Sociedad

Tailandia, el falso paraíso homosexual

Tailandia es visto como un paraíso para la comunidad LGTB, pero sus derechos aún están lejos de los de las personas heterosexuales.

Ahora luchan por que el gobierno apruebe las uniones civiles entre parejas del mismo sexo.

El pasado día de San Valentín Rungtiwa Tangkanopas y Pallawee Jongtangsajatam acudieron a la oficina de registro civil para sellar oficialmente su amor, como tradicionalmente hacen muchas parejas tailandesas en el día de los enamorados. Su petición fue, sin embargo, inmediatamente denegada cuando el oficial comprobó sus documentos de identidad y vio que ambas son mujeres. No fue una sorpresa, Rungtiwa y Pallawee ya sabían que ni el matrimonio ni la unión civil entre personas del mismo sexo es legal en Tailandia y su acto no fue más que una protesta simbólica.

Tailandia es visto como uno de los paraísos para la comunidad homosexual y transexual, pero sus derechos aún distan mucho de los de las parejas heterosexuales. En un país donde los cambios de sexo se anuncian en el periódico por módicos precios, esta práctica está aún considerada como una enfermedad mental por la ley militar y la conservadora sociedad tailandesa aún trata a muchas de estas parejas como inmorales y desviadas.

“[La comunidad homosexual] no tiene ningún derecho legal en Tailandia, no pueden poseer nada como pareja, beneficiarse de seguros de familia o incluso son discriminados como funcionarios”, afirma Sulaiporn Chonnilai, una investigadora especializada en los derechos de las minorías sexuales. “Y la sociedad simplemente no los acepta, los ve como algo no natural”, continúa. Sin duda, la imagen choca con los bares de marcha gay que ocupan numerosos rincones de la capital del país y otros sitios turísticos o con las simpáticas azafatas transexuales que algunas compañías aéreas usan como reclamo publicitario.

La comunidad transexual, los llamados katoey, es la que tiene una mayor aceptación entre la sociedad tailandesa. Sin embargo, las parejas de lesbianas y sobre todo las de gays suelen vivir su amor en silencio por temor a la discriminación social. “La mayoría ni siquiera viene a los actos de protesta porque no quieren atraer la atención hacia ellos mismos y luego tener problemas en el trabajo o con sus familias”, explica Anjana Suvarnananda, una de las activistas por los derechos de los homosexuales más reconocidas de Tailandia.


Lo de Rungitwa y Pallawee fue amor a primera vista. Se conocieron hace nueve años en Pattaya, una ciudad famosa por ser el principal destino sexual del país pero a la que van también muchos tailandeses de vacaciones para disfrutar de una de las playas más cercanas a Bangkok. A los pocos días del flechazo se fueron a vivir juntas. “Parecía una locura pero desde el principio supimos que estábamos destinadas a estar juntas”, asegura Rungtiwa, vestida en un largo vestido blanco para la ocasión.

Ellas son, sin embargo, una pareja peculiar en Tailandia. “Nuestras familias lo han aceptado desde el principio, no hemos tenido ningún problema”, afirma Rungtiwa. Pallawee, más tímida bajo sus gafas rojas y negras, confirma. Ellas no han tenido que esconder su relación bajo la farsa de una amistad, como hace la mayoría, pero se han encontrado con un muro cuando han querido formalizar su relación. “No es sólo por el simbolismo, queremos tener un seguro médico y comprar una casa juntas, pero ahora, por la ley, no podemos”, explica Pallawee.

Tras años de campaña, el Parlamento tailandés se plantea ahora por primera vez aprobar una ley para permitir las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Un primer proyecto de ley ya ha sido redactado y la cámara legislativa lo discutirá el próximo 19 de abril en una sesión pública.

Sin embargo, los grupos activistas denuncian que la nueva ley responde a la concepción tradicional de las parejas homosexuales. “Nos piden que antes de casarnos pasemos una revisión médica. Aún no han aclarado si será física o psicológica, pero eso no se lo piden a las parejas heterosexuales”, afirma la activista Ann Kaewwaen.

La nueva ley tampoco regula su derecho a la adopción ni concederá a las parejas la condición plena de matrimonio. “Simplemente queremos que la ley diga que la gente, en general, puede registrarse [como pareja] o casarse, sin distinción de género, pero ellos quieren claramente separar los grupos. No queremos una ley exclusiva”, explica Anjana Suvarnananda.



Ningún país de Asia ha aprobado hasta el momento el matrimonio homosexual o el registro civil para las parejas del mismo sexo, aunque tres países, Nepal, Vietnam y Taiwán, han dado pasos firmes para aprobar la medida. En Tailandia, el proceso comenzó con mucha fuerza hace tan sólo dos meses, pero ahora el Parlamento lo está retrasando. “Va a necesitar su tiempo. Primero debemos cambiar la manera en que las madres, los padres, las familias en general entienden sus derechos”, afirma Rabiabrat Pongpanich, una antigua senadora conservadora que ahora preside la Happy Family Association, un grupo por los derechos de la familia.

Aunque se lo esperaban, la joven pareja no puede esconder cierta decepción después de que su petición haya sido rechazada. “Seguiremos luchando hasta que consigamos casarnos. Lo que queremos, no es nada malo. En otros países es normal”, grita Rungtiwa a los oficiales mientras deja la oficina de registro. La batalla no ha hecho más que empezar.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie