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Sociedad

La libertad sigue encerrada en el armario en Uganda

Un diario ugandés difunde una lista homófoba con datos privados de 100 personas a las que acusa de homosexuales bajo el rótulo “que los cuelguen”.

“Es terrorífico despertarse una mañana y ver que los periódicos publican tu nombre y te señalan como gay”, nos cuenta uno de los afectados.

En su primera página, con grandes titulares y algunas fotografías, el periódico ugandés de reciente aparición, Rolling Stone (no mantiene ninguna relación con la revista musical homónima), publicaba el pasado 2 de octubre una lista con los nombres y direcciones del ”top 100 de los homosexuales” del país e incitaba directamente a su ejecución en la horca (“hang them”). No es la primera vez que la prensa más sensacionalista de Uganda carga tintas contra este colectivo, pero sí una de las más virulentas y la que mayor eco ha tenido a escala internacional.

Imagen de la polémica portada de Rolling Stone (AP)

“Todo esto –nos cuenta por correo electrónico Brian Nkoyoyo, director de la organización de defensa de los derechos LGBT Ice Breakers Uganda-  comenzó hace un año, cuando el diputado David Bahati llevó al parlamento ugandés un anteproyecto de ley que imponía la pena de muerte para algunos actos homosexuales [delito de “homosexualidad agravada”] y la cadena perpetua para otros”, iniciativa que, en su momento, fue duramente criticada por organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch.

La propuesta, que pretendía ampliar la legislación discriminatoria vigente, vino a ponerle la guinda a una década acoso y persecución contra gays, lesbianas, bisexuales y transexuales ugandeses, una campaña homófoba en la que un determinado sector de la prensa ha jugado un papel fundamental.

Desde 2002, las organizaciones internacionales de derechos humanos han registrado casos similares al de principios de este mes. Ese año, el tabloide sensacionalista Red Pepper, publicaba las fotografías de una supuesta boda entre una pareja de dos mujeres que, seguidamente, fueron arrestadas por la policía. Este mismo periódico, en septiembre de 2006, difundía una lista con otros 13 nombres de mujeres. Según el rotativo, iniciaban así el compromiso de “exponer a todas las  lesbianas de la ciudad” con el propósito de “liberar nuestra patria de este vicio mortal”. Un mes antes, el 8 de agosto, sus páginas aireaban un listado con 45 nombres de gays y bisexuales para “demostrar a la nación la rapidez con que el terrible vicio de la sodomía estaba consumiendo la sociedad”.

Más recientemente, el 19 de abril de 2009, el diario Sunday Pepper hacía público un “dossier asesino” (“killer dossier”) bajo el título “Top homos in Uganda named” con otros 42 nombres y datos privados de personas a las que acusaba de “haber importado deliberadamente los males de Occidente a nuestra querida y sagrada sociedad (…) expandiendo los vicios de los gays y las lesbianas en nuestras escuelas”. El rotativo prometía para la siguiente semana “más cosas sorprendentes que no conoces sobre los Homos”.

Contrarrestar este discurso abiertamente homófobo no es fácil. Según un informe de Human Rights Watch, la censura oficial impide que en los medios se hable de sexualidad desde una perspectiva de género, hasta el punto de llegar a imponer multas cuando las emisoras invitan a activistas LGBT a sus programas. El Consejo de lo Audiovisual, por ejemplo, multó con 1,8 millones de shillings (unos 1.000 dólares) a una cadena de radio por la participación de dos gays y una lesbiana en un programa en el que protestaron contra la discriminación y pidieron un cambio en las leyes.

Entre la ética y el negocio

Para Brian Nkoyoyo, que ha sido una de las personas señaladas por la prensa, el amplio rechazo a la homosexualidad, en un país de mayoría cristiana (católica y protestante) en el que mantener relaciones con alguien del mismo sexo constituye un delito que puede ser castigado con penas de hasta diez años de prisión, es solo una de las razones de este acoso. “Los editores saben que la homosexualidad es un tema importante en Kampala y que les va a hacer vender más periódicos y ganar popularidad”, denuncia. Un lucrativo negocio para algunos pero, ¿a qué precio?

Gug (nombre ficticio) es un destacado bloguero ugandés que prefiere mantener el anonimato. Él también ha aparecido en la lista de Rolling Stone donde, además, se acusa a los homosexuales de estar asaltando los colegios para “reclutar” un millón de niños y de contagiar una enfermedad mortal que “hace trizas la carne”. Le entristece lo que está sucediendo. “Es una persecución continua contra la gente de mi país sin motivo alguno”, nos escribe desde Kampala. “Esas historias que están saliendo sobre gays ugandeses que ‘reclutan’ niños son falsas, escandalosas, sensacionalistas, lo hacen por dinero. Los periodistas están dejando a un lado la ética para culparnos y publicar rumores sin sentido. No les importa el hecho de que algunos de nosotros podamos morir por su instigación directa a que se nos ahorque. Piensan que están haciendo algo bueno para el país”.

