Sociedad
Sudáfrica se examina sobre su unidad racial
Conclusiones prematuras y exageraciones irresponsables tras el asesinato del líder segregacionista blanco Eugene Terre’blanche
Malema cantó “mata al boer”. Y el boer murió. La trágica casualidad –o no- ha acaparado el protagonismo de un debate complejo

Partidarios del líder Eugente Terre
Eugene Terre’blanche, a sus 69 años, soñaba con un Estado afrikáner independiente, donde los blancos pudieran vivir separados y libres del “yugo de la opresión negra”. Su movimiento de nostálgicos del apartheid nunca asimiló la caída del régimen segregacionista, como tampoco entendió la evolución histórica de su país y, tras fracasar en el intento de evitar la transición de Sudáfrica a una democracia multiracial –ocurría el 1994- sus miembros se disolvieron entre las granjas de su amada tierra, aunque sin llegar nunca a desaparecer.

Eugene Terre'blanche
El Movimiento de Resistencia Afrikáner (AWB en sus sigla en afrikaans) que Terre’blanche lideraba representa el ala mas derechista y violenta de los racistas afrikaaners (descendientes de los colonos holandeses), una corriente muy minoritaria y poco representativa en el país, aunque notoria por su pasado violento y sus ideas radicales.
Como si él mismo hubiera diseñado su final de mártir, Terre’blanche fue asesinado el sábado por dos de los trabajadores de su granja, en un momento en que justamente Sudáfrica discutía sobre la unidad racial. El motivo del debate: una canción que en su tonada repite “mata al boer”. Boer, granjero y afrikáner son sinónimos en Sudáfrica. Quien la andaba cantando en mítines es un adulto llamado Juluis Malema, líder de las Juventudes del hegemónico Congreso Nacional Africano, el partido que supo, gracias en buena parte al arte de Nelson Mandela, evitar un baño de sangre durante la transición.
La selección musical de Malema había abierto en las ultimas semanas una suculenta polémica sobre el daño que esta melodía –según él un recuerdo inofensivo de un himno que se cantaba durante los días de lucha contra el régimen- y otros comentarios podían causar en la nación multicolor por excelencia, hasta que la trágica casualidad –o no- convirtió la tonada en realidad.
Algunos líderes políticos y otras organizaciones se apresuraron a relacionar lo uno con lo otro, augurando prematuramente una debacle racial y precipitando una alud de exageradas alarmas.

Un partidario del movimiento liderado por Terre'blanche, a la derecha, discute con un hombre negro, a la puerta del tribunal mientras esperan que llegue el adolescente para prestar declaración (Jerome Delay / AP)
Según Aubrey Matshiqi, del Centro de Estudios Políticos de Sudáfrica, “aunque existía un debate caliente sobre raza y racismo previo al homicidio no podemos hablar de tensión racial creciente en el país. Lo que nos muestra este incidente es que aún existe un brecha entre las aspiraciones de reconciliación y la realidad de la reconciliación. Tanto algunas de las respuestas al asesinato de Terre’blanche como al canto de canciones revolucionarias por parte de Malema están talladas por esta grieta entre anhelos y realidad”.
Los dos campesinos que apalearon a Terre’blanche hasta la muerte –uno de ellos un menor de 16 años- se entregaron inmediatamente después del homicidio explicando a la policía que habían atacado al viejo blanco en autodefensa. En su versión los empleados contaron que, al enredarse con su dueño en una discusión salarial, Terreblanche les amenazó de muerte, ante lo que ellos reaccionaron. Las investigaciones están en curso.
Como muchos analista y observadores, Gail Eddy, investigadora del Instituto para las Relaciones Raciales de Sudáfrica, considera que es “demasiado pronto para dar una respuesta definitiva al por qué fue atacado” y que “asumir que la causa es Malema cantando ciertas canciones, es irresponsable” aunque, a diferencia de Matshiqi, ella sí percibe que estamos en un momento delicado.
Eddy sitúa el “contexto inflamatorio del “mata al boer” en una etapa sensible en la historia de Sudáfrica” en la que “ciertos discursos de determinados líderes del país están creando dificultades para la unidad entre sudafricanos”, y ve el suceso de Eugene Terre’blanche como un incidente que “ha expuesto la fricción racial actual” .

Un policía arrastra a un niño a un coche policial tras unos disturbios en Cape Town. Treinta y tres personas negras fueron asesinadas (AP)
El resurgir de estas heridas latentes en la joven democracia sudafricana no significa de todas forma, para ninguno de los dos analistas, un augurio de violencia. Matshiqi cree firmemente que “no hay ninguna posibilidad ahora mismo de una consagración racial”, ya que “no estamos en medio de una crisis que pueda degenerar en una guerra civil basada en términos raciales” y Eddy intuye que la alta temperatura de la controversia y los miedos “seguirán candentes en las próximas dos o tres semanas, para volver luego a su cauce menos crispado”.
Para Matshiqi “la amenaza que suponen (los seguidores de Terreblanche) no debe ser ni exagerada ni infravalorada” por lo que apela a la cautela política y ciudadana, aunque optimistamente quiere ver en todo esto “una oportunidad para que todos nosotros reflexionemos en el rol que debemos jugar en la construcción de una sociedad no racial. Podemos escoger entre ocupar obsesivamente el espacio del pesimismo histérico, o bien comprometernos seriamente a dar forma y erigir la idea de la nación del arco iris. Y creo sinceramente que la mayoría de sudafricanos elegirán la ultima opción.”

El 22 de febrero de 1996 estos niños salían de la hasta entonces escuela primaria para blancos de Potgietersus, a unas doscientas millas de Johanesburgo. La escuela abrió sus puertas a todos los niños tras una sentencia de la Corte Suprema de Pretoria (Joao Silva /AP)












Estupendo artículo. Sudáfrica ha logrado grandes avances pero no se puede bajar la guardia. Gracias por informarnos!
La verdad es que leer textos como este es un alivio. Según otras fuentes parecía que el conflicto era inminente. Casi que le han hecho un favor al pobre Eugene matándole, al menos alguien se acuerda de él. ¿No existe legislación internacional contra este tipo de partidos?
Creo que hasta que no haya una igualdad real, no se podrá dejar de hablar de Apartheid.
Desgraciadamente y a pesar de que rechazo de plano la violencia solo puedo decir: Un hijo puta menos.
Gracias , gracias y gracias de nuevo por este portal por devolverla esperanza a todos aquellos que vemos con horror en que nos estan convirtiendo.
De nuevo gracias, no nos defraudeis a los que necesitamos sentir que hay esperanza de un mundo mejor, mas sincero y honesto
Desde 1994, unos 850.000 sudafricanos blancos (un 16% del total) han emigrado, sobre todo a Reino Unido y Australia ante el incremento de la inseguridad y de las medidas de discriminación por parte del gobierno.
La población se agita cantando el himno Kill the boers ( Matad a los “blancos” ) mientras miles de granjeros sufren las consecuencias de esta situación desmedida y silenciada
asi que menos tonterias de que ahora todo va bien, por que se esta produciendo un genocido contra los blancos