él en persona, de presidente de Galicia?

  2. [...] Libros de texto sectarios para un país desmemoriado periodismohumano.com/sociedad/educacion/libros-de-texto-sect…  por eboke hace 1 segundos [...]

  3. Alex

    En Euskadi sigue pasando lo mismo. Y al igual que en el Libano por ambas partes.

  4. Tonho

    Yo creo que la creación de una conciencia nacional ayuda a muy poquito, muy poquito.

    En el Estado español, gracias a la conciencia nacional, se ha equiparado a Comunistas y a Fascistas, considerando además que el Rey Campechano, Juanca, vino con su caballo blanco a salvarnos a todos.

    El otro día un colega, por el resultado del mundial entre España y Portugal dijo algo así como “ahora os arrepentís de 1640, eh”. A mí eso me da verguenza ajena, sinceramente.

    Creo que es hora de estudiar la historia, pero la historia de la gente, no de los pueblos. Los pueblos no nacen, ni mueren, ni van al paro, ni se ponen en huelga, ni tienen accidentes laborales, ni padecen terrorismo.

  5. Con cada crisis de gobierno hay un esfuerzo increible por controlar la cartera de educación por parte de los diferentes partidos-sectas.. Este genial artículo explica el porqué de manera brillante

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