Toda esta campaña de criminalización y estigmatización mediática, alimentada también desde los púlpitos de algunos pastores evangelistas y otros altos cargos (la Primera Dama, Janet Museveni, ha dicho públicamente que “la homosexualidad atrae una maldición”), ha recrudecido el clima homófobo que se vive en el país. Según declaraciones al Washington Post de Frank Mugisha, presidente de SMUG (Sexual Minorities Uganda), más de 20 homosexuales han sido atacados en el último año (el doble que el anterior) y otros 17 permanecen encarcelados. Por otra parte, en los días posteriores a la aparición de las fotografías, al menos cuatro de los ugandeses señalados han sido agredidos y otros muchos viven con miedo.

Ésos son los sentimientos generalizados, afirma Nkoyoyo, “miedo y terror”. “La mayoría de nosotros no podemos usar el transporte público. No podemos salir de nuestras casas cuando el resto de gente está despierta, en general, salimos muy temprano en la mañana y regresamos muy tarde en la noche para que nadie nos vea”. “Muchos temen por sus vidas y otros, que todavía no habían ‘salido del armario’, se enfrentan ahora a riesgos como perder sus trabajos, sus familias o sus hogares”, sostiene este activista y defensor de derechos humanos que reclama el respeto del “derecho a la vida y la intimidad”.

“Hay un precio personal que pagar”, recalca Gug. “Se nos expone públicamente, se nos señala. Algunas veces es verdad, otras no, pero la homofobia aumenta. Nos hace escondernos todavía más. Yo he sido una de esas personas señaladas y es terrorífico despertarse una mañana y ver que los periódicos publican tu nombre y te señalan como un gay ugandés”, denuncia este joven bloguero.

¿Información de servicio público?

Tras la publicación de estas listas, el órgano encargado de regular la actividad de los medios de comunicación y velar por el cumplimiento de los estándares éticos profesionales en Uganda, el Consejo de los Medios (establecido en virtud de la Ley de 1995 sobre la Prensa y los Periodistas), ordenó a Rolling Stone que cesara su actividad no precisamente por sus contenidos sino por no haber cumplido debidamente con los trámites de registro oficial. Este mismo órgano, prohibía en febrero de 2005 la puesta en escena de la obra “Los monólogos de la vagina” al considerar que con ella se promovía “la prostitución, la homosexualidad y actos sexuales ilegales y contra natura”.

Respecto a la polémica que se ha desatado, el editor del Rolling Stone, Giles Muhame, no parece albergar duda alguna, lo que hacen es un bien de servicio público. “El objetivo de nuestro periódico es exponer los males de nuestra sociedad, como cualquier otro medio, escribimos sobre los problemas que afectan a nuestra sociedad y la homosexualidad es un problema importante”, ha dicho en declaraciones a la CNN.

Otras organizaciones no piensan lo mismo. En un comunicado conjunto, No Peace Without Justice (NPWJ), Certi Diritti, el Partido Radical Noviolento, Transnational and Transparty (NRPTT) y Sexual Minorities Uganda (SMUG), han denunciado la incompatibilidad de este artículo con la ley y han pedido a la dirección del tabloide que se disculpe públicamente. “Los principios relativos a la libertad de prensa no pueden traducirse en una ausencia total de límites a las elecciones editoriales”, afirman, “Rolling Stone debería disculparse inmediatamente de manera pública y dejar de publicar este tipo de artículos”.

Mientras tanto, y paradójicamente, en un país que ha ratificado tratados internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos o el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; y cuya ley de prensa explícitamente “prohíbe cualquier publicación que infrinja indebidamente la intimidad de un individuo o contenga información falsa”, personas como Gug piensan que hoy por hoy, para la comunidad LGBT “la mejor defensa es seguir en el armario”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

4 comentarios

  1. [...] Uganda: la homosexualidad es un crimen. Se emplean los medios de comunicación para difundir listas con datos privados de personas homosexuales con rótulos como “que los cuelguen”: [...]

  2. [...] La libertad sigue encerrada en el armario en Uganda [...]

  3. [...] de David Kato con el titular: “Filtradas 100 fotos de los ‘homos’ más destacados de Uganda. ¡Que los ahorquen!”. En las páginas interiores, y entre fotos de más gente, la misma foto de Kato con el pie: [...]

  4. [...] hace ahora dos años bajo el título “Que los cuelguen”, una historia que conté en Periodismo Humano, y que tuvo un cruel epílogo cuando, meses después, asesinaron brutalmente al colega de Kasha, [...]

